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domingo, 26 de febrero de 2017

"Circe", de Claribel Alegría

John William Waterhouse, Circe Offering
the Cup to Ulysses, 1891


               CIRCE

Circe es mi nombre
me llaman bruja
y maga
y hechicera.
Amo el mar
la furia del mar
contra las rocas
y sus acantilados
tenebrosos.
Nunca amé a un mortal
ni siquiera a Ulises
pude amar.
Me gusta lo fugaz:
la chispa
y no la hoguera
el encuentro fortuito
sin adioses.
Fui fiel a mi destino
me impulsaba
jugaba con los hombres
caían aturdidos
en mis redes
los convertía en bestias
los volvía a su forma
y seguían amándome
y tejían guirnaldas para mí.
Me cansé de mi juego
era pueril
los expulsé a todos
de una vez
me quedé sin esclavas
ni efebos
sin bestias
sola
en mi isla sepulcral
yo sola frente al mar
con los alisios
condenada a mí misma
y a la paz.
Mis recuerdos son tersos
tengo dura y vacía
la mirada
mirada de gaviota
o de albatros.
Quizá si hubiese amado
algún dardo heriría mi memoria.

           De Saudade, 1999

Claribel Alegría, hija de salvadoreña y nicaragüense, es poeta centroamericana nacida en Estelí, Nicaragua, en 1924. Cuando tenía apenas nueve meses, sus padres, que se sintieron amenazados por estar en contra de la ocupación estadounidense de Nicaragua, emigraron a la ciudad salvadoreña de Santa Ana, donde pasó su infancia y adolescencia. Desde entonces tuvo conciencia de tener dos patrias ("Patria y Matria"), por lo que se considera "SalvaNica". En 1943 comenzó los  estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Loyola, en Nuew Orleans, y los finalizó en la de George Washington. Allí conoció a Juan Ramón Jiménez*, quien se convirtió en su mentor y reunió los poemas de su primer libro, Anillo de silencio (1948). 
   En 1947 contrajo matrimonio con el diplomático estadounidense Darwin J. "Bud" Flakoll (1923-1995), con quien tuvo tres hijas y un hijo. La compenetración intelectual de la pareja fue tal que llegaron a publicar varias obras juntos. Entre ellas, figura New Voices of Hispanic America (1962), en la que dan a conocer a los futuros autores del Boom latinoamericano, y la novela Cenizas de Izalco (1966), en la que se habla por vez primera de la masacre de campesinos e indígenas que siguió al levantamiento campesino de Izalco (El Salvador) en 1932, de la que fue testigo la escritora. También tradujeron del inglés Cien poemas de Robert Graves. Después de residir en diferentes países, regresan a Nicaragua en 1985, con el fin de colaborar en la reconstrucción del país tras el triunfo de la revolución sandinista. 

Integrada en la llamada Generación Comprometida, ha publicado una veintena de libros de poesía y narrativa así como testimonios históricos. En su obra literaria se distinguen dos líneas: una  de denuncia, realista y comprometida, y otra de investigación formal con un lenguaje callejero y desgarrado, incluso antiliterario. Entre sus obras poéticas, están Vigilias (1953), Acuario (1955), Huésped de mi tiempo (1960), Vía única (1965), Aprendizaje (1970), Pasaré a cobrar y otros poemas (1972), Sobrevivo, 1978, Premio Casa de las Américas de Poesía), Y este poema-río (1988), Umbrales (1997), Saudade (1999), Soltando amarras (2002), Mitos y delitos (2008), Otredad (2011) y Voces (2014). En el campo de la narrativa, ha cultivado el cuento (Tres cuentos, 1958) y la novela: Álbum familiar (1984), Despierta, mi bien, despierta (1986) y Luisa en el país de la realidad (1983). Es autora, además, de escritos políticos y testimoniales, como La encrucijada salvadoreña (1980), Nicaragua: la revolución sandinista (1980), No me agarran viva: la mujer salvadoreña en lucha (1983) y Para romper el silencio: resistencia y lucha en las cárceles salvadoreñas (1984). 

El poema elegido se inscribe en la tendencia de la literatura actual a la revisión de los mitos, especialmente de las figuras femeninas, que cobran voz para dar su particular visión de su historia. La escritora reinterpreta el mito de Circe, que en la Odisea aparece como  el prototipo de mujer fatal, opuesto a Penélope, la esposa fiel.  Circe, consciente de su fama de hechicera caprichosa y cruel que juega con los hombres,  se revela como una mujer incapaz de amar a nadie (solo al mar) y confiesa su   soledad y el vacío de su existencia: "Pasional y fiel a su destino que la impulsa a jugar con los hombres, lamenta el retiro en su isla sepulcral, condenada a la soledad de sí misma y a la tediosa paz" (A. González Ovies, "Mitos de ayer y poesía contemporánea", en Mitos femeninos de la cultura clásica: creación y recreación, 2003, pág. 106).

*Entrada relacionada:


Claribel Alegría y Darwin Flakoll

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