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domingo, 20 de marzo de 2016

"Soneto a Helena" (Sonnet à Hélène), de Pierre de Ronsard


Dibujo atribuido a Leonardo



                         Soneto a Helena

Cuando seas muy vieja, a la luz de una vela
y al amor de la lumbre, devanando e hilando,
cantarás estos versos y dirás deslumbrada:
"Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella".

No habrá entonces sirvienta que al oír tus palabras,
aunque ya doblegada por el peso del sueño,
cuando suene mi nombre la cabeza no yerga
y bendiga mi nombre, inmortal por la gloria.

Yo seré bajo tierra descarnado fantasma
y a la sombra de mirtos tendré ya mi reposo;
para entonces serás una vieja encorvada,

añorando mi amor, tus desdenes llorando.
Vive ahora; no aguardes a que llegue el mañana:
coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

 De Sonetos para Helena. Versión de Carlos Pujol.
Bruguera, 1982


VERSIÓN ORIGINAL EN FRANCÉS:

                           Sonnet à Hélène

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
Assise auprès du feu, dévidant et filant,
Direz, chantant mes vers, en vous émerveillant:
Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle.

Lors, vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
Déjà sous le labeur à demi sommeillant,
Qui au bruit de mon nom ne s’aille réveillant,
Bénissant votre nom de louange immortelle.

Je serai sous la terre et fantôme sans os:
Par les ombres myrteux je prendrai mon repos:
Vous serez au foyer une vieille accroupie,

Regrettant mon amour et votre fier dédain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain:
Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie.

Pierre de Ronsard, Sonnets pour Hélène, 1578


Pierre de Ronsard, uno de los poetas franceses con mayor prestigio universal, fue el introductor  en Francia de una nueva poesía que, siguiendo a los maestros italianos del Renacimiento, proponía la imitación de los clásicos grecolatinos y un mayor rigor formal.
   Nació en 1524 en el castillo de la Possonière,  cerca de Vendôme, en una familia noble. Desempeñó los oficios de paje real y escudero,  y estaba destinado a una brillante carrera militar que frustró la sordera causada por una enfermedad contraída durante un viaje a Alsacia. Este contratiempo le hizo orientarse hacia la carrera eclesiástica (llegó a ser capellán de Carlos IX y a conseguir dos prioratos) y el estudio de los clásicos.
   En 1549 fundó, con algunos amigos estudiantes de la Sorbona, el grupo de la Pléyade, del que formaba parte Joaquim du Bellay, autor, bajo la inspiración de Ronsard, del manifiesto poético Defense et illustration de la langue française. En él defiende el uso del francés frente al latín y rechaza las formas poéticas medievales. Durante muchos años Ronsard fue el poeta favorito de la corte y el defensor de los ortodoxia católica frente a los hugonotes, y de la monarquía de los Valois. 
  Publicó en primer lugar los cuatro volúmenes de las Odas (1550-1552), poemas académicos compuestos sobre modelos de Píndaro y Horacio, fríos e impersonales. Escribió sátiras e himnos y un fracasado intento de epopeya clásica (La Franciada), pero es sobre todo el poeta de Les Amours (Amores),   compuestos y editados a lo largo de toda su vida, con sonetos dedicados a diferentes mujeres. La joven Cassandra Salviati, hija de un banquero florentino, es la destinataria del primero de los Amores (1552), en el que tras el convencionalismo se percibe cierta sensibilidad personal y la impresión de la fugacidad del tiempo.  La segunda serie, Continuación de los amores (1555-1556), más personal que la anterior, está dedicada a dos Marías distintas: la pastora del valle del Loira Marie Dupin (una muchacha  de quince años que no le había hecho caso veinte años antes) y Marie de Clèves, amada por el que sería Enrique III, para la cual escribe por encargo la serie de poemas "sur la mort de Marie", añadidos en 1578. 
  Pero lo mejor de su poesía se encuentra en la tercera serie de Amores (1578), en los desengañados y crepusculares Sonetos para Helena, cumbre de su poesía por su sentimiento y perfección. Fueron escritos por indicación de la reina regente Catalina de Médicis, para consolar a Hélène de Surgères, joven dama de la corte, por la pérdida de su amado en la guerra. 
   Ronsard es el poeta del amor pero también de la fugacidad de la vida, del tiempo que se escapa y de la necesidad de apresarlo antes de que sea demasiado tarde. Los temas del tempus fugit, del carpe diem  y la imitación del colige, virgo, rosas de Ausonio, son recurrentes en sus composiciones, de lo que es una excelente muestra el poema elegido, en el que encontramos el mejor Ronsard.
   El prestigio de Ronsard fue menguando con la aparición del joven poeta Desportes, lo que motivó su abandono de la corte y su amargura final.  Falleció, olvidado, en 1585. El olvido se prolongó hasta el siglo XIX, cuando fue reivindicado y editado por el poeta romántico Gérard de Nerval (1808-1855).

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