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domingo, 5 de febrero de 2012

"Elegía", de Rafael Alberti



ELEGÍA

La niña rosa, sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
abierto, un atlas.

¡Cómo la miraba yo
viajar, desde mi balcón!

Su dedo —blanco velero—
desde las islas Canarias
iba a morir al mar Negro.

¡Cómo la miraba yo
morir, desde mi balcón!

La niña, rosa sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.

Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
rojas islas de sangre.

(Rafael Alberti*, de Marinero en tierra, 1924)

[Selección: Sara Bajén Gonzalo, 4º ESO]

Marinero en tierra es el primer poemario de Rafael Alberti (1902-1999), por el que recibió el Premio Nacional de Poesía en 1925. Es una obra de juventud caracterizada por el neopopularismo (la utilización de formas y ritmos propios de la poesía tradicional), en la que expresa la nostalgia del paraíso de su infancia, El Puerto de Santa María, y sobre todo la nostalgia del mar, la tristeza de ser un “marinero en tierra”. Comenzó a escribirla en la población segoviana de San Rafael, en la sierra de Guadarrama, lugar al que se retiró para sanar de una afección pulmonar. El poema elegido habla de una niña a la que el poeta, obligado a hacer reposo por su enfermedad, veía desde la ventana de su piso madrileño. La niña no murió realmente, sino que se hizo mayor y salió de la vida del poeta, como explica este en sus memorias:
“Esta Sofía era una niña de doce o trece años, a quien en los largos primeros meses de mi enfermedad contemplaba abstraída ante un atlas geográfico tras los cristales encendidos de su ventana. Desde la mía, sólo un piso más alta, veía cómo su dedo viajaba lentamente por los mares azules, los cabos, las bahías, las tierras firmes de los mapas, presos entre las finas redes de los meridianos y paralelos. También Sofía bordaba flores e iniciales sobre aéreas batistas o rudos cañamazos, labor de colegiala que cumplía con la misma concentrada atención que sus viajes. Ella fue mi callado consuelo durante muchos atardeceres. Casi nunca me miraba, y, si alguna vez se atrevía, lo hacía de raro modo, desde la inmovilidad de su perfil, sin apenas descomponerlo. Esta pura y primitiva imagen, de Sofía a la ventana, me acompañó por largo tiempo, llegando a penetrar hasta en canciones de mi Marinero en tierra [...]. Desde entonces, aunque seguí viviendo hasta 1930 en la misma casa, Sofía se borró del todo, muriéndoseme verdaderamente, terminando por ser tan sólo un bello nombre enredado en los hilos de mis poemas”.
(RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida)

3 comentarios:

  1. Todo poeta tiene un estilo que dibuja en algún lugar,Alberti aquí pone arrugado el vientre.Es como la forma triste de una alegría.

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