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miércoles, 15 de diciembre de 2021

'De la roca nacidas', de Carmen Romeo Pemán

Grupo de lectura "Leer juntos" del IES “Goya”

Sesión del 8 de noviembre de 2021

Obra comentada: De la roca nacidas, Zaragoza, Publicación número 74 del Centro de Estudios de las Cinco Villas y número 3820 de la Institución Fernando el Católico, 2021

Autor: Carmen Romeo Pemán

Acuarelas: María Aguirre Romeo

Francisca Soria, durante su intervención

 

¿QUIÉN ES CARMEN ROMEO PEMÁN?

Nacida en El Frago (1948), a cuya escuela asistió hasta los 13 años, Licenciada en Filología Románica, ha sido profesora de la Universidad de Zaragoza y Catedrática en el Instituto “Goya” de esta ciudad.

A lo largo de su dilatada carrera como profesora ha ido publicando estudios y obras de carácter didáctico y literario. En los últimos años publica relatos regularmente en el Blog Letras desde Mocade. Algunos de esos relatos y otros inéditos integran De la roca nacidas. Todos ellos están ilustrados por las excelentes acuarelas de María Aguirre Romeo.

DE LA ROCA NACIDAS

Hoy, en el salón de actos del Instituto “Goya” se presenta en Zaragoza el libro de Carmen Romeo Pemán, De la roca nacidas.  Una cuidada edición del Centro de Estudios de las Cinco Villas y de la Institución Fernando el Católico, que consta de un Prólogo y una Introducción (14 páginas). Y estructura su contenido en cuatro partes (155 páginas) bajo el título de RELATOS Y ACUARELAS, divididos en cuatro apartados encabezados por sendos títulos.

Las fragolinas de mis ayeres (21 relatos: De la roca nacida. Nueva maestra para El Frago. Clases en el carasol de Vicenta. Y las niñas en una cocina. Sin leña para la escuela. Evaristo Sancharrén, alcalde de Las Cheblas. El baile de Salomé. El menú de santa Lucía. Pan para los rebeldes. En la feria de Ayerbe. La tinajica de Biescas. El calentador de Maricastaña. Aquel día parecía una novia. La Mamesa. La Pata de Orés. El día que Nicolasa rompió el hielo del Arba. Agua del cántaro. No quiero ser monja no. En la sala del tifus. En el molino del Arba.  El arte de hacer jabón).

Leyendas escolares (3 relatos: De reinas y princesas. Las acacias del Fosal. Los primeros cigarrillos).

De la tradición oral (5 relatos: En el camino de los Urietes. En la posada del Arba. Esteban y Orosia.  Mosén Matías. Un canónigo de Las Cheblas).

Esto no es un relato. Un interesante y fundamentado estudio filológico sobre la etimología del topónimo de El Frago.

Carmen Romeo tenía acostumbrados a sus lectores a unas esperadas entregas en el Blog “Letras desde Mocade” y, por fin, ha reunido una parte de ellas en este libro, ya presentado el pasado verano en El Frago, que hoy se presenta en Zaragoza.

Conociendo a la autora, se puede afirmar sin temor a equivocarse que nada en la organización del índice de esta publicación es casual. Se trata de una recopilación de algunos de sus textos y, por tanto, la autora se ha visto obligada a elegir y a darles una forma orgánica para su publicación.

La clave la da el primer relato, el que encabeza el libro, el cuento titulado De la roca nacida, Primer Premio del VII Concurso Nacional de Relatos Helvéticos en 2014.  Carmen incorpora en él la figura europea de Cristine de Pizan, autora de La ciudad de las damas[1], una compleja obra escrita en respuesta al muy famoso Roman de la Rose de Guillaume de Lorris y Jean de Meung, que relegaba a las mujeres a un papel marginal en la vida y en la historia. En su obra Cristine de Pizan reivindica a cuantas mujeres famosas han existido, ya fueran santas, reinas, literatas o heroínas literarias.

La protagonista de este primer cuento, Petra, de simbólico nombre, conoce a las damas que señorean las páginas de Cristine de Pizan, a través de su madre.  Es una muchacha que “siente en sus manos las viejas piedras de las casas del pueblo”, pueblo medieval, inexpugnable, visto por la muchacha desde abajo, desde el río Arba. Y desde esa perspectiva, ve la cuesta por donde suben las mujeres con su ropa lavada en el río o con sus cántaros llenos de agua; por sus calles ve a otras volver sudorosas y cansadas y más tarde, “después hundir los pies en el barro o de enzarzarse en las raíces de los árboles”, ya en sus casas, realizan todas las tareas, incluida la de hilar. Y Petra, que sabemos que conoce la Ciudad de las damas, tras compararlas, decide aferrarse a esas mujeres reales de las que sólo se conoce el nombre de pila y su pertenencia a una casa del pueblo. 

Carmen Romeo también se ha decidido por ellas.

Y de ahí el título, extendido ahora en plural a toda esta colección: De la roca nacidas –frase nominal que recuerda a aquella estirpe de la Eneida que procedía del tronco de un duro roble– designa a las fragolinas, una “estirpe” también, pero de la roca nacida.[2]

Aunque pudiera en algún aspecto parecerlo, esta colección de relatos no es una obra costumbrista. Es verdad que los románticos nos enseñaron a ver las peculiaridades de los diferentes lugares y a plasmarlas por escrito; y que, partiendo de ello, posteriormente los escritores costumbristas crearon obras tituladas escenas, cuadros, panorama, etc., seguidos de un adjetivo gentilicio.

Lo que Carmen Romeo hace no es costumbrismo fragolino, porque sus protagonistas no son nunca “tipos”, sino personajes dotados de una fuerte personalidad individual y porque ella se abstiene de hacer crítica o de ironizar sobre lo que cuenta.

La autora ha centrado su mirada en los márgenes precisos de la realidad de El Frago, la ha recorrido palmo a palmo, escudriñando en las calles y las casas, poniendo el oído atento a la memoria de las gentes, evocando tradiciones y recuerdos propios, para rescatarlo todo del olvido.

Y sobre esta base fragolina, ha ido tejiendo sus relatos y lo ha hecho con la austeridad de recursos que la caracteriza como narradora, pero, el ser una compilación de relatos hace de este libro una obra con una compleja muestra de técnicas literarias, producto de la suma de todas ellas.

Vamos a detenernos brevemente en algunas.

Hay una “marca general” de la autora, “una impronta carmenromeística”, en estos relatos: comienza las historias, como el Romancero, “in media res” –en mitad del asunto–, da unas pinceladas certeras iniciales, avanza en tempo muy rápido a contar el hecho relevante del personaje protagonista y deja abierto el final. Sirva de ejemplo En la feria de Ayerbe, que comienza así: "Engracia estaba ensimismada mirando el camino que llevaba a Ayerbe y cayó en la cuenta de que la habían vendido por moza vieja y porque no tenía dote"[3].

Pero Romeo construye cada relato de forma diferente.

A veces escribe siguiendo la tradición oral de la literatura. Así El molino del Arba reúne a un noble rijoso y la hermosa hija del molinero, un matrimonio forzado, una preciosa niña pelirroja, que forman parte de una leyenda. El relato corre y se pierde por el río Arba, pero permanece en la memoria de algunas gentes que lo llevan por los caminos y, finalmente, la ficción encuentra a su protagonista real. La joven mesonera Orosia se entera de sus orígenes al oír de boca de unos arrieros una vieja historia de las Cinco Villas.

En cambio, en El arte de hacer jabón y en Un canónigo de Las Cheblas, la autora se aventura en el camino trazado en el siglo XIX por los realistas y naturalistas franceses, que consistía en convertir en cuento o novela unos hechos sucedidos y reseñados en la prensa, en la sección "Faits divers" (hechos varios). De esta fuente bebieron Flaubert, Stendhal e incluso Dumas [4].

Carmen Romeo utiliza en el primero, El arte de hacer jabón, una fuente periodística que no cita, aunque sí registra su firma, Febus, que narra un horrible fratricidio. Juan Valdanuez murió a manos de su hermano mayor Pedro a cuenta de una herencia y de unos celos. La tragedia trajo una secuela, pues a Pedro, que mintió al juez, lo mató al salir de la cárcel Macario, que conocía su secreto. En el segundo, Un canónigo de Las Cheblas, la noticia en "El imparcial" de Madrid con fecha 3 de agosto de 1900 explica al lector el doble crimen perpetrado en la Sala de los Tapices de la Seo de Zaragoza.

Un caso especial lo constituye En la feria de Ayerbe. La historia se transmite a la autora por vía familiar. Lo desvela la dedicatoria: "A mi bisabuela Engracia Oberé, que vino de Losanglis". Este relato presenta notables diferencias con respecto a todos los demás. Comienza, como ya sabemos, "en medio del asunto". Pero de forma inesperada, a la mujer se le ofrece un coprotagonista, Nicolás de casa el Socarrau, del que aporta los suficientes datos para que el lector conozca al "mozo viejo" -casi un personaje de novela de realismo mágico- con quien Engracia va a compratir su vida.

Y en la mitad del camino a su nuevo hogar, planta Carmen Romeo un grupo de fragolinas, que toma la palabra colectivamente y le da la bienvenida: "Pronto serás una más". Pero le hacen un oscuro vaticinio, que en realidad señala el futuro: Aquí las mujeres están destinadas a "parir, sufrir y sobrevivir en silencio".

Pero aún hay más, este es el único cuento de esta colección en el que se tiene noticia futura de la protagonista: nunca pudo mirar a los hombres que feriaban mujeres en Ayerbe.

El menú de santa Lucía cuenta el origen tradicional de las fiestas de santa Lucía y san Nicolás, fiestas de las chicas y de los chicos, respectivamente. La autora, con fino olfato literario, rescata una canción dedicada a la santa:

Santa Lucía los ojos perdió

Cristo en un plato se los recogió

¡Gloriosa santa Lucía!

Por Dios os pido limosna,

p´astas pobres estudiantas,

que van muy flojas de bolsa.

¡Viva santa Lucía!

La canción, que nos atrevemos a considerar una adaptación de alguna otra preexistente, es quizá fruto de algún ingenio local que quiso dotar a la procesión de las niñas de un canto propio. En cualquier caso, sea cual sea su origen, resulta muy atractiva. En los primeros dos versos se adscribe al neopopularismo surgido en el siglo XIX que dio frutos hasta bien entrados los años treinta del siglo XX y reinterpreta, con un toque de gracia, el martirio de santa Lucía.

A partir del cuarto verso, se convierte en una canción casi goliardesca, de estudiantes pobres (sopistas), de las que hay múltiples muestras desde el siglo XI en latín[5]. Hay también gran cantidad de frases en castellano sobre este mismo asunto –“Bolsa de pedigüeño siempre vacía”–, pero siempre atribuidas a hombres; las mujeres nunca usaban bolsa.

Pero el quinto verso depara otra sorpresa: p´astas pobres estudiantas, en tres palabras utiliza dos vulgarismos, que no dos aragonesismos, pero se pretende hacerlos pasar por tales. Si se aceptan como propios del habla local, entonces el poema se inscribe en la literatura popular regionalista, de la que en Aragón hay gran cantidad de ejemplos.

… Y así el lector puede ir deteniéndose en todas y cada una de sus páginas y encontrar el recurso narrativo que la autora emplea, porque se trata de cuentos muy literarios, con un uso impecable de la lengua. La autora extrema el cuidado en este aspecto y hace convivir palabras antiguas, voces cultas y voces locales –a veces reproducidas con su pronunciación popular– que aparecen sobre todo en sus cuentos dialogados.

Pero aún es necesario destacar otro aspecto muy importante de este libro: su innegable interés etnográfico.[6] Carmen Romeo recoge en De la roca nacidas las historias, las tradiciones y la vida imperantes en una comunidad que conoce muy bien, El Frago, y refiere lo que atañe a un grupo específico dentro de ella, las mujeres; todo inscrito narrativamente en un tiempo pasado, o un tiempo de memoria de costumbres de ese pueblo o bien, un tiempo de recuerdo personal.

Por sus 162 páginas, desfila una multitud de palabras, objetos, herramientas, oficios, usos y costumbres que ayudan a comprender mejor la vida en esta localidad de las Cinco Villas zaragozanas. Hay relatos que son, en ese sentido, un verdadero filón. Así, La Mamesa, La tinajica de Biescas, Ese día parecía una novia aportan muchísima información sobre los ajuares y su importancia en la vida cotidiana.

En la feria de Ayerbe nos da a conocer el antiguo y muy sorprendente uso de feriar mujeres.

Pero entre todos destaca El baile de Salomé. En él, Valera, otra protagonista soñadora, descubre al lector, en la portada de la iglesia de san Nicolás de Bari, un capitel del siglo XII que muestra una mujer de abundante cabellera bailando. La maestra –una de las piezas claves de muchas de estas historias– y una oportuna nota al pie explican al lector que el escultor conocido como el maestro de Agüero lo había modelado.

Salomé, la fascinante mujer que danzó ante Herodes y pidió en recompensa la cabeza de Juan Bautista, no tuvo cabida en La ciudad de las damas de Pizan. Pero es la protagonista de este relato y nos descubre que esa localidad, aparentemente tan aislada, tuvo otra vida muy distinta en el pasado, como revela el parentesco de su capitel con otros de bailarinas sitos en las iglesias de Agüero (Huesca), Ejea de los Caballeros (Zaragoza), Biota (Zaragoza) y Huesca, obras del mismo escultor.[7]

En esta serie de relatos la autora ha procedido como el artista que, fijando un marco -geográfico en este caso- y creando los relatos para usarlos como teselas, ha empezado a construir un mosaico complejo, lleno de matices y de indudable valor etnográfico, en el que las fragolinas y sus familias se puedan reconocer.[8]

Y la combinación de literatura y etnografía da en De la roca nacidas un resultado magnífico.

Francisca Soria Andreu



[1]Se titula Livre de la cité de les dames. Fue excepcional autora de treinta obras literarias.

[2]Cfr. Eneida, Virgilio. gensque virum truncis et duro robore nata”, Libro VIII, verso 315.

[3]Errata en el índice que le da entrada en la página 57 y es la 61.

[4]Y ya en el siglo XX, autores como Lorca han utilizado la prensa con el mismo fin. Todas sus tragedias tienen ese origen, aunque la más conocida sea Bodas de sangre, que conoció por el periódico “El defensor de Granada”.

[5]Muestras importantes son Carmina Cantabrigensia (Cambridge, siglo XI), Carmina Rivipullensia (Ripoll, siglo XIII) y los famosos Carmina Burana.

[6]Desentendiéndonos aquí de la definición general de la etnografía como el estudio de las razas o los pueblos y aceptándolo en su sentido más moderno, es decir, el conocimiento de cualquier grupo humano.

[7]Se encuentran en las iglesias de El Salvador de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), en San Miguel de Biota (Zaragoza) y en San Pedro el Viejo (Huesca).

[8]Parafraseando a Ignacio Boix, bien podría titularse Las fragolinas pintadas por una de ella mismas.


 

Crónica de la sesión de lectura del libro 'De la roca nacidas', escrito por Carmen Romeo e ilustrado por María Aguirre


Grupo de lectura "Leer juntos" del IES Goya
Sesión del 8 de noviembre de 2021
Obra comentada: De la roca nacidas, IFC-Centro de Estudios de las Cinco Villas, 2021
Autoras: Carmen Romeo Pemán (texto) y María Aguirre  Romeo (acuarelas)


Crónica de la sesión de lectura

Es un compromiso del grupo de lectura Leer junt@s del IES Goya leer publicaciones de autores y autoras relacionadas con el instituto. Hemos leído a Arturo Ansón, Manuel Vilas, Irene Vallejo, Lina Vila, Carlos Castán, Javier Delgado, Pablo Gómez Soria, Fernando Vallejo Ágreda, Javier Plaza, Laura Lahoz, y otros más.

Carmen Romeo y María Aguirre
Para cumplir este compromiso, entre las lecturas de este curso 2021-2022 propusimos el libro, recientemente editado por el Centro de Estudios de las Cinco Villas de la Institución Fernando el Católico, De la roca nacidas, de Carmen Romeo, catedrática de Lengua y Literatura, profesora del Goya y socia fundadora de este grupo de lectura. Y como el libro, una verdadera joya, está ilustrado por una excelente colección de acuarelas que podían ser expuestas en la sala de exposiciones del instituto, pedimos que su lectura fuese una de las primeras para poder contar con la colección completa, ya que muchas de ellas son ya de propiedad particular. 

La pandemia que nos ha tocado vivir nos dio una pequeña tregua y pudimos planificar esta sesión como presencial, la primera después de más de un año a través de las pantallas. Quisimos hacer una sesión habitual de comentarios y debate, pero también queríamos algo más: es el primer libro que leemos de una participante en el grupo. Es el primer libro de literatura creativa que publica Carmen Romeo. Y la autora ha sido profesora, durante más de 30 años, del Instituto Goya, donde ha dejado una larga estela y una profunda huella.

La sesión se convirtió así en un feliz reencuentro, una interesante sesión de lectura y un pequeño pero queridísimo homenaje a la autora, nuestra compañera y amiga. Y nuestra maestra en tantas y tantas cosas. Nos reunimos un grupo más amplio de lo habitual, pero debido a la restricción de aforo por la pandemia, no estaban todas las personas que hubiésemos y hubiesen querido participar.

Arturo Ansón, en un momento de su intervención, junto a las autoras

A las 18:30 acudieron las autoras, Carmen Romeo y María Aguirre, e inauguraron la exposición de acuarelas expuestas en la sala Francisco Cebrián. Arturo Ansón catedrático de Geografía e Historia, profesor del Goya y uno de los mejores investigadores de arte en Aragón— nos hizo un excelente comentario de las ilustraciones. Destacó el expresionismo dramático que la autora había sabido plasmar en los espacios urbanos y los objetos que acompañan a los relatos, la característica austeridad aragonesa de los retratos y cierto lirismo en los paisajes. Y la pincelada simple con que recrea el capitel de la bailarina, fiel reflejo del paso del tiempo y el esencialismo románico. (Podéis verlo en: https://youtu.be/AgNVJxnTfXs)

Vista del salón de actos del IES Goya, con los participantes

A continuación, pasamos al salón de actos, el lugar adecuado para esta ocasión, aunque no el habitual de nuestras reuniones. Sentamos en la mesa a las autoras, acompañadas de Carlos Forcadell director de la Institución Fernando el Católico, que edita la obra y que ha puesto a nuestra disposición cuantos ejemplares hemos solicitado, pues se trata de una edición no venal—, Irene Vallejo —Premio Nacional de Ensayo en 2020 por su libro El infinito en un junco y alumna de Carmen—, Francisca Soria —catedrática de Lengua y Literatura y profesora del IES Goya  casi tantos años como Carmen— y Javier Aznar, profesor de Lengua y Literatura del Goya  y eficaz coordinador de este grupo de lectura.
De izquierda a derecha, Francisca Soria, Irene Vallejo, Carmen
Romeo, Carlos Forcadell, María Aguirre y Javier Aznar


Nos dio la bienvenida Ana Ínigo, directora del IES Goya, quien manifestó su alegría por podernos reunir y su orgullo por el motivo de la reunión. Y dejó el protagonismo a las personas de la mesa. Javier las presentó a todas, con un cariño especial hacia las autoras. Carlos fue breve, sin olvidar subrayar, citando a Gracián, el valor de estas obras de carácter creativo para rescatar y preservar la verdad. Javier Romeo Berges habló, desde la sala, en nombre de la sociedad fragolina, lleno de emoción y reconocimiento de la función pedagógica y genealógica de esta obra.

Francisca Soria, con las autoras
Francisca Soria tenía el cometido de analizar la obra. Es lo que solemos hacer en todas las sesiones, aportando después las y los participantes sus opiniones. Así lo hicimos también en esta sesión. Pero Francisca es una gran especialista en el análisis literario y lingüístico y gran amiga de Carmen. Así que su análisis fue un excelente comentario, lleno de rigor y cariño. No dejó ni un detalle pendiente, de los capítulos, de los temas, de los personajes, del estilo narrativo, el vocabulario y la revisión etimológica de Carmen sobre el significado de El Frago. Cuando Carmen nos manda un nuevo relato al whats-app del grupo, Francisca comenta invariablemente: "Carmen, ¡qué bien escribes!".

La siguiente en intervenir fue Irene Vallejo. Hoy Irene es una figura destacada en muchos foros literarios y culturales, pero siempre ha sido y es una alumna del Goya y alumna de Carmen,  con entera disponibilidad, reconocimiento y humildad para atender cuantas demandas le hemos hecho. Cuando le comentamos la preparación de este acto, contestó: "Tengo la agenda trepidante, pero por mi querida Carmen hago gustosamente todos los malabarismos del mundo".

La emoción de Irene, cogida de la mano de Carmen, fue grande y evidente, como la de Carmen. Apenas
Irene Vallejo, durante su intervención
habló del libro. Quiso decir en voz alta lo que el paso por el Instituto Goya había supuesto para ella: la apertura de un horizonte vital en el ámbito del saber, de la cultura, de las humanidades, ese sitio donde ella quería estar y donde encontró mujeres referenciales a las que se quería parecer, como Carmen, Pilar Iranzo, Inocencia Torres y Cristina Baselga, sus profesoras a las que nunca olvida. Encontró su lugar y estar en el mundo y ya veis cómo lo ha sabido transformar.

Cristina Baselga, Teresa Azcona, Lina Vila e Inocencia Torres aportaron su experiencia y testimonio. Unas breves y emocionadas palabras de agradecimiento de las autoras y la despedida de Javier Aznar y Ana Ínigo clausuraron el acto.

(Tenéis la sesión disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6_nFZbNarcE)

Para terminar esta fiesta nos esperaba el convite de las autoras.

Concha Gaudó Gaudó

De izquierda a derecha, Javier Arenzana Romeo, Pilar de la Vega,
Irene Vallejo, Carmen Romeo y Víctor Arenzana

domingo, 12 de diciembre de 2021

"Protegidos" y "Canción sin confinar", de José Mateos


© Anna Adén


Protegidos

Vivir tras un cristal, como los peces
que vi en aquel Aquarium de Alicante,
prisioneros del agua, pero inmunes
a ese trajín del agua en mar abierto.
Permanecer tranquilos, muy seguros
de sí y de la paz recién ganada.
Tener a mano libros, buena música
y aparatos que saben. Y ver, desde
la protección que da esa transparencia,
el vuelo raudo de una nube, el cambio
de la luz por las tardes, los vencejos...,

cómo la vida pasa sin nosotros.


Canción sin confinar

Para José Julio Cabanillas

Están cerradas las puertas
y las ventanas cerradas.
Lo cerrado es siempre falso.
Nada se cierra y acaba.

¿Se cierra un año en un día?
¿Se cierra el verde o el agua?
¿Se cierra acaso un poema
tras su última palabra?

Lo cerrado es solo miedo.
Aunque parezcan cerradas,
abiertas están, abiertas,
las puertas y las ventanas.

De Primavera, año cero, Milenio, 2020


La poesía de José Mateos, uno de los principales exponentes de la generación española de los 90, galardonado en 2019 con el Premi Internazionale Torino in Sintesi,  es para muchos críticos una de  las más hondas de su generación. Primavera, año cero reúne los poemas escritos durante los meses del confinamiento, de marzo a mayo de 2020, la primavera de la pandemia. Como observa Juan Marqués, en este libro, que considera la mejor obra del poeta hasta la fecha,  "José Mateos ha sabido contemplar lo desconocido con los ojos de lo íntimamente asumido, asistir a lo provisional sin dejar de asimilarlo con lo que nunca cambia".

Y otro gran poeta, Eloy  Sánchez Rosillo, escribe en la contraportada del libro:
"En tiempos de oscuridad y desánimo, José Mateos ha escrito su libro quizá más luminoso y sereno, lleno de confianza y de fe en la vida. Tras los signos amenazantes y los augurios opresivos de los poemas iniciales del libro, irrumpe a pesar de todo y por encima de todo, con su temblor y su milagro, la primavera, que figura en estas páginas como símbolo de libertad, pureza y verdad. Poemas leves y a la vez muy firmes y pujantes, en los que se respira el triunfo sin estrépito de lo vivo que vuelve, que renace siempre y que no puede morir."

domingo, 5 de diciembre de 2021

"A cuantos aman lo azul y lejano" y otro poema de R. L. Stevenson




A CUANTOS AMAN LO AZUL Y LEJANO

A cuantos aman lo azul y lejano:
tanto si, del alba a la noche, a pie
vais buscando fugitivos rincones
sin fatigaros de la vana búsqueda;
como si, río cantarín abajo,
zagual en mano, disparáis joviales
salpicando a la saltarina brema
o al fondear en la raíz del sauce:

o, más osados, de la estrecha costa
zarpáis, llevando aquella arca de cedro,
entre aves marinas y el rugido
del mar inmenso, tan profundo y claro;
o, en fin, si con el corazón erráis,
sin otra cosa importaros, y oís,
sentados junto al fuego, a salvo en casa,
ruido de pasos en Utah o Pamere:

aunque largo el camino, y duros sean 
el sol y la lluvia, rocío y polvo;
aunque la desesperación y el ansia
a los viejos entierren  y a los nuevos
estraguen; al final, seguro, amigos,
hagáis lo que hagáis o donde vayáis,
al cabo de todo, al fin de los fines,
veréis asomar la ciudad dorada.

(R. L. Stevenson, De vuelta del mar: antología poética. 
Ed. y trad. de Javier Marías, Penguin Clásicos, 2019)


EL VAGABUNDO

(Para acompañar una melodía de Schubert)

A mí dadme la vida que más quiero,
y todo lo demás os lo regalo,
dadme el alegre cielo en las alturas
y delante una senda para andar.
Dormir en la maleza bajo estrellas,
comer el pan mojado en este río...
Así quiero vivir, esta es la vida 
que quisiera llevar por siempre más.

Tarde o temprano, que me caiga muerto,
que lo que tenga que pasar me pase;
dadme la cara de la tierra en torno
y caminos abiertos ante mí.
No quiero amor, dinero ni esperanza,
ni que de mí se acuerde algún amigo.
Tan sólo quiero ver el cielo arriba
y el camino delante de mis pies.

Y si en algún lugar echo raíces,
que se derrumbe sobre mí el otoño
y acalle entre las ramas a los pájaros
mientras muerde mis dedos ateridos.
El campo enharinado por la escarcha
y caliente el rincón junto al hogar.
No esperéis que me rinda ante el otoño,
ni me quiero rendir ante el invierno.

Tarde o temprano, que me caiga muerto,
que lo que tenga que pasar me pase;
dadme la cara de la tierra en torno
y caminos abiertos ante mí.
No quiero amor, dinero ni esperanza,
ni que de mí se acuerde algún amigo.
Tan sólo quiero ver el cielo arriba
y el camino delante de mis pies.

(R. L. Stevenson, Hacia tierras lejanas, Trad. de Carlos Pujol,
Poesía portátil, Penguin Random House, 2018)


R. L. Stevenson, por Henry Walter Barnett
(Wikipedia)
Robert Louis Stevenson fue un ensayista, poeta y autor de libros de ficción y de viajes.  Nació el 13 de noviembre de 1850 en Edimburgo, Escocia, ciudad en la que creció. Hijo único, se sintió muy unido a sus padres, que lo educaron según los más férreos principios calvinistas. Su padre era ingeniero especialista en la construcción de faros con amplios conocimientos sobre el mar que el autor  reflejará en  La isla del tesoro. Su madre era hija de un ministro de la Iglesia Nacional de Escocia. El futuro escritor fue un niño enfermizo y muy dependiente de sus padres, que tuvieron que ayudarle económicamente durante casi toda su vida. La precaria salud de su madre  obligó a poner al niño al cuidado de la niñera Alison Cunning, una puritana que ejerció una poderosa influencia sobre el niño y le inculcó un estricto código moral presbiteriano. Stevenson lo rechazó siendo adulto, pero le dejó un poso de miedo y culpabilidad que aflorará en sus narraciones. Obligado a permanecer largos periodos sin salir de casa a causa de su mala salud, se convirtió  en un lector voraz y pronto comenzó a imaginar historias como forma de entretenimiento. En la casa junto al río de su abuelo materno, rodeada de un amplio jardín, pasó los momentos más felices jugando a ser "pirata de río"  y fascinado por las lápidas de un cementerio próximo a la casa. Pese a todo, era un joven alegre y de enorme vitalidad. 

Por deseo de su padre, en 1867 inició los estudios de Ingeniería en la Universidad de Edimburgo, a pesar de que este no era el camino que él hubiera elegido. Fue una época en que el joven Stevenson cultivó la rebeldía y se entregó a la vida bohemia. En 1871 le confesó a su padre que su verdadera vocación era la de escritor. El padre lo aceptó, pero creyendo muy arriesgado vivir solo de la escritura, le pidió que estudiara otra carrera, la de Derecho, a la que dedicó los cinco años siguientes, pero cada vez más ocupado en la escritura. En esta etapa tuvo un duro enfrentamiento con sus padres por el rechazo de las ideas religiosas de estos. También se enamoró locamente de la señora Sitwell, una mujer madura e inteligente a la que escribió cartas y poemas de amor. La pasión de Stevenson se convirtió con el tiempo en una profunda amistad.

Su delicada salud -pronto se manifestaron en él los primeros síntomas de tuberculosis- le obligó a trasladarse a lugares de clima más benigno que el escocés. En Francia conoció a la que se convertirá en la  mujer de su vida: Fanny Vandegriff Osbourne, una americana, diez años mayor que el escritor, casada y madre de dos hijos. Fanny tuvo que regresar a su país en el verano de 1878 para tramitar el divorcio y, un año después, Stevenson embarcó en el Devonia, un barco de emigrantes, para reunirse con ella en California. Su salud se resintió debido al penoso viaje que le obligó a cruzar el océano y el continente americano,  y sus padres, aunque decepcionados con su comportamiento, no solo aceptaron que Stevenson se casara cuando Fanny obtuvo el divorcio, sino que se mostraron dispuestos a ayudarles económicamente. Su largo viaje por América, si bien perjudicó seriamente su salud, resultó muy provechoso en el plano profesional pues le permitió vivir experiencias que más tarde plasmaría en sus libros. En el verano de 1880 regresaron a Edimburgo, pero huyendo de los fríos inviernos de Escocia, se trasladaron a Suiza y Francia. La estancia en estos países se interrumpía en verano para visitar a sus padres, y fue precisamente durante una de esas visitas, en el verano de 1881, cuando escribió los primeros capítulos de un libro que lo convirtió en un escritor enormemente popular, La isla del tesoro, publicado por entregas  en la revista Young Folks.

En 1887 regresó a Estados Unidos junto con su esposa, pues la herencia de su padre y los ingresos por sus publicaciones le permitieron conocer nuevas tierras. Al año siguiente, alquiló una hermosa goleta y, en compañía de su madre, de Fanny y del hijo de esta, emprendieron una larga travesía rumbo al Pacífico, donde visitaron diversas islas, y continuaron por los mares del sur hasta Apia, en Samoa. Allí construyó una casa que llamó 'Vailima' ("el lugar de los cinco ríos"), donde vivió desde 1890 hasta su muerte. Pronto entró en contacto con los nativos, que lo veneraban y lo llamaban 'Tusitala' ("el narrador de historias") y tomó conciencia de la explotación que sufrían por parte de las potencias colonizadoras. Falleció de forma prematura el 3 de diciembre de 1894 a causa de una hemorragia cerebral. Fue enterrado en la cima del monte Vaea, próximo a Vailima. Sobre su tumba se inscribió en letras de bronce su poema "Réquiem", que dice así: "Bajo el inmenso y estrellado cielo, / cavad mi fosa y dejadme yacer. / Alegre he vivido y alegre muero, / pero al caer quiero haceros un ruego // que pongáis sobre mi tumba este verso: / Aquí yace donde quiso yacer; / de vuelta del mar está el marinero, / de vuelta del monte está el cazador." (Versión de Javier Marías).

Stevenson se sintió fascinado por los problemas éticos. La ambigüedad moral de sus personajes provoca efectos dramáticos que solo son posibles en un universo consciente de la existencia del bien y del mal. Fue un escritor muy reconocido en su tiempo y ha influido en autores posteriores. Actualmente es recordado, sobre todo, por los emocionantes argumentos de sus novelas fantásticas y de aventuras: La isla del tesoro (1883), El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886), Secuestrado (1886), La flecha negra (1888), El señor de Ballantre (1889), Catriona (1893) y la novela póstuma Weir de Heriston (1896). Pero fue también un excelente ensayista y autor de interesantes y amenos libros de viajes, como Viaje tierra adentro (1878), Viajes en burro por las Cevannes (1879), La casa solitaria (1883), A través de las llanuras (1892) e Islas del Sur (1896). Los volúmenes Narraciones maravillosas (1882) y El diablo de la botella y otros cuentos (1893) recogen sus relatos breves.

Su poesía, que escribió a lo largo de toda su vida con suma facilidad, ha sido considerada por la crítica como "obra menor". Se trata de una poesía sencilla, pero cuidada, y cercana al estilo realista y melancólico de Thomas Hardy. En vida publicó cuatro libros de poemas, como ha explicado Javier Marías. El primero, Moral Emblems (Emblemas morales, 1880),  fue compuesto durante su estancia en un sanatorio suizo. Imita los cuentos morales publicados en los pliegos de cordel denominados "chapbooks". Ilustrado por el autor, tuvo una tirada de noventa ejemplares en forma de panfleto. Después apareció A Child's Garden of Verses (Jardín de versos para niños, 1885), que contiene algunos de los poemas más populares entre los británicos. A este seguirán Underwoods (1887), dividido en dos partes, en inglés y en escocés, respectivamente, y las Ballads (1890). Un año después de su muerte se publicó Songs of Travel and Other Verses (Canciones de viaje y otros poemas, 1895), que el autor había dejado preparado y que deseaba que se uniera a Underwoods como libro tercero, y en 1918 salió a la luz un nuevo volumen titulado New Poems and Variant Readings  (Nuevos poemas y lecturas variadas), con 147 poemas. Y posteriormente se han seguido descubriendo nuevos títulos, como To my Wife (A mi mujer), lo que harían un total de 350 poemas, aproximadamente.

(Para la biografía del autor nos hemos basado en la introducción de Julio-César Santoyo, Secundino Villoria y Juan José Lamero, en la edición de La isla del tesoro de Vicens Vives, col. Aula de Literatura, 1997)

Stevenson, sentado y con los brazos cruzados, entre su madre y su esposa
(R. L. Stevenson Museum)