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domingo, 27 de marzo de 2016

"Ver llover", de Juan Gil-Albert


Foto: Josef Sudek



                 VER LLOVER
                             
                                A Rosalía de Castro


Cuando llueve la tierra
suspende sus labores
y el hombre se recrea en su silencio
como si nada externo fuera nada,
sino tan sólo el húmedo murmullo
del agua universal. Se asoma enfrente
de mi balcón un rostro entre penumbras
y ambos lejanos, mudos, solitarios,
contemplamos el raudo deshacerse
de las nubes ha poco luminosas.
No hay como estas paradas de la vida
para que todo adquiera fugitivo
su semblante más vasto: su invisible
poder evocador: ¿Será la vida
más que nuestro ajetreo este trastorno
dulcemente fragante, esta fragancia
trastornadora, un eco
de lo que por debajo de la tierra
se cumple ante los ojos en la forma
de una suave bondad? ¿Es todo un aire
sombrío que se anega en su belleza?
Mucho ha indagado el hombre de las cosas
que en torno lo rodean; mas si llueve
olvídase de todo y sólo entonces
asiste a este extenderse por el mundo
de lo que nunca fue ciencia ni arte:
una música gris, una cadencia
triste como es el alma pensativa
de quien la escucha.

          Juan Gil-Albert, Concierto en mí: 
Antología poética, Renacimiento,
 Sevilla, 2004

Juan Gil-Albert (Alcoy, 1904-Valencia, 1994) es el seudónimo literario adoptado por el  español Juan de Mata Gil Simón, escritor minoritario, autor de una obra muy depurada. 
   Pasó su infancia  en su ciudad natal, pero cuando contaba nueve años su familia se trasladó a Valencia, donde acabó el bachillerato y comenzó los estudios de Derecho y Filosofía y Letras. Se dio a conocer en 1927 con dos libros en prosa en la estela del modernismo: La fascinación de lo irreal y Vibración del estío, que rebelan su admiración por Valle-Inclán y Gabriel Miró. A estas seguirán otras obras influidas por las vanguardias.
  Su poesía surge en las vísperas de  la guerra civil: en 1936 publica Misteriosa presencia, compuesto por treinta y seis sonetos de contenido erótico, y  Candente horror, poesía comprometida en la que se percibe la influencia del surrealismo. El compromiso se acentúa con Siete romances de guerra (1937) y Son nombres ignorados (1938). En estos años se relacionó con escritores como García Lorca, Altolaguirre o Cernuda; colaboró en la fundación de la revista Hora de España, órgano de los escritores republicanos, y participó en la organización  del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia durante la Guerra Civil.
   Acabada la guerra, se exilió en México, donde colaboró en algunas revistas, como Taller, dirigida por Octavio Paz. Después se trasladó a Buenos Aires, ciudad en la que conoció a Borges y publicó Las ilusiones (1945), obra de tono elegíaco compuesta en endecasílabos, que representa su vuelta al clasicismo.
   Tras regresar a Valencia en 1947, publicó El existir medita su corriente (1949) y Concertar es amor (1951), pero permaneció apartado de los ambientes culturales. Su figura comenzó a ser reconocida en la década de los 70, tras la publicación de la antología Fuentes de la constancia (1972). No fue ajena a este reconocimiento la admiración de los poetas novísimos, que lo consideraban uno de sus maestros. De ahí que en los años siguientes se editaran varios libros escritos durante sus años de exilio interior: La metafísica (1974),  Homenajes e in promptus (1976) y Variaciones sobre un tema inextinguible (1981), que forman parte de una obra poética caracterizada por la elegancia y perfección formal en la que se perciben ecos de los clásicos y un sentimiento de melancolía impregnado de sensualidad.
Juan Gil-Albert es, además, un notable ensayista y narrador. En 1982 recibió el Premio de las Letras del País Valenciano.

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