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viernes, 17 de enero de 2014

Leer juntos 'Padres e hijos', de Iván Turguéniev

Grupo de lectura del IES Goya. Zaragoza
Reunión del día 16 Diciembre de 2013.
Obra comentada: Padres e hijos. Novela. Fecha de publicación 1862.
Autor: Ivan Turguenev, 1818-1883.


         En las ya numerosas reuniones del grupo a las que he asistido no creo recordar una obra que haya conseguido semejante unanimidad en las calificaciones. Es conmovedora, universal, poética, evocadora,…te pone a pensar…Te trae otro mundo, entero, su mundo, otro tiempo…hasta donde estás tan ricamente leyendo.
¡Es lo que tienen los clásicos! ¡Por algo son clásicos! Y en este caso, clásico ruso, además.

El argumento es aparentemente sencillo. Familia acomodada propietaria de una hacienda. El padre, viudo, espera impaciente la llegada de su hijo Arkadi al acabar los estudios que cursa en San Petersburgo. Llega acompañado de un amigo estudiante de Medicina que se define como nihilista (Basarov) y que pretende la desaparición de toda norma, autoridad y forma de convivencia tradicional. Arkadi está subyugado por estas ideas revolucionarias, pero le afloran fácilmente los sentimientos de apego familiar, de amor…Pronto se ponen de manifiesto las diferencias generacionales, percibidas por los mayores (aunque no creáis que tanto, porque padre y tío de Arkadi tenían poco más de 40 años), con pena y extrañeza porque sus hijos son otra persona que ya no les pertenece y a quien no pueden guiar. Por su parte los jóvenes ven a sus padres como viejos carrocillas, con cariño, pero viejos, y pretenden guiarles en la modernidad. Todo se ha invertido y hay que tomar nuevas posiciones y asumir nuevos papeles. Conocemos a los padres de Basarov y ocurre lo mismo, pero de forma más brutal dada la forma de ser y las creencias de este. El libro está plagado de otros personajes de diversa índole, desde siervos hasta aristócratas y políticos, pero también analfabetos, intelectuales y pseudointelectuales. Todos ellos mujeres y hombres. En los ambientes que estos pueblan tenemos la oportunidad de asistir a la inminente ebullición de un cambio de tipo social, político y religioso (la servidumbre en Rusia se aboliría poco después; otros cambios tendrían que esperar). Hay al menos, cuatro historias de amor con diferentes fortunas y desenlaces. Pero lo más conmovedor lo encontramos en la parte final del libro. El autor se posiciona claramente al lado de los padres de Basarov,… y nosotros también. Pero, no se nos niega la oportunidd de entender a Basarov y por un resquicio se nos cuela la conmiseración hacia este personaje que quiere y cree en la libertad, en la individualidad y en la destrucción de las ataduras morales y religiosas con que carga el ser humano. Es nihilista despiadado, pero muestra un gran componente del romanticismo que todavía coleaba entonces.

El modo narrativo que utiliza Turgueniev es un estilo libre directo con un narrador omnipresente, incluso en la mente de los personajes y que habla por ellos sustituyendo a veces al diálogo. Es además, narrador inductor, porque como hemos mencionado se “posiciona” de alguna manera afectivamente al lado de ciertos personajes. Lo que ocurre es que, aunque esto sea así, los personajes que nos presenta no son de una pieza, sino poliédricos y susceptibles de ser “comprendidos” y esto nos da libertad para identificarnos o para empatizar con ellos.  

Habla Turgueniev de la vida, de la muerte, de las ideas, de la fugacidad de todo, del paso del tiempo, de los sentimientos, del amor interesado y desinteresado, de la pobreza, del desamparo, de la generosidad, de la pena y del devenir.

Por último, quiero traer aquí un fragmento que viene como anillo al dedo para reflexionar sobre lo que significan las diferencias generacionales ayer, hoy y siempre. Es de Rosa Montero. El País, 14.09.97:
    “…somos unos ignorantes y no sabemos lo que han hecho, lo que han sentido y han      pensado nuestros antecesores. Y así cada mísera reflexión que se nos ocurre se nos antoja nueva y deslumbrante, cuando lo cierto es que no hacemos más que repetirnos.”


“…los avances técnicos se recogen en libros y son transmitidos de padres a hijos, pero parecería que no hay manera de transmitir las búsquedas éticas y los movimientos emocionales. Errores y aciertos quedan atrás, sepultados por el olvido; y cada nueva generación vuelve a empezar, inculta y vanidosa, desde el principio…”
                                
                                                                                       Soledad Álvarez 
                                                         


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