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domingo, 11 de diciembre de 2016

Dos poemas de Rosario Castellanos

La escritora Rosario Castellanos



                             Elegía


Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.

        De En la tierra de en medio. En Poesía no eres tú, 1972




           Meditación en el umbral 



No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar. 

Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera. 

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura. 

Otro modo de ser humano y libre. 

Otro modo de ser.

        De Meditación en el umbral: Antología poética, 1985


La escritora en el estudio de su casa de México DF
(Familia Guerra Castellanos)
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925) fue poeta, narradora, ensayista, dramaturga, diplomática y promotora cultural. Está considerada la poeta mexicana más importante del siglo XX y un símbolo del feminismo en Hispanoamérica por su conciencia del problema que representa la doble condición de ser mujer y mejicana, y por su defensa de los derechos de las mujeres.
  Recién nacida fue llevada a Comitán, Chiapas, en el suroeste de México, lugar de donde procedía su familia, terratenientes que poseían fincas cafetaleras y de caña de azúcar. Pasó la infancia y adolescencia entre la citada población y Ciudad Real (actual San Cristóbal de las Casas). Pronto fue consciente de la situación de miseria y discriminación sufrida por los indígenas en el sur de México, y comprendió lo que significaba ser hija de terratenientes, que mostraron siempre su preferencia por su hijo varón -muerto de apendicitis a los siete años-, destinado a hacerse cargo de la hacienda. 
   Regresó a la capital en 1941, a los dieciséis años, a consecuencia de la crisis que sufrieron los hacendados, cuando los indígenas reclamaron sus derechos, apoyados por el gobierno de Lázaro Cárdenas. Aunque la muerte de sus padres en 1948 la dejó en una precaria situación económica, consiguió graduarse de maestra en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 1950, y realizar estudios de estética y estilística en la Autónoma de Madrid a comienzos de la década de los cincuenta.  A su regreso fue promotora de cultura en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas. De 1954 a 1955 la beca Rockefeller le permitió dedicarse a escribir ensayo y poesía, y de 1956 a 1957 trabajó en el Centro Coordinador del Instituto Indigenista de San Cristóbal de las Casas.
Ricardo Guerra (1927-2007)
    En 1958 contrajo matrimonio con el profesor de filosofía Ricardo Guerra. A pesar del profundo amor de la autora, como prueban sus Cartas a Ricardo (1994), la relación acabó en divorcio tras trece años de difícil convivencia, debido a las depresiones padecidas por la escritora (a causa de varios abortos espontáneos y de la muerte de una hija recién nacida, antes del nacimiento de su hijo Gabriel) y de las continuas infidelidades de su esposo, reconocidas por la autora: "permanecí soltera hasta los 33 años. Contraje un matrimonio que era estrictamente monoándrico por mi parte, y totalmente poligámico por la parte contraria".
   De 1958 a 1961 trabajó en el Centro Coordinador Indigenista de México. De 1961 a 1966 fue jefa  de Información y Prensa en la UNAM, y, en la misma Universidad,  impartió clases de literatura comparada y novela contemporánea, de 1961 a 1971. Fue profesora invitada en las universidades estadounidenses de Wisconsin y Bloomington (1966 y 1967), y en la Universidad Hebrea de Jerusalén, desde su nombramiento como embajadora de México en Israel (1971) hasta su muerte, acaecida en Tel Aviv en agosto de 1974, a consecuencia de un desgraciado accidente doméstico: sufrió una descarga eléctrica producida por una lámpara que encendió cuando, al salir de la ducha, se disponía a contestar una llamada telefónica. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, en Ciudad de México.

Es autora de once poemarios, tres novelas, libros de cuentos, ensayos, obras de teatro y textos periodísticos. En su obra está presente el componente autobiográfico, pero tiene un trasfondo político, pues en ella denuncia la discriminación de la mujer frente al hombre y de los indios frente a los blancos. Así lo vemos en  novelas como Balún Canán (Premio Chiapas, 1958) y en recopilaciones de cuentos como Ciudad Real (1960, Premio Xavier Villaurrutia), obras que, con su segunda novela (Oficio de tinieblas, 1962), forman la trilogía indigenista más importante de la narrativa mexicana.
Su producción poética -que trata también sobre la necesidad de libertad, del amor y el desamor, así como del dolor y el milagro de existir- incluye las siguientes obras: Trayectoria del polvo (1948), Apuntes para una nueva declaración de fe (1948), De la vigilia estéril (1950), Presentación al templo: poemas (1951), El rescate del mundo (1952), Poemas (1953-1955), 1957; Al pie de la letra (1959), Salomé y Judith: poemas dramáticos (1959), Lívida luz (1960) y Materia memorable (1960). Poesía no eres tú, 1948-1971 (1972) reúne su producción poética completa. El título, que remite a la rima XXI de Gustavo Adolfo Bécquer* (" ¿Qué es poesía? [...] / ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía... eres tú"), supone una negación de lo femenino tal y como se codifica en el texto romántico heredado, si bien la autora afirma que su intención no fue contradecir el texto del poeta español, sino expresar la evolución de su lírica.
    En la tierra de en medio es el décimo poemario de Rosario Castellanos, publicado en 1972 como parte de Poesía no eres tú. Está formado por veintiún poemas en versos libres que tratan de la intimidad de la autora  y de su quehacer literario. En un grupo de poemas (del segundo al octavo) podemos leer la historia de la relación de la autora con el padre de su hijo, una historia de amor y desamor. El  poema seleccionado, segundo de la obra, es un lamento, una elegía en que se evoca sin nostalgia esa vida en común.
   En el poema Meditación en el umbral,  la autora afirma la necesidad de un cambio respecto a la tradicional condición femenina, al tiempo que medita sobre las posibles formas de realización y expresa su deseo de que surja una nueva mujer, "otro modo de ser humano y libre". Así lo explica Consuelo Meza Márquez (La utopía feminista: quehacer literario de cuatro narradoras mexicanas contemporáneas, p. 55):
Este poema es una declaración de fe que cuestiona y critica la vaciedad de los roles tradicionales femeninos y aborda otro modo de ser a través de mujeres que se rebelaron al estereotipo pero que, sin embargo, no lograron cruzar el umbral de un nuevo modo de ser mujer. Estas son personajes de la literatura como Ana Karenina y Madame Bovary; mujeres que buscaron el refugio de un convento como Teresita de Ávila o Sor Juana Inés de la Cruz; escritoras como Jane Austen o Emily Dickinson; mujeres estigmatizadas con el sello de una sexualidad transgresora como Safo y Magdalena, entre otras.
Sus ensayos están recogidos en Juicios sumarios (1966) y El mar y sus pescaditos (1975), de crítica literaria, así como en  Mujer que sabe latín (1973) y El uso de la palabra (1974), los cuales incluyen numerosos escritos dedicados a la mujer y, en especial, a la mujer mexicana. Su obra teatral El eterno femenino (1975) muestra la visión androcéntrica de la sociedad mexicana a lo largo de los siglos, con una imagen paródica de las vidas de las mujeres más relevantes de su historia, como la Malinche o sor Juana Inés de la Cruz.
Con su hijo Gabriel, de dos años

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