EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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miércoles, 21 de enero de 2026

'El recuerdo exhausto', de Olga H. Vitoria

 


Grupo de lectura "Leer juntos" del IES Goya

Sesión del 19 de enero de 2026

Autor: Olga H. Vitoria

Obra comentada: El recuerdo exhausto, Avant, 2025



Olga Hernández Vitoria. (elfarodeceuta.es)


LAS ESQUIRLAS DEL RECUERDO

                                                                                 

OLGA HERNÁNDEZ VITORIA

 

Enfrentarse a un papel en blanco cuando las ideas se te agolpan en la mente para escribir un texto, un relato, una poesía, una novela, —un espacio virgen donde todos los formatos son posibles, donde todas las palabras tienen cabida—genera un estado similar al que uno sentiría enfrentándose a un horizonte infinito. ¿Por dónde empezar? ¿A quién quiero dirigirlo? ¿Qué tono le quiero dar? ¿Qué historia quiero contar? El papel vacío resulta un reto para la creación literaria, su blancura es el infinito. ¿Qué referentes nos guiarán en nuestro propósito? ¿Cómo orientarnos en el camino que pretendemos recorrer? ¿Cómo transformar su blanco silencio en nuestra narrativa? Nuestro desafío será el de encontrar la voz—nuestra voz— y la forma de la historia, como un escultor que va cincelando su figura mientras pule el mármol inmaculado. La hoja en blanco que espera nuestras palabras es un campo minado de inocencia donde va a nacer la creación literaria, donde la ansiedad se transformará milagrosamente en acción creativa. El potencial infinito de ese lienzo virgen es el que se despliega ante nosotros para permitirnos expresar nuestro yo, nuestras emociones, nuestras experiencias. Y todo ello con la ayuda de esa herramienta divina que el ser humano se dio a sí mismo para dar forma al mundo, la palabra.

 El creador cuenta, eso sí, con la energía más poderosa para su cometido: su entusiasmo. Es lo que me sucedió a mí como autora de la novela que nos ocupa -El recuerdo exhausto-. Enamorada de Balzac y el mundo que recrea en La Comédie Humaine —85 novelas completas de un proyecto más ambicioso que no pudo llevar a término debido a su muerte—, me vi atrapada en la emoción de emularlo y escribir al estilo de su pluma. Todo un desafío. Pero fue así, la novela realista me atrapó. ¿Sería yo capaz de recorrer ese camino con mi escritura y llegar a buen puerto?  

Los procedimientos literarios del realismo tienen como característica el uso de la descripción detallada y minuciosa. Gracias a su aguda observación de los detalles y a su representación sin filtros de la sociedad, Balzac está considerado como uno de los fundadores del realismo en la literatura europea. Es famoso por sus personajes polifacéticos; incluso sus personajes menores son complejos, y, sobre todo, plenamente humanos. El recuerdo exhausto, en este sentido, puede considerarse una novela realista. Pero también una novela psicológica, dado que no cuenta simplemente lo que acontece sino que profundiza en la mente de los personajes. Lo que realmente interesa es lo que sucede por dentro, porque lo que ocurre por fuera no hace sino traducirlo, sacarlo al exterior; está a la vista. Si no sabemos interpretar lo que sucede interiormente, estamos perdidos. Se trata de una novela de escritura introspectiva que intenta sacar a la luz la historia subyacente. A este tipo de literatura podemos llamarla novela del “ser interior”. Introspección porque todo lo que sucede fuera viene motivado por lo que ocurre dentro. Los distintos personajes son complejos, evolucionan e interactúan entre sí influyéndose mutuamente. El recuerdo exhausto rinde cuenta de sentimientos muy humanos; sentimientos que perfilan a los protagonistas con trazos muy firmes que los envuelven. Esos perfiles, masculinos y femeninos, se engarzan unos con otros, pero son los de ellas los que evolucionan y nos sorprenden. El recuerdo exhausto responde pues al objetivo de dar a conocer la condición humana, algo fundamental en literatura. A través de la narración el escritor se adentra en los aspectos que conforman la experiencia humana, que son infinitos y cambiantes.

La trama de la novela teje eventos y acciones entrelazados con causa-efecto. Hay momentos y hay personajes. Todos ellos están conectados y van creando una urdimbre que objetos y acontecimientos sostienen conforme avanza la acción. Los perfiles de las mujeres en esta novela son potentes y diversos. Rosario, la protagonista, sigue su instinto natural guiada por su ingenuidad. Marcada por el trauma, inicia vacilante el camino hacia su redención. Olvido, su hermana, avanza en cambio impregnada de convicciones religiosas que resultan determinantes. Manuela, la madre, es capaz de dejar atrás su ignorancia a base de tesón. La Bosquera, madre del cura, es prisionera de la superstición. Mme. D’avezac representa la sabia voz que nos guía desde su madurez. Hélène, en cambio, su sobrina, reta al mundo con su comportamiento de machete. Las figuras masculinas que pivotan alrededor de Rosario muestran, aunque con menor intensidad, perfiles interesantes en el eje de relación hombre-mujer. Cada uno de ellos aporta una visión distinta en este aspecto. Isidro, el cura, dictador piadoso que reparte bendiciones y maneja las conciencias en nombre del Todopoderoso, se siente él mismo poderoso manejando las conductas de las gentes a su cargo espiritual. Philippe de Lamarque, rico empresario resinero de Las Landas, el conquistador a cuyos encantos se rinden las mujeres, parece ser candidato a hacerse con el corazón de Rosario. Alexandre Doussot, el joven médico del balneario, vive con Rosario una experiencia sin mentiras amatorias, un regalo del espíritu por el mero hecho de existir. St.Girons, hijo de Madeleine d’ Avezac, decide abandonar La Bruyère y trasladar su residencia a Italia donde vivir la esencia del arte, pues ya no puede contentarse con el que encuentra en las galerías.  

El universo de personajes que rodea a Rosario va conformando su personalidad en su camino hacia la madurez. Todo proceso de maduración resulta un pilar de crecimiento personal; se abandonan las ilusiones infantiles por una comprensión más cruda de la realidad. Este choque al que hay que hacer frente, lleva a la protagonista a la pérdida de la visión idealizada del mundo, que ya no resulta un lugar simple y bueno, sino lleno de fallos y complejidades. Asistimos pues al impacto emocional de la pérdida de la inocencia, ese estado puro y natural que el niño/a que somos afronta conforme enfrentamos las realidades del mundo, un proceso inevitable en la vida. Hay un daño irreparable en esa pérdida que empapa tu existencia y destruye la capacidad de tu mirada limpia e inocente sobre el mundo, un daño que significa un cambio profundo en la percepción y comprensión de la realidad. Ese impacto emocional en la protagonista es inevitable, anegada ahora de sentimientos de pérdida y nostalgia, pero también de una nueva fortaleza, el inicio de una conciencia más adulta —un rito de paso clave en la formación del individuo—, que irá desvelándose poco a poco en su camino hacia la redención.

La transformación de su identidad se realiza a través de un viaje: desde la España profunda y rural de finales del s.XIX —donde impera el clasismo y la marcada huella de una nobleza arcaica y dominadora, y de una iglesia que dirige las conciencias de las pobres gentes a voluntad— a la Francia de principios del s.XX, la Belle Époque, una etapa de optimismo en la que París consolidaba su reputación como centro cultural, científico y artístico mundial.

 

RECUERDO Y MIRADA

 De todos los conceptos presentes en la novela, quisiera destacar los dos que resultan determinantes: el recuerdo y la mirada.

El pensamiento humano está intrínsecamente ligado a la memoria. A través de ella nos relacionamos con un pasado que influye en nuestra percepción del presente y en nuestra proyección hacia el futuro. Es ella, la memoria, quien nos ayuda a constituirnos como individuos. Esta idea es crucial en la novela, no hay más que pensar en el título, El recuerdo exhausto, algo de lo que Rosario no puede desprenderse. Su estado natural se ve contaminado por ese recuerdo negativo que la persigue, intrusivo y difícil de manejar. Invade su mente y esta no puede procesarla. El adjetivo exhausto, cualidad aplicable solo a un ser animado, expresa la transferencia de ese estado a una imagen pasiva archivada en la memoria, con el ánimo de darle la categoría de algo vivo. Y ello responde a la idea de la autora de que somos recuerdo. El pasado nos es, está siendo. Nos estamos narrando continuamente; cada hecho, cada palabra contiene pasado, presente y futuro. Kirkegaard señala que la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás —no siendo amnésicos— y vivida mirando hacia delante. El doloroso recuerdo que marca a Rosario saca bandera blanca, exhausto, quiere desprenderse de nuestra mente. Somos nosotros quienes no se lo concedemos y seguimos arrastrándolo.

La mirada, por su parte, es una herramienta poderosa en psicología, que nos permite comunicarnos, expresar emociones, establecer relaciones y comprender mejor a los demás. Los ojos son una de las partes de la cara en las que más centramos la mirada cuando interactuamos con alguien. Esto, que parece natural y hasta obvio, es una rareza dentro del reino animal.

Todas las miradas reflejan interés o emoción. Distinguiremos entre:

—la mirada que uno se dirige a sí mismo a través del espejo, convertido aquí en objeto mágico que te hace descubrir tu propio cuerpo y darle identidad visual. En el caso de Rosario, a través de ese descubrimiento, se desencadenan procesos enlazados: mirada y pecado, mirada y culpa.

—la mirada que uno dirige a los demás, o que los demás dirigen a ti pero tú no mantienes.  

—la mirada que dos personas se cruzan, la conciencia, por tanto, de ser observado. Ver que me ven. El psicoanalista Jacques Lacan describió el estado de ansiedad presentado por el conocimiento de que se está siendo observado. El efecto psicológico, en su opinión, es la pérdida de autonomía del sujeto al darse cuenta de que es un objeto visible. En El recuerdo exhausto aparecen varios ejemplos del efecto de estas miradas en la protagonista.

 Yendo un paso más allá podemos observar que Rosario retira la mirada en diversas ocasiones. La “no-mirada” —llamémosle así— puede tener su origen en el rechazo, la vergüenza —sentimiento centrado en la identidad, el “ser”—o la culpa —sentimiento centrado en la acción, el “hacer”. La vergüenza tiene mucho que ver con la mirada del otro y con mi propia mirada sobre la mirada del otro. En cualquier caso, ambos sentimientos, vergüenza y culpa, resultan mecanismos de autorregulación; nos mantienen dentro de las normas sociales y nos ayudan a adaptarnos al grupo.

En resumen, El recuerdo exhausto es un retrato que consolida la visión de una época. En la novela encontramos:

  • El retrato social, tan jerarquizado, de una época. Sus escenas muestran de manera contextualizada —dos momentos, dos países— los usos y costumbres que rigen el comportamiento humano.
  • Una tierra olvidada, la España rural y desdeñada donde las normas sociales de los poderosos marcan insoportables áreas de exclusión para los no elegidos, pero también otra tierra boscosa al otro lado de la frontera, un paisaje de mar, lagos, dunas y pinares donde encontrar descubrimiento, amparo y protección.
  • Mujeres vulnerables que se enfrentan a realidades duras y desconocidas pero que saben resurgir de sus cenizas, mujeres que echan a volar sus capacidades escondidas, que crecen con el dolor atentas a lo que la vida les brinda; mujeres que llevan a cabo su proceso de madurez con un crecimiento personal prodigioso e inesperado, conscientes de ser responsables de sus decisiones, de las acciones que marcarán su destino
  • Personajes secundarios, complejos y moralmente ambiguos, perfilados para reflejar los intereses y conductas de sectores sociales específicos. En ellos encontramos comportamientos que responden a causas subrepticias enraizadas en su interior: el rencor varado y oculto, (episodio de Blasito), las estratagemas puestas en marcha para establecer una comunicación y gozar de la plenitud de la vida a pesar de tenerlo todo en contra (el mozo de correos, a quien la naturaleza le ha negado el habla) …
  • Un alegato contra las guerras (Cuba y Iª Guerra Mundial).
  • El secreto, el enigma, el azar, el pecado, el dictado de la Iglesia sobre las conciencias, la superchería, el objeto mágico señalado por Propp (el espejo, la muñeca), el deseo como motor de la voluntad, los lazos que nos atan al pasado, de los que no podemos desembarazarnos…
  • Nostalgia por lo que uno ha dejado atrás. Hay incertidumbre y desconcierto cuando todavía llevas sobre la piel las esquirlas del recuerdo pero hay reacción para enfrentar los desafíos con valentía y sabiduría. Hay por tanto luz frente a la oscuridad y hay vuelo liberador. Hay inteligencia para observar la salida y crecer, hacernos otros que los que éramos en el punto de partida.
  • Permiso para sentir y procesar las emociones. Hay sanación a través de los personajes, aquellos que nos rodean, nos escuchan y nos acompañan, a condición de proyectar sobre ellos miradas inteligentes con las que extraer esencias vivificadoras descubrir nuestra fortaleza interna y desarrollar una mayor sabiduría.
  • Intimismo en el lenguaje y un suave pero determinante feminismo en los actos: el ser humano mujer abriendo camino para encontrar su lugar en el mundo en un momento en que, por lugar y tiempo, le es vedado.


No me queda sino animar a su lectura. Quienes lo hagan descubrirán aspectos profundamente humanos con los que se sentirán identificados porque nos invitan a reflexionar sobre los vínculos que nos atan al pasado y nuestra capacidad para superar herencias recibidas y no siempre satisfactorias ni deseadas. Espero que mis lectores disfruten con esta historia de coraje y reconciliación.


Carmen Romeo y Olga Hernández Vitoria, durante la tertulia


¿Quién es Olga Hernández Vitoria?

Una catedrática de francés, y escritora, a la que tuve la suerte de conocer desde sus tiempos en el instituto de Alagón. 

Después, fuimos compañeras aquí en el Goya, los años que el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) tuvo aquí su sede. Y no perdimos la relación cuando se trasladó al Elaios.

Ahora, junto con otras profesoras de esta tertulia: Cristina Baselga, Teresa Fernández, Concha Gaudó e Inocencia Torres, compartimos militancia pacifista en WILPF (Women`s International League for Peace and Freedom o Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad).

Precisamente, en esta novela, en una escena en la que Rosario está conversando con David Wlerick escuchamos unas afirmaciones que podrían ser manifiestos de WILPF: “Las mujeres, en cambio, son la quintaesencia de la lucidez. Ellas no paren hijos de su vientre para las guerras, y lo saben” (p. 241). Esta escena se desarrolla durante la Primera Guerra Mundial, cuando se fundó WILPF (1915).Y las dos pertenecemos a la Asociación de Escritores Aragoneses.

Su trayectoria literaria.

En 1977 se licenció en Filología Francesa con premio extraordinario. Esta super profesora, según algunos de sus alumnos, ha publicado abundantes artículos pedagógicos sobre la enseñanza del francés.

En literatura creativa ha recibido abundantes premios de microrrelatos y de poesía, géneros que incrusta muy bien en la novela que ahora comentamos.

El recuerdo exhausto es su primera novela. Ed. Avant, 2025. Premio 2024 de la novela Avant, Ciudad de
Ceuta.


La novela, El recuerdo exhausto.

El recuerdo exhausto es una figura retórica que abre y cierra la novela. Una metáfora de situación que sustenta el significado y la trama.

Hace referencia a la memoria fatigada que reflexiona sobre un pasado perdido y fragmentado.

Una metáfora, ya símbolo, que se hizo famosa con “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, cuya memoria se vuelve una carga insoportable. No es un recuerdo cansado en sí mismo, no. Es un recuerdo que agobia a la persona que lo arrastra. Y esa persona aplastada busca una salida, un camino que la lleve a la redención.

No connota el pesimismo de otros tópicos de la memoria. Se aleja de la nostalgia del Ubi sunt, que lamenta lo que hemos perdido; y del Memento mori, que nos recuerda que la muerte nos espera. En el Recuerdo exhausto sufrimos por lo que no podemos, pero queremos, olvidar. Y luchamos para liberarnos.

Olga lo utiliza como un puente emocional entre el trauma que atenaza a Rosario desde su adolescencia (p. 82) y la búsqueda de redención. Y todo engastado en los puntos clave en los que se apoya la literatura de redención.

La introspección femenina.

“Los recuerdos (son) lanas del espíritu con que tejen su vida las mujeres” (p. 81). Toda la novela es una madeja de recuerdos de mujeres que perpetúan el dolor. Una galería de rostros dolientes, como el de Liberia, que llevaba prendida la “banalización del sufrimiento” (p. 105).

A medida que vamos leyendo descubrimos que Rosario se siente encadenada a un dolor que se originó en el mundo rural y que la liberación solo le llegará con el olvido. Madame Madeleine la puso en el camino, pero no lo consiguió hasta que no quemó la última carta de su madre. Esa que tardó tanto tiempo en llegar porque la olvidó el cartero.

Una presencia permanente de la culpa y el dolor.

De eso se encargará Isidro, el cura, y las gentes de su entorno más cercano.

El recuerdo de su trauma se vuelve exhausto por la eterna repetición. Como en el mito de Sísifo, da vueltas en el interior. Por eso es envolvente y circular. El recuerdo exhausto aparece en el título y en la última frase de la novela: “se está desprendiendo de un recuerdo ya exhausto del que ha sido rehén” (p. 256).

Una tramoya en la que se representa la comedia humana.

El relato es un encaje de bolillos precioso y preciosista. Un encaje minucioso y perfecto, como si fuera el gran teatro del mundo en el que se cuentan historias de las Mil y una noches. O como si discurriera ante nosotros una comedia humana hispano francesa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Y todo, con una constante digressio ornamental, sostenido por un narrador omnisciente, ambivalente, que se aleja y se acerca a los personajes, como si fueran marionetas. Un impecable manejo de los hilos de la intriga, sin dejar cabos sueltos.

Detrás, la tramoyista ha apoyado su aparato en los pilares clásicos de la composición:

El paralelismo de situaciones, la oposición o juego de contrarios, la alternancia descripción-narración, que marca el ritmo de la novela. Y dos que aquí están muy destacados: la intertextualidad y la digressio ornamentalamplificatio.

La intertextualidad consiste en hacer referencia a otra obra literaria con la que dialoga el texto, de forma consciente o inconsciente. Es una forma de enriquecer el sentido y la trascendencia de lo narrado.

El concepto tiene su origen en los estudios literarios de Mijaíl Bajtín (1895-1975), aunque no usó el término "intertextualidad". Sentó las bases con el concepto “dialogismo”: el texto es un diálogo con voces y textos previos. Julia Kristeva (1941), acuñó el término intertextualidad en un artículo dedicado a analizar la obra de Bajtín. Descubrió que todas las obras literarias son un mosaico de citas, a veces ocultadas por el narrador.

En ellas los textos previos se relacionan: se absorben, se transforman y enriquecen el significado. Es una especie de tertulia en el texto, en la que el nuevo narrador dirige a las voces antiguas. Según el significado que queramos transmitir invitaremos a unos u a otros. Ese proceso de selección es una decisión del que escribe.

Unas veces cita o evoca a las obras  o los autores de forma directa. Otras, va dejando las trazas en el escrito. En esta novela nos llega el eco de una pléyade de escritos anteriores.

Es muy evidente el diálogo textual con el soneto más famoso de Pierre de Ronsard (p. 96); con Cumbres borrascosas de Emily Brontë (p. 98); con La filosofía en el tocador del Marqués de Sade (165); con La vida está en otra parte de Milan Kundera; con Madame Bovary de Gustave Flaubert (256). Asimismo, encontramos referencias a la Comedia humana de Honoré de Balzac y alusiones a Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais.

Otras veces son guiños. De repente nos topamos con una pequeña acotación que podría ser de un esperpento de Valle Inclán: “un bulto más perdido entre la negrura de las mujeres de los bancos” (p. 171). O una estructura como la de la escena del entierro de la madre de Isidro, la que comienza con “Antes de la llegada de los feligreses…” (p. 175), que nos trae a la mente el Réquiem de R. J. Sender.

La digressio ornamental o amplificatio es una técnica recomendada por los tratados de retórica clásica. Consiste en ir abriendo historias dentro de otras historias, en ir creando una especie de marasmo, para cerrarlas después poco a poco. Son escenas, o personajes que aparecen y desaparecen cuando ya han cumplido su función en el relato. Se trata de crear una atmósfera de incertidumbre que funcione como un entorno catártico. Es una forma de ayudar a la protagonista a purgar su culpa.

Además, Olga, una autora muy premiada en el género del microrrelato, muestra su destreza. En cada personaje, en cada situación, que abre una historia encuentra una ocasión para brindarnos un microrrelato. Este es el secreto por el que recordamos tan bien a la multitud de personajes que pueblan esta comedia humana.

Gracias, Olga. Ha merecido la pena leer y releer tu libro. He aprendido y he disfrutado mucho. De verdad.

                                                                                                            Carmen Romeo Pemán










domingo, 14 de diciembre de 2025

Reseña de "Hamartía", de Dayhanne Ureña


Muy a menudo, por la imposición de los actuales planes de estudio y la presión de ese engendro académico en que se ha convertido la actual selectividad se confunde la literatura con una serie de fechas, autores y características que es necesario memorizar y analizar de forma simplista apartándola de lo verdaderamente humano y convirtiéndola en una especie de pesado fardo mental o de nutriente de poca sustancia que es mejor arrojar cuanto antes porque no aporta nada.

Y, sin embargo, no es así. Sabemos que no es así. Para los que amamos la literatura, como Dayhanne Ureña Peralta, excelente compañero y profesor con el que tuvimos la enorme fortuna de compartir docencia y conversaciones el curso pasado en nuestro instituto, la literatura es una piel invisible adherida al alma que forma parte de nuestra esencia más íntima y a través de la cual nos relacionamos con la realidad.  Así al menos lo atestigua en su primer libro Hamartía,  título bastante enigmático de resonancias míticas que procede de la tragedia griega y cuya traducción es algo similar a “error trágico” o “falta que conduce a la caída”.  La hamartía es, pues, ese error fatal e inadvertido que comete el héroe y por el cual cae como juguete del destino y de la caprichosa voluntad de los dioses sin que haya posibilidad de reparación, vuelta atrás o redención- al menos, inmediata. Eso lo supo muy bien Edipo y lo sabemos bien quienes ya tenemos una cierta experiencia vital y unas cuantas lecturas de las de verdad a nuestras espaldas.

La referencia no es producto del capricho o de un intelectualismo mal entendido sino está buscada muy a propósito porque el libro del profesor Ureña quiere conectar y dar testimonio personal de una serie de pensamientos recurrentes sobre la condición trágica del ser humano que todos compartimos y que forman quizás el núcleo -o mejor dicho- el problema principal de nuestra ahora denostada cultura occidental desde al menos hace doscientos años. En este sentido el libro enlaza nuestro actual mundo, al que miramos constantemente como un mundo en crisis a punto para el apocalipsis definitivo, con el mundo clásico y con esa gran revolución del arte y del pensamiento que fue el Romanticismo que dio carta de naturaleza al individuo y que lo imaginó como un ser inocente que busca continuamente el sentido a la existencia sin encontrarlo, un individuo que, al final se ve arrastrado por ciegas y tiránicas fuerzas que lo condenan a la destrucción o a la inanidad. Lo que viene a definir nuestra existencia como absurda dado que no parece que haya nadie en el Universo a quien le importemos, como seguramente intuyó Gregor Samsa segundos antes de yacer patas arriba y ser sacado su cuarto para ser arrojado a la basura por su padre. De ahí que en las páginas del libro de Dayhanne Ureña compuesto de capítulos breves, 58 en total, de gran densidad conceptual y sensibilidad, sean recurrentes figuras mitológicas como las de Prometeo, Sísifo o filósofos como Schopenhauer, Nietzsche o Cioran a los que conoce y comprende extraordinariamente bien.

Las figuras míticas, como puede sospecharse, son espejos o metáforas que Ureña utiliza para que nos veamos reflejados de forma mítica, y por lo tanto heroica y nostálgica. Nos muestran a la manera helénica que nuestras luchas están de antemano destinadas al fracaso, al sin sentido y que el tiempo de nuestra –a veces dolorosa- existencia no tiene mayor duración que la caída de una hoja. Sísifo no deja de ser alguien que pone el despertador a las 6 y pico de la mañana, se va a trabajar o a estudiar, come, mira durante horas Instagram, cena, se echa a dormir y al día siguiente vuelve a hacer lo mismo. Y sin embargo, en esa lucha estéril y titánica destinada a la mortalidad está la grandeza, como bien sabe nuestro escritor. Aunque, quizás en mirar Instagram no haya tanta grandeza.

Los pensadores, por su parte, vienen a certificar lo mismo que los héroes pero sin el adorno simulador de las metáforas. De manera cruda Schopennhauer y su discípulo Nietzsche nos caracterizan como voluntades condenadas perpetuamente al deseo y a la frustración sin que haya ningún reposo. El autor de El mundo como voluntad y representación  nos exhorta para superar ese estado a la contemplación estética o a elegir el ascetismo muy similar al que preconizan los budistas; su discípulo, tras proclamar que “Dios ha muerto”, gritarlo por las calles de Europa y abrazar a un caballo maltratado por un cochero poco antes de morir, nos propone la superación del nihilismo para dar a luz al Superhombre. Aún andamos en ello. Cioran-el filósofo favorito de Dayhanne Ureña y por el que se halla muy influido- plantea aceptar la Nada. Y si no nos convencen aún podemos abrazar el pensamiento de los estoicos.  Eso es lo que en algunos momentos parece decirnos Ureña, aunque es el lector el que debe verse en el espejo que nos propone el creador de Hamartía.

En cualquier caso, la creación de Dayhanne Ureña va más allá de la parte que da alma intelectual a sus cincuenta y ocho capítulos, el libro también es una especie de diario íntimo descarnado con aforismos brillantes donde podemos entrever que Dayhanne Ureña es uno de esos héroes no solo por su condición humana sino también porque no ha tenido una existencia fácil. En sus páginas da cuenta de un modo muy sutil y apenas sugerido de la dureza de una vida dedicada al trabajo, a la búsqueda de la verdad, a la literatura, a la superación de experiencias. En los trazos negros de la escritura que pacientemente ha ido bosquejando el escritor se vislumbran las noches de insomnio, los amores pasajeros que parecieron eternos, las caídas morales y físicas, sus reflexiones sobre el lenguaje y la literatura, su pasión por Dostoievski, , su lucha con las limitaciones de la lengua para expresar lo inefable.

Habrá quien piense que el libro es una invitación al desánimo pero no es así. Hamartía evidentemente no es un libro complaciente al modo que lo pueden ser los libros de autoayuda-  es una invitación al autoconocimiento del lector, una invitación a considerar la literatura –aunque no sea del todo suficiente-como una forma de conocimiento del mundo y una propuesta vital que busca antes que la felicidad el ser. Como dice un gran hallazgo de Ureña: Las palabras nunca alcanzan lo que nombran pero son la única manera de decir lo indecible.


                                                                                    José Luis Garrido, profesor de Lengua y Literatura



También puede interesar del autor de Hamartía  El hacedor de sueños: Los Ángeles: entre el fuego y la herencia hispana

 

 

 


martes, 25 de noviembre de 2025

Día contra la violencia machista

 

        “El encaje roto”, Emilia Pardo Bazán

 

                        

 

Convidada a la boda de Micaelita Aránguiz con Bernardo de Meneses, y no habiendo podido asistir, grande fue mi sorpresa cuando supe al día siguiente -la ceremonia debía verificarse a las diez de la noche en casa de la novia- que esta, al pie mismo del altar, al preguntarle el obispo de San Juan de Acre si recibía a Bernardo por esposo, soltó un «no» claro y enérgico; y como reiterada con extrañeza la pregunta, se repitiese la negativa, el novio, después de arrostrar un cuarto de hora la situación más ridícula del mundo, tuvo que retirarse, deshaciéndose la reunión y el enlace a la vez.

No son inauditos casos tales, y solemos leerlos en los periódicos; pero ocurren entre gente de clase humilde, de muy modesto estado, en esferas donde las conveniencias sociales no embarazan la manifestación franca y espontánea del sentimiento y de la voluntad.

Lo peculiar de la escena provocada por Micaelita era el medio ambiente en que se desarrolló. Parecíame ver el cuadro, y no podía consolarme de no haberlo contemplado por mis propios ojos. Figurábame el salón atestado, la escogida concurrencia, las señoras vestidas de seda y terciopelo, con collares de pedrería; al brazo la mantilla blanca para tocársela en el momento de la ceremonia; los hombres, con resplandecientes placas o luciendo veneras de órdenes militares en el delantero del frac; la madre de la novia, ricamente prendida, atareada, solícita, de grupo en grupo, recibiendo felicitaciones; las hermanitas, conmovidas, muy monas, de rosa la mayor, de azul la menor, ostentando los brazaletes de turquesas, regalo del cuñado futuro; el obispo que ha de bendecir la boda, alternando grave y afablemente, sonriendo, dignándose soltar chanzas urbanas o discretos elogios, mientras allá, en el fondo, se adivina el misterio del oratorio revestido de flores, una inundación de rosas blancas, desde el suelo hasta la cupulilla, donde convergen radios de rosas y de lilas como la nieve, sobre rama verde, artísticamente dispuesta, y en el altar, la efigie de la Virgen protectora de la aristocrática mansión, semioculta por una cortina de azahar, el contenido de un departamento lleno de azahar que envió de Valencia el riquísimo propietario Aránguiz, tío y padrino de la novia, que no vino en persona por viejo y achacoso -detalles que corren de boca en boca, calculándose la magnífica herencia que corresponderá a Micaelita, una esperanza más de ventura para el matrimonio, el cual irá a Valencia a pasar su luna de miel-. En un grupo de hombres me representaba al novio algo nervioso, ligeramente pálido, mordiéndose el bigote sin querer, inclinando la cabeza para contestar a las delicadas bromas y a las frases halagüeñas que le dirigen…

Y, por último, veía aparecer en el marco de la puerta que da a las habitaciones interiores una especie de aparición, la novia, cuyas facciones apenas se divisan bajo la nubecilla del tul, y que pasa haciendo crujir la seda de su traje, mientras en su pelo brilla, como sembrado de rocío, la roca antigua del aderezo nupcial… Y ya la ceremonia se organiza, la pareja avanza conducida con los padrinos, la cándida figura se arrodilla al lado de la esbelta y airosa del novio… Apíñase en primer término la familia, buscando buen sitio para ver amigos y curiosos, y entre el silencio y la respetuosa atención de los circunstantes… el obispo formula una interrogación, a la cual responde un «no» seco como un disparo, rotundo como una bala. Y -siempre con la imaginación- notaba el movimiento del novio, que se revuelve herido; el ímpetu de la madre, que se lanza para proteger y amparar a su hija; la insistencia del obispo, forma de su asombro; el estremecimiento del concurso; el ansia de la pregunta transmitida en un segundo: «¿Qué pasa? ¿Qué hay? ¿La novia se ha puesto mala? ¿Que dice «no»? Imposible… Pero ¿es seguro? ¡Qué episodio!…«

Todo esto, dentro de la vida social, constituye un terrible drama. Y en el caso de Micaelita, al par que drama, fue logogrifo. Nunca llegó a saberse de cierto la causa de la súbita negativa.

Micaelita se limitaba a decir que había cambiado de opinión y que era bien libre y dueña de volverse atrás, aunque fuese al pie del ara, mientras el «sí» no hubiese partido de sus labios. Los íntimos de la casa se devanaban los sesos, emitiendo suposiciones inverosímiles. Lo indudable era que todos vieron, hasta el momento fatal, a los novios satisfechos y amarteladísimos; y las amiguitas que entraron a admirar a la novia engalanada, minutos antes del escándalo, referían que estaba loca de contento y tan ilusionada y satisfecha, que no se cambiaría por nadie. Datos eran estos para oscurecer más el extraño enigma que por largo tiempo dio pábulo a la murmuración, irritada con el misterio y dispuesta a explicarlo desfavorablemente.

A los tres años -cuando ya casi nadie iba acordándose del sucedido de las bodas de Micaelita-, me la encontré en un balneario de moda donde su madre tomaba las aguas. No hay cosa que facilite las relaciones como la vida de balneario, y la señorita de Aránguiz se hizo tan íntima mía, que una tarde paseando hacia la iglesia, me reveló su secreto, afirmando que me permite divulgarlo, en la seguridad de que explicación tan sencilla no será creída por nadie.

-Fue la cosa más tonta… De puro tonta no quise decirla; la gente siempre atribuye los sucesos a causas profundas y trascendentales, sin reparar en que a veces nuestro destino lo fijan las niñerías, las «pequeñeces» más pequeñas… Pero son pequeñeces que significan algo, y para ciertas personas significan demasiado. Verá usted lo que pasó: y no concibo que no se enterase nadie, porque el caso ocurrió allí mismo, delante de todos; solo que no se fijaron porque fue, realmente, un decir Jesús.

Ya sabe usted que mi boda con Bernardo de Meneses parecía reunir todas las condiciones y garantías de felicidad. Además, confieso que mi novio me gustaba mucho, más que ningún hombre de los que conocía y conozco; creo que estaba enamorada de él. Lo único que sentía era no poder estudiar su carácter; algunas personas le juzgaban violento; pero yo le veía siempre cortés, deferente, blando como un guante. Y recelaba que adoptase apariencias destinadas a engañarme y a encubrir una fiera y avinagrada condición. Maldecía yo mil veces la sujeción de la mujer soltera, para la cual es imposible seguir los pasos a su novio, ahondar en la realidad y obtener informes leales, sinceros hasta la crudeza -los únicos que me tranquilizarían-. Intenté someter a varias pruebas a Bernardo, y salió bien de ellas; su conducta fue tan correcta, que llegué a creer que podía fiarle sin temor alguno mi porvenir y mi dicha.

Llegó el día de la boda. A pesar de la natural emoción, al vestirme el traje blanco reparé una vez más en el soberbio volante de encaje que lo adornaba, y era el regalo de mi novio. Había pertenecido a su familia aquel viejo Alençón auténtico, de una tercia de ancho -una maravilla-, de un dibujo exquisito, perfectamente conservado, digno del escaparate de un museo. Bernardo me lo había regalado encareciendo su valor, lo cual llegó a impacientarme, pues por mucho que el encaje valiese, mi futuro debía suponer que era poco para mí.

En aquel momento solemne, al verlo realzado por el denso raso del vestido, me pareció que la delicadísima labor significaba una promesa de ventura y que su tejido, tan frágil y a la vez tan resistente, prendía en sutiles mallas dos corazones. Este sueño me fascinaba cuando eché a andar hacia el salón, en cuya puerta me esperaba mi novio. Al precipitarme para saludarle llena de alegría por última vez, antes de pertenecerle en alma y cuerpo, el encaje se enganchó en un hierro de la puerta, con tan mala suerte, que al quererme soltar oí el ruido peculiar del desgarrón y pude ver que un jirón del magnífico adorno colgaba sobre la falda. Solo que también vi otra cosa: la cara de Bernardo, contraída y desfigurada por el enojo más vivo; sus pupilas chispeantes, su boca entreabierta ya para proferir la reconvención y la injuria… No llegó a tanto porque se encontró rodeado de gente; pero en aquel instante fugaz se alzó un telón y detrás apareció desnuda un alma.

Debí de inmutarme; por fortuna, el tul de mi velo me cubría el rostro. En mi interior algo crujía y se despedazaba, y el júbilo con que atravesé el umbral del salón se cambió en horror profundo. Bernardo se me aparecía siempre con aquella expresión de ira, dureza y menosprecio que acababa de sorprender en su rostro; esta convicción se apoderó de mí, y con ella vino otra: la de que no podía, la de que no quería entregarme a tal hombre, ni entonces, ni jamás… Y, sin embargo, fui acercándome al altar, me arrodillé, escuché las exhortaciones del obispo… Pero cuando me preguntaron, la verdad me saltó a los labios, impetuosa, terrible… Aquel «no» brotaba sin proponérmelo; me lo decía a mí propia… ¡para que lo oyesen todos!

-¿Y por qué no declaró usted el verdadero motivo, cuando tantos comentarios se hicieron?

-Lo repito: por su misma sencillez… No se hubiesen convencido jamás. Lo natural y vulgar es lo que no se admite. Preferí dejar creer que había razones de esas que llaman serias…

 

lunes, 24 de noviembre de 2025

 

                                        Noviembre en la biblioteca

 

Realmente arrancamos las actividades de este mes la última semana de octubre, en la que, como es habitual, organizamos la lectura de relatos de misterio y terror en torno a la celebración de Todos los Santos. ¡Y vamos por la XVII edición! Este año el tema es “El doble”, y alrededor de este clásico han girado los relatos que, desde la biblioteca, hemos propuesto para la lectura en los grupos de 2º y 3º ESO.  “La muerte de mi doble” de José Mª Salaverría, “La historia del difunto Mr. Elvesham” de H.G. Wells y “Uno de los gemelos” de A. Bierce son algunos de los títulos seleccionados para estos niveles. Todos ellos recogidos, entre otros, en la interesante antología Alter ego. Cuentos de dobles, que el profesor Álvaro Checa compartió con el Departamento de Lengua Castellana y Literatura.



También “Miss Amnesia” de Mario Benedetti nos ha dado juego con su inquietante trama. Otras opciones han sido algunos fragmentos de El doctor Jekyll y Mr Hyde de Stevenson y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde.

Para la ambientación, como siempre, hemos aprovechado la Biblioteca Histórica María Moliner, decorada para la ocasión.

 

 

                        

 

 

                        

 

 

                

 

                        

 

                    Concurso: ¿Qué conoces de las bibliotecas del Instituto Goya?

         Ya tenemos a los ganadores de 1º ESO, quienes recibieron un pequeño obsequio para premiar que fueron los que más respuestas acertaron (ver ficha en la entrada anterior del blog).

 

                    

 

 

                                 

                                            Grupo de lectura “Leer juntos”

        

Arrancamos las tertulias este curso con una novela que dio mucho juego, La mala costumbre de Alana S. Portero. En este caso, podemos constatar que la novela no dejó a nadie indiferente. Hablamos de su calidad literaria, de una trama poco habitual en la literatura y de la capacidad de emocionar con una historia tan bien contada. Como subrayaron algunas de las intervinientes, gracias a esta novela hemos podido adentrarnos con profundidad en el complejo recorrido de una persona transexual y esto nos ha proporcionado una mayor cercanía a este tema. La literatura como conocimiento del mundo.

Resulta de verdad interesante y enriquecedor poder asistir a un encuentro literario tan intergeneracional como el que se vive en el Instituto Goya desde hace tantos años.

 

 

                        

 

                        

 

 

jueves, 30 de octubre de 2025

XVII Semana de la literatura de misterio y terror en el Instituto Goya




Bases del concurso de relatos


XVII SEMANA DE LA LITERATURA DE MISTERIO Y TERROR

                              “El doble: Hoy te he visto, pero eras otra persona”

 

Inventa un relato fantástico de misterio o terror en el que aparezca de algún modo el tema del doble. Puede ser que alguien tenga un igual en otra parte o que una persona de gran parecido provoque un malentendido; puede ser que el parecido o la igualdad sean de comportamiento… ¡Deja volar tu imaginación!

                                         .

Consejos para el proceso de creación

Antes de escribir:

-       Crea los personajes que participen en los hechos (que sean muy pocos: uno, dos, tres a lo sumo).

-       Localiza los hechos en un tiempo lejano y en un lugar misterioso pero real.

-       Inventa un conflicto que necesite de la reacción del protagonista: un castigo, una prueba, una discusión, un amor prohibido…

-       Concibe un desenlace sorprendente.

-       Elige el tipo de narrador (te recomiendo el narrador interno, en primera persona).

-       Idea un título sugerente para tu cuento.

A la hora de escribir:

-       Cuida la expresión y el vocabulario. Lee en voz alta lo que has escrito, coloca los signos de puntuación cuando hagas pausas en la lectura y corrige todo aquello que no te suene bien o pueda expresarse mejor.

-       Introduce, si fuera necesario, diálogos y descripciones que den a tu narración un carácter más teatral o un ritmo más lento y detallista.

Bases:

Concurso abierto a los alumnos y alumnas del Instituto Goya de todos los niveles.

Extensión máxima de tres folios, formato de letra Times New Roman de 12 puntos, interlineado de 1,15.

En la cabecera de la primera página deberás indicar el título del relato, tu nombre y apellidos, el curso y grupo.

Debes enviarla, por email, en un archivo word antes del 28 de noviembre a tu profesor o profesora de Lengua y Literatura.

Los relatos seleccionados serán publicados en el número especial que todos los años edita la biblioteca con la colaboración del departamento de Lengua Castellana y Literatura y el departamento de Artes Plásticas.

                             

                                        ¡Anímate a inventar tu propia historia!




jueves, 23 de octubre de 2025

Visitas guiadas a la biblioteca

 

                        

 

Durante los meses de septiembre y octubre hemos organizado una serie de visitas guiadas a las bibliotecas del centro para los alumnos de 1.º ESO.

            Partimos del mural del patio donde aparecen dibujadas Irene Vallejo y María Moliner. A partir de la información que han recabado los alumnos y las alumnas por su cuenta, relacionamos a estas dos filólogas con el instituto y tratamos acerca de sus logros dentro del mundo de la escritura.

Tras este primer punto de encuentro, nos sumergimos en la Biblioteca Histórica María Moliner; allí pueden comprobar la magnitud del diccionario de la aragonesa con los ejemplares que les mostramos. Además, explicamos la procedencia de sus fondos. A los alumnos les sorprende que haya obras del siglo XVI en su instituto, así que les recordamos brevemente la historia del Goya. Tras un paseo por entre sus vitrinas para poder entender la importancia del lugar, rellenan parte de un cuestionario a fin de comprobar lo que han ido aprendiendo en la visita. Después sabrán que completarla pronto y bien lleva premio.

                        



              Nos trasladamos al tercer espacio de la visita, a la Biblioteca Escolar “Irene Vallejo” con el objetivo de que entiendan cómo y cuándo pueden utilizar estas instalaciones, hacer uso del servicio de préstamo o sugerir la compra de un ejemplar. Aprovechamos además para repasar las partes del libro con El infinito en un junco, obra que nos traslada a los orígenes de la escritura. Tras recorrer los estantes de esta biblioteca y comprobar dónde se sitúan los libros según sus preferencias, terminan completando el cuestionario con la información recabada. ¡Quienes lo completen bien con rapidez recibirán un marcapáginas donde se recoge un episodio de la historia de nuestro instituto! Los minutos se nos han pasado volando y parece, según nos dicen, que se van a animar a acercarse más a este espacio que es la entrada al mundo de los libros.

 

 

                    

                                  

                       

                                 

¿Qué conoces de las bibliotecas de tu instituto?

 

Intenta completar el cuestionario como hacen los alumnos en cada visita.

1. ¿Qué estudia una persona que se dedica a la Filología?

2.     ¿Por qué se propuso María Moliner escribir un nuevo diccionario?

3.    ¿Cómo se titula la obra más importante de Irene Vallejo? ¿En qué año se publicó?

4.    ¿Qué relación tienen María Moliner e Irene Vallejo con el Instituto Goya?

 Biblioteca histórica “María Moliner”

5.    ¿De qué siglo son los libros más antiguos que se guardan aquí?

6.    ¿Por qué posee tantos libros antiguos?

Biblioteca escolar “Irene Vallejo”

7.    ¿Por qué se titula el libro más importante de Irene Vallejo __________________________?

8.    ¿Cómo se llama la parte trasera de un libro?

9.    ¿De qué color es la pegatina que llevan las novelas juveniles de aventuras en la parte baja del lomo?

10. ¿Cuál es el contenido de las novelas juveniles que llevan en el lomo una pegatina negra

11. ¿Cuántos libros puedo llevarme en préstamo? ¿Cuántos días?

12 ¿Qué puedo hacer si pasa el tiempo de préstamo y no me he terminado el libro o lo necesito para clase?

13. ¿De qué manera puedo proponer que se compre un libro en la biblioteca?



¿Cuántas respuestas conoces? Pásate por la biblioteca durante el recreo de la mañana o de la tarde si quieres saber más. Estamos para ayudarte. ¡Los libros te están esperando!

                                                                                                                    

 

                                                                             

                                                                                             Marily Gómez

                                                                                    Encargada de la biblioteca