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domingo, 1 de noviembre de 2015

"Ya somos el olvido que seremos...", de Jorge Luis Borges


Cementerio viejo de Fuentespalda (Teruel)


                  Aquí. Hoy


Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.


[Selección: Javier Aznar]

Cuando el 25 de agosto de 1987 el médico colombiano Héctor Abad Gómez  muere asesinado por paramilitares en el centro de Medellín, su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, encuentra, en uno de sus bolsillos, este soneto copiado a mano por el doctor y firmado JLB. El poema se convirtió en epitafio de la tumba del padre, y en noviembre de ese mismo año, el escritor lo publicó  en el dominical de 'El Espectador', atribuyéndolo a Borges*. 

   Veinte años más tarde, Héctor Abad Faciolince escribe un libro sobre su padre titulado El olvido que seremos, en el que incluye el soneto. Y con el éxito comercial de la obra, surge la polémica en torno al soneto: la insinuación de que se trata de un apócrifo,  e incluso de que el escritor ha inventado lo del hallazgo en el bolsillo de su padre. Entonces, Abad decide rastrear el origen de los versos -no incluidos ni en la Obra poética ni en las Obras completas de Borges-, bien para confirmar que son de Borges o para atribuirlos a un autor distinto. Comienza así un largo proceso de investigación que lo lleva desde Francia hasta Argentina y que termina  por confirmar la autoría de Borges, algo en lo que el escritor colombiano siempre había creído, y descubrir cinco poemas inéditos del autor argentino.

  Fundamental para el avance de la investigación fue el artículo aparecido en un diario de Medellín en el que la estudiante contratada para ayudarle en la investigación solicitaba información sobre el poema. Una mujer llamada Tita Botero respondió a la petición y entregó al escritor un recorte de la revista 'Semana' (a la que estaba suscrito el doctor), de 26 de mayo de 1987, en el que se lee lo siguiente: 

Acaba de aparecer  en Argentina un "librito", hecho a mano, de 300 copias para distribuir entre amigos. El cuaderno fue publicado por Ediciones Anónimas  y en él hay cinco poemas de Jorge Luis Borges, inéditos todos, y, posiblemente, los últimos que escribió en vida. Casi un año después de la muerte de Borges, se publica este cuaderno por un grupo de estudiantes de Mendoza, Argentina, que tiene toda la credibilidad y el respeto para obligarse a decir la verdad. Aquí reproducimos dos de esos cinco últimos poemas de Borges.

Uno de los dos poemas era el soneto que nos ocupa, una meditación sobre la muerte que el doctor Abad había leído en su programa de radio semanal. Más tarde, Jaime Correas -uno de los estudiantes mendocinos- le confirmará la historia y le explicará cómo llegaron a sus manos los poemas, que habían sido traducidos al francés y publicados en Francia por el poeta Jean-Dominique Rey. El relato pormenorizado de sus pesquisas ha sido narrado  por el autor: http://www.letraslibres.com/revista/convivio/un-poema-en-el-bolsillo 


Sobre el olvido que sucede a la muerte, escribe Abad Faciolince en el capítulo 42 del libro:

Todos estamos condenados al polvo y al olvido [...]. Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer. Los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito. Todas esas personas con las que está tejida la trama más entrañable de mi memoria, todas esas presencias que fueron mi infancia y mi juventud, o ya desaparecieron y son solo fantasmas, o vamos camino de desaparecer, y somos proyectos de espectros que todavía se mueven por el mundo. En breve todas estas personas de carne y hueso, todos estos amigos y parientes a quienes tanto quiero, todos esos enemigos que devotamente me odian, no serán más reales que cualquier personaje de ficción, y tendrán su misma consistencia fantasmal de evocaciones y espectros, y eso en el mejor de los casos, pues de la mayoría de ellos no quedará sino un puñado de polvo y la inscripción de una lápida cuyas letras se irán borrando en el cementerio. Visto en perspectiva, como el tiempo del recuerdo vivido es tan corto, si juzgamos sabiamente, "ya somos el olvido que seremos", como decía Borges. Para él este olvido y ese polvo elemental en el que nos convertiremos eran un consuelo "bajo el indiferente azul del Cielo". Si el cielo, como parece, es indiferente a todas nuestras alegrías y a todas nuestras desgracias, si al universo le tiene sin cuidado que existan hombres o no, volver a integrarnos a la nada de la que vinimos es, sí, la peor desgracia, pero al mismo tiempo, también, el mayor alivio y el único descanso, pues ya no sufriremos con la tragedia, que es la conciencia del dolor y de la muerte de las personas que amamos.
                                   Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos, Seix Barral, Booket, 2010, pp.272-273


2 comentarios:

  1. Encontré este otro poema de Inés García Éxija
    CUANDO SEAMOS OLVIDO

    Y en el mañana, cuando ya no estemos,
    seremos humo de pensamiento muerto,
    seremos tierra agrietada en el desierto.
    Y en el mañana, cuando nos hayamos ido,
    recogerán nuestros versos
    como flores en el camino.

    Inés García Écija

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  2. Muchas gracias, Juan, por compartir tu hallazgo con nosotros.

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