EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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viernes, 10 de marzo de 2017

Recordando a las escritoras del 27 en el Día de la Mujer



            Este curso, para conmemorar el Día de la Mujer (8 de marzo), los alumnos de 3ºB han decidido conceder visibilidad a aquellas mujeres que compartieron pasión estética y cultural con los miembros masculinos de la Generación del 27.
            Rescatadas por el programa Imprescindibles emitido en La 2 de TVE, Las sinsombrero (nombre con el que se bautizó a este grupo femenino) es también el título del interesante trabajo de la barcelonesa Tània Balló (Barcelona, Espasa-Narrativa, 2016) en el que revisa la biografía de una decena de mujeres que no solo se quitaron el sombrero sino también los frenos y prejuicios sociales e intelectuales que había relegado a la mujer a un papel secundario desarrollado en el ámbito privado. Maruja Mallo, Josefina de la Torre, Marga Gil, Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin… Todas ellas mujeres  libres, valientes, inteligentes y cultas, participaron sin complejos en la vida intelectual española de los años veinte y treinta.
            El desgarrador conflicto bélico de la Guerra Civil y el posterior franquismo arrojaron  tanta tierra sobre su memoria que hasta hace bien poco tiempo la crítica todavía no les había hecho justicia.
            Nuestros alumnos han querido poner su granito de arena para que los nombres, los rostros, las azarosas vidas y las obras de aquellas mujeres pioneras sean un poco más conocidos por todos sus compañeros.   


 
 


Mª Luisa Mateo Alcalá


*Entrada relacionada:

miércoles, 8 de marzo de 2017

María Moliner, alma de pionera

En el año en que se está celebrando el 50º aniversario del Diccionario de Uso del Español (DUE), más conocido como “el María Moliner, queremos rendir homenaje en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora a una mujer que, cuando le negaron un sillón en la Real Academia Española, contestó con ironía “¿Qué podía decir yo si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?”.
Para que nuestros alumnos valoren qué hay de cierto en sus palabras y conozcan la trayectoria laboral y vital de la autora del prestigioso diccionario –quien, por cierto, hace cien años estudiaba el último curso del bachillerato en nuestro instituto–, la profesora Marily Gómez, del departamento de Lengua Castellana y Literatura, ha preparado la siguiente semblanza biográfica de María Moliner, que queremos compartir con todos los seguidores del blog.


         

                  María Moliner1 publicó en 1966 un Diccionario de Uso del Español que sorprendió a todos. Ella sola, una mujer ya mayor, un ama de casa, había dedicado muchos años a esta descomunal labor. Esta es la imagen que se generalizó. Sin embargo, la autora del diccionario que pronto hizo sombra al de la RAE, y que se mantendrá desde entonces como el preferido por muchos usuarios, había sido una persona muy activa en los años previos a la dictadura franquista; una profesional que con su  trabajo alcanzó puestos a los que una mujer de la época no accedía.

                Quizá creas que no tienes nada que ver con una persona que nació hace tiempo, en 1900 nada más y nada menos. Quizá sus pasiones (la lectura, la educación, la lengua) te pillen muy de lado, porque no puedes entender cómo alguien se puede apasionar por algo así; puede que un puñado de vosotros lo entendáis. De cualquier manera, es fácil, como vas a comprobar, contagiarse de la vitalidad de esta mujer.

                María Moliner nace en el zaragozano pueblo de Paniza. Es la mediana de tres hermanos. El padre, médico de profesión, desea ingresar en la Marina y por ello toda la familia se traslada a Madrid. Allí, María estudia en un centro educativo de vanguardia, en la Institución Libre de Enseñanza; en él son tan avanzados para la época que creen en la igualdad entre hombres y mujeres e inculcan estas ideas a sus alumnos. Sin embargo, en estos años tiene lugar uno de los hechos más traumáticos en la vida de nuestra protagonista: su padre no vuelve de uno de los viajes, y aunque envíe algo de dinero al principio, el hombre formará un nuevo hogar en América y se desentenderá del suyo en España. La familia Moliner queda sin ingresos, y tal es así que en uno de esos años María y su hermano Enrique se reparten el curso escolar: él paga y asiste medio curso y la hermana hará lo correspondiente. María Moliner mantendrá la amistad con los profesores de la ILE aunque los estudios en Madrid queden interrumpidos. Uno de esos profesores precisamente será el encargado de despertar la curiosidad de la niña por la lengua al corregirle un error en una redacción como ella misma contará después.

                La familia regresa a Zaragoza y María se matricula en el instituto "Goya", entonces llamado "Instituto General y Técnico". En esos mismos años pasan por sus aulas otros futuros ilustres como Luis Buñuel y Ramón J. Sender. Es la época de la foto que encabeza la biografía: en ella aparece una joven de facciones agradables con una mirada que transmite inteligencia, seguridad y tesón.

                En la Universidad estudia Historia, pues no hay facultad de Filología, y realiza unas primeras investigaciones que mejoran la economía familiar. Participa en la creación de un mapa toponímico de Aragón y, por otro lado, colabora con la revisión de aragonesismos en el diccionario de la Academia (DRAE). Esta experiencia investigadora pudo ser de gran provecho para el futuro diccionario María Moliner. Con su buena cabeza y su gran voluntad oposita junto a algunos compañeros al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios. Tiene 21 años. Solo hay cinco mujeres en España que han aprobado con anterioridad; María Moliner será la sexta y la más joven en hacerlo. Aunque vuelve a Madrid para realizar las prácticas en la Biblioteca Nacional, su puesto de trabajo definitivo la lleva a Salamanca, al archivo de Simancas. De esta época es la segunda foto: la joven archivera se presenta volcada en su trabajo e, infatigable, da la impresión de poder despachar con prontitud todos los legajos de su izquierda.



                Un traslado voluntario la sitúa en Murcia, ciudad en la que conoce al que será su marido, Fernando Ramón, un catedrático universitario a quien se considera el introductor de las teorías de Einstein en España. Pero el lugar donde se desarrolla con más ímpetu María Moliner profesionalmente es Valencia. Allí, en los tiempos de la República, le encomiendan distintos puestos de importancia y casi impensables para una mujer en esa época: directora de la Biblioteca Universitaria y directora de la Oficina de Adquisición de Libros. Hay que imaginar lo que sentiría una lectora como ella al tener que elegir los libros que debían llegar a todas las bibliotecas del país e incluso del extranjero; poder crear nuevas bibliotecas y mejorar las ya existentes. Pero aquí no queda la cosa, puesto que además participa junto a su marido y con amigos entusiastas en la fundación de una escuela en Valencia bajo el modelo de la ILE, donde imparte clases de Gramática y Literatura. Y por si fuera poco, continúa con el proyecto de extender las bibliotecas por pequeñas poblaciones, tarea que ya había comenzado años antes. Va en persona por algunos pueblos tratando de convencer a los maestros de la importancia de las bibliotecas rurales; en muchos casos le toca batallar contra la incapacidad y el desinterés de esos educadores que no entienden del entusiasmo de esta mujer. Saca tiempo para dejar todas su impresiones por escrito: Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas y el Proyecto de Organización General de Bibliotecas del Estado son dos ejemplos de sus reflexiones. Parece mentira que con toda esta implicación profesional pueda dar a luz esos mismos años a varios hijos a los que pronto contagiará el amor por la cultura.

                Todo el entusiasmo de María Moliner queda aniquilado al acabar la Guerra Civil (1939). Tanto ella como su marido son depurados, es decir, sometidos a juicio por colaborar con el gobierno de la República: la acusan de haber realizado sus obligaciones quizá demasiado bien (fue "muy leal"). Ella misma redacta la defensa. Sin embargo, llegan las represalias: Fernando Ramón es expulsado de la Universidad y a ella la degradan en su puesto de trabajo. Es la España de posguerra y mujeres válidas como María Moliner tienen que exiliarse o sufrirán el aislamiento. Ella se recoge algunos años después en el poco gratificante puesto de bibliotecaria en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Madrid, en el cuidado de los hijos y con la pena de tener a su marido distanciado por motivos profesionales. Una parada intelectual que tuvo que ser ciertamente muy dura para esta mujer que rebosaba energía.

                Pasan los años y un regalo prende de nuevo la mecha de la curiosidad y el buen hacer: ella misma explica que al traerle su hijo un diccionario de inglés, le entran ganas de elaborar una obra similar para el español, puesto que el DRAE no le convence del todo. Quiere crear una obra útil de verdad, práctica. Organiza un proyecto para unos meses, quizá dos años. Cada tarde teclea palabras en pequeñas fichas; ya las había utilizado en sus investigaciones zaragozanas. Discute significados, bucea en los periódicos de la época y logra avances que darán como resultado el Diccionario de Uso del Español en dos volúmenes, de 1446 y 1585 páginas respectivamente; el "María Moliner", como se le conoce desde entonces. No ha parado ni en los veranos; ha tenido que echar mano de colaboradoras.  La dedicación le ha llevado hasta quince años de su vida, de 1951 a 1966. 

                El éxito tras la publicación del diccionario fue enorme entre los usuarios, y pronto se erigió como el favorito de los traductores. Los especialistas en Gramática no daban crédito al comprobar que una sola persona hubiera logrado hacer algo así. El diccionario incorporaba novedades muy útiles para manejarse con el español real; también había interesantes reflexiones sobre el idioma. Todo estaba organizado de una manera clara y sencilla. La bienvenida al diccionario fue tal que se propuso el ingreso de María Moliner en la Academia (RAE). Sin embargo, fue rechazada. Algunos escritores incluso mantuvieron un doble juego ante la candidatura. Lo singular desde nuestros ojos es comprobar que en 1972 no hubiera todavía ninguna mujer académica, aunque tampoco las encontraríamos en otras instituciones importantes. En 1979 por fin entró en la RAE una mujer, la poetisa Carmen Conde, buena amiga de Moliner.

                No parece que la autora del diccionario tomara a mal el feo de la Academia, y siguió revisando el diccionario para futuras ediciones. Sin embargo, una enfermedad, la arterioesclerosis, le fue deteriorando su capacidad intelectual, de manera que su mente ya avanzaba con dificultad a través de las palabras hasta que tuvo que abandonar definitivamente el trabajo.



                Hasta aquí la historia de una mujer pionera que aprovechó las oportunidades cuando le llegaron y que supo inventar lo que no existía pero era necesario cuando los tiempos le fallaron. Que se volcó para que la lectura, la educación y la lengua llegaran a todos, también a nosotros.

Marily Gómez Llop


Para consultar más información sobre la vida de María Moliner, en la página del Instituto Cervantes, aquí.

Y en los documentales:

- En el publicado en torno a la Exposición en Escuelas Industriales UPM: “María Moliner: mujer, bibliotecaria y lexicógrafa”, cedido por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón.


(1) A partir de la biografía El exilio interior de Inmaculada de la Fuente.

domingo, 5 de marzo de 2017

"Libre te quiero", de Agustín García Calvo




LIBRE TE QUIERO


Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.

Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.

Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.

Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza.
Pero no mía.

Blanca te quiero
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.

Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

               De Canciones y soliloquios, 1976


Agustín García Calvo
(Zamora, 1926-Ibídem, 2012) fue ensayista, poeta, dramaturgo,

traductor y profesor. Se doctoró en Filología Clásica  por la Universidad de Salamanca con la tesis "Prosodia y métrica antigua". Fue catedrático de instituto y profesor de latín en la universidad salmantina, en la que ingresó como profesor adjunto en 1953. Posteriormente obtuvo la cátedra de Filología Latina en la Universidad de Sevilla, donde ejerció la docencia durante cinco años, hasta su traslado a la  Complutense de Madrid en 1964. Debido a  su participación en las revueltas estudiantiles a favor de la democracia en febrero de 1965, fue apartado de su cátedra junto a los profesores Enrique Tierno Galván y José Luis López Aranguren. En 1969 comenzó en París un exilio voluntario de siete años, durante los cuales compaginó la escritura con la docencia en la universidad de Lille y en el Collège de France. En la capital francesa colaboró como traductor con la editorial Ruedo Ibérico y coordinó una tertulia política en el café La bole d'or, en el barrio Latino. En 1976 se reincorporó a su cátedra, en la que permaneció hasta su jubilación en 1992. Después fue nombrado profesor emérito de UCM. Formó  parte del Círculo Lingüístico de Madrid junto con Rafael Sánchez Ferlosio y Carlos Piera. En 1988 lanzó el proyecto de una Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje, una apuesta educativa antisistema y multidisciplinar que continuó hasta 1991. Participó en coloquios, conferencias y tertulias, como las del Ateneo o el Círculo de Bellas Artes, y colaboró con el teatro madrileño de La Abadía. Por encargo del entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, escribió la letra del Himno de la Comunidad, por el precio simbólico de una peseta.

Fue galardonado tres veces con un Premio Nacional: de Ensayo 1990 (por Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, recopilación de artículos),  de Literatura Dramática 1999 (por La baraja del rey don Pedro) y de Traducción 2006, por el conjunto de su obra.
Como filólogo, hizo importantes aportaciones a la lingüística. Expuso su teoría general en la trilogía Del lenguaje -formada por Del lenguaje (1983), De la construcción (1983) y Del aparato (1993)-,  así como en el volumen reconocido con el Premio Nacional de Ensayo. En el ámbito del pensamiento, destacan los ensayos  ¿Qué es el estado? (1977), Lecturas presocráticas I y II (1981 y 1985), Contra el tiempo (1993), De Dios (1996) y Contra la realidad (1997). 
    De sus obras teatrales, sobresalen también Rey de una hora, Tres farsas trágicas y una danza titánica, Pasión. Farsa trágica, La rana y el alacrán  o Loco de amor. Su producción poética se recoge en  Sermón del ser y no ser (1972), Canciones y soliloquios (1976), Libro de conjuros (1979), Relatos de amor (1980), Valorio 42 veces (1984) o Ramo de romances y baladas (1992), entre otras. Sus poemas han inspirado versiones musicales como las de Amancio Prada o Chicho Sánchez Ferlosio. La crítica ha señalado su influencia en parte de la obra poética de Miguel Ángel Velasco*. 
    Tradujo, entre otros, textos de Shakespeare (Sonetos de amorSueño de una noche de verano, Macbetth), de autores clásicos (Virgilio; Edipo Rey, de Sófocles;  Los Carboneros, de Aristófanes, o la Ilíada), así como de Brassens y P. Valéry.

El poema elegido fue musicado por Amancio Prada, quien lo incluyó en su disco Canciones de amor y celda (1979),  y dio título al documental de 2012 realizado por Basilio Martín Patino sobre el movimiento de indignados del 15-M, de cuya banda sonora forma parte esta canción interpretada por Amancio Prada.




*Entrada relacionada:

[La imagen inicial, de autor desconocido, ha sido publicada por Megab Abell.]

miércoles, 1 de marzo de 2017

Del árbol del corazón 2017


Como en cursos anteriores, la poesía amorosa ha protagonizado buena parte de las actividades desarrolladas por el departamento de Lengua y literatura en el mes de febrero: lectura expresiva, comentario de poemas y actividades de creación literaria se han ido realizando en las aulas de ESO. 
 

Asimismo, habiéndoles dado el primer verso de célebres poemas de amor, mayoritariamente contemporáneos, los alumnos los han buscado y los han copiado en cartulinas cordiformes con las que han decorado los pasillos del pabellón sur. He aquí una selección de los trabajos: