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domingo, 25 de marzo de 2012

"Soupir", de Stéphane Mallarmé


                          Soupir

Mon âme vers ton front où rêve, ô calme soeur,
Un automne jonché de taches de rousseur,
Et vers le ciel errant de ton oeil angélique, 
Monte, comme dans un jardin mélancolique, 
Fidèle, un blanc jet d'eau soupire vers l'Azur!
- Vers l'Azur attendri d'Octobre pâle et pur
Qui mire aux grands bassins sa langueur infinie,
Et laisse sur l'eau morte où la fauve agonie
Des feuilles erre au vent et creuse un froid sillon,
Se traîner le soleil jaune d'un long rayon.

                                (Stéphane Mallarmé, 1864)


                                Suspiro

Mi alma hacia tu frente donde sueña
Un otoño alfombrado de pecas, calma hermana,
Y hacia el errante cielo de tus ojos angélicos
Asciende, como en un melancólico parque,
Fiel, un surtidor blanco suspira hacia el azul.
-Hacia el Azur enternecido de octubre puro y pálido
Que mira en los estanques su languidez sin fin
Y deja, sobre el agua muerta do la salvaje
Agonía de las hojas yerra al viento y excava un frío surco,
Arrastrarse al sol gualda de un larguísimo rayo.

                           (Versión de Aníbal Núñez)

[Selección de Eva Barrachina, profesora de Francés del IES Goya]

Stéphane Mallarmé, poeta francés (1842-1898), que representa la culminación del simbolismo. Perdió a su madre a los cinco años, y más tarde a su hermana María, hecho que lo marcó profundamente. Marchó a Londres para vivir con la joven alemana María Gerhard (con quien se casó en 1863) y obtener la acreditación para enseñar inglés. Trabajó como profesor de inglés, primero en provincias y después en París, donde comenzó sus famosas tertulias poéticas de los martes, que lo convirtieron en el guía de muchos de los poetas jóvenes. Atormentado por la incapacidad de enfrentarse a la página en blanco, compuso una breve pero influyente obra poética, caracterizada por el hermetismo, la construcción del poema alrededor de un símbolo, la exquisitez formal y el experimento tipográfico. Muy influida en sus inicios por Charles Baudelaire, con su extenso y hermético poema Hérodiade (1869), sobre el mito de Salomé, comienza la creación de una nueva poética, con la que se propone describir “no la cosa sino el efecto que esta produce”. Otro de sus poemas más célebres es L’après-midi d’un faune (1876), en el que se inspiró Debussy para componer su pieza musical Preludio a la siesta de un fauno. Con su última obra, Un coup de dés jamais n'abolira le hasard (Una tirada de dados no abolirá nunca el azar), se sitúa ya en el campo de la vanguardia poética.

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