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domingo, 16 de agosto de 2020
"Tú no has visto el alba", de José Luis Hidalgo
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jueves, 13 de agosto de 2020
"El buen impresor", microcuento de Alfonso Reyes
El buen impresor
El sino del impresor "amateur" es la desdicha.
Tenía que imprimir una Doctrina Cristiana que empezaba con la frase: "Dios hizo el mundo en siete días", y quería a toda costa emplear en el libro sagrado la mejor capitular que tenía: una hermosa mayúscula de misal, vestida de rojos y oros vivos, con ángeles azules y festones de flores, bandas y columnas simbólicas, pájaros vistosos.
Ahora bien, el libro empezaba por "D", y la mayúscula historiada era una "F".
El impresor se decidió a tocar levemente el original, e imprimió así:
"Francamente, Dios hizo el mundo en siete días".
(Y es lástima que no fuera erudito en doctrinas heterodoxas, porque pudo haber puesto, con mayor sentido: "Finalmente, Dios hizo el mundo en siete días". ¡El principio del fin!).
De Calendario, 1923
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| El escritor Alfonso Reyes. (elpais.com) |
Alfonso Reyes Ochoa (Monterrey, 1889-Ciudad de México, 1959) fue un escritor, crítico y ensayista mexicano, considerado por Borges como el mejor prosista español de cualquier época. Junto con Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos formó parte del grupo cultural Ateneo de la Juventud (1909-1913). Licenciado en Derecho en 1913, tras la muerte violenta de su padre, el general Bernardo Reyes, se exilió en España y residió en Madrid desde 1914 hasta 1924. En esos años trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, dirigido por Menéndez Pidal, y escribió la versión en prosa del Cantar de mio Cid. Su ingreso en el servicio diplomático lo llevó a destinos como París, Río de Janeiro y Buenos Aires, donde entró en contacto con Silvina Ocampo, Leopoldo Lugones, Borges y Bioy Casares. Desempeñó diferentes cargos hasta 1938, en que abandonó la carrera por la literatura. De vuelta a su país, fundó la cátedra de Historia de la lengua y literatura españolas en la universidad de la capital y creó y dirigió la Casa de España, que daría origen al Colegio de México, y la Capilla Alfonsina. En 1940 fue elegido miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que fue director entre 1957 y 1959. En 1945 ganó el Premio Nacional de Literatura. Fue candidato al Premio Nobel en cinco ocasiones. Murió el 27 de diciembre de 1959 y fue enterrado en la Rotonda de Hombres Ilustres.
Hombre de inmensa cultura, es una de las figuras más importantes de las letras hispanoamericanas, que destacó especialmente como filólogo y crítico. Sus estudios sobre literatura continúan siendo un referente en lengua castellana. Cultivó casi todos los géneros literarios. De su obra poética destacan el poema dramático Ifigenia cruel (1924), Romances del río de enero (1933), Otra voz (1936), Cantata en la tumba de Federico García Lorca (1937) y la antología Obra poética: 1906-1952 (1952). De su narrativa, El plano oblicuo (1920), La casa del grillo (1945) y Los tres tesoros (1955); y de su vasta producción ensayística: El suicida (1917), Visión de Anáhuac y Cartones de Madrid (1917), Retratos reales e imaginarios (1920), Simpatías y diferencias (1921-1926), Cuestiones gongorinas (1927), Las vísperas de España (1937), La crítica en la edad ateniense (1941), La experiencia literaria (1942), El deslinde: prolegómenos a la teoría literaria (1944), Letras de la Nueva España (1948), Estudios helenísticos (1957) y La filosofía helenística (1959). Nos dejó, además, excelentes traducciones de Chejov, L. Sterne, G. K. Chesterton, así como sus ediciones críticas de autores españoles.
domingo, 9 de agosto de 2020
"Mi corazón nació desnudo" (My heart born naked) , de John Berger
Entrada relacionada:
domingo, 2 de agosto de 2020
Un poema de Derek Walcott
Escribe Luis Ingelmo que en Garcetas blancas (White Egrets) están presentes las constantes en la poesía de Derek Walcott: la influencia de la pintura en la lírica, las constantes referencias a la naturaleza, al pasado colonial de Santa Lucía y a la condición insular de esta, así como al multilingüismo antillano; también, el nomadismo del poeta por distintos países europeos y americanos y su preocupación por la conversión del perdido paraíso caribeño en un parque temático o en un lugar de vacaciones. Y está el mar. Pero es, sobre todo, el testamento del escritor:
Pero Garcetas Blancas es, acaso más que nada, el testamento con el que el premio Nobel antillano da fe de la sospecha de que ha topado, por fin, con algo que se asemeja bastante a las respuestas que llevaba buscando a sus constantes inquietudes, ahora que se acerca el ocaso de su vida.
viernes, 31 de julio de 2020
Un paseo por Zaragoza con Inmaculada Martín Catalán
Inmaculada Martín Catalán (Teruel, 1949), profesora, escultora, dibujante y pintora, comenzó su preparación inicial en Zaragoza con el pintor Alejandro Cañada. Estudió Bellas Artes en Barcelona y Madrid, donde se licenció en la especialidad de Escultura.
Además de su reconocida carrera artística, es una experta en carteles y trabaja con varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.*
Muy vinculada al IES Goya, donde fue profesora hasta su jubilación, forma parte desde sus inicios de nuestra tertulia literaria y colabora en el blog "El hacedor de sueños".
Hoy queremos compartir con los lectores algunas de sus creaciones. Se trata de "instantáneas" de la vida en nuestra ciudad plasmadas en su cuaderno, gracias a las cuales podemos realizar un artístico paseo virtual por Zaragoza.
*La información procede del blog 'Letras desde Mocade'.
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jueves, 30 de julio de 2020
"El espiritista de O Grove", un relato de Domingo Villar
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| Cementerio de Rubiáns. GONZALO SALGADO (diariodearousa.com) |
El espiritista
de O Grove[1]
Augusto Sueiro
apareció un domingo de marzo en la puerta del cementerio de San Martiño
asegurando que podía hablar con los muertos y ofreciéndose como espiritista a
los que quisieran conversar con sus difuntos. Vestía ropas harapientas y
llevaba una pipa humeando en la boca y un letrero con la tarifa colgado en el
pecho.
Nadie en O Grove lo conocía y su aspecto generó desconfianza al
principio, pero con el paso de los días, cuando se fueron acostumbrando a su
presencia, fue creciendo en ellos el prurito de la curiosidad.
La primera cliente de Augusto Sueiro fue Consuelo, una viuda que todos
los días pasaba un rato junto a la tumba de su hombre. Augusto le cobró por
adelantado y la siguió por el cementerio hasta el nicho. "¿Qué le quiere
decir a Balbino?", inquirió el espiritista, leyendo el nombre en el
mármol. "Que cómo está", respondió ella con rubor. Entonces Augusto
colocó las manos alrededor de la boca para hacer retumbar la voz, se acercó al
nicho y chilló: "¡Balbino, pregunta Consuelo que cómo estás!".
Después pegó la oreja al mármol para escuchar la respuesta y se la trasmitió a
la mujer: por lo visto, Balbino había perdido un poco de peso, pero en general
se encontraba bien.
Aquella fue la primera de las muchas ocasiones en que Augusto medió entre los
vivos y los muertos de O Grove aquella primavera en que la gente no dejó de
hablar del hombre de la pipa. Unos pensaban que era un charlatán. Otros, que
había escapado de un frenopático[2].
También había quien mantenía que era un aparecido, un muerto que se había
quedado encerrado en este lado tras una excursión nocturna con otros difuntos,
y que de ahí le venía la intimidad que tenía con ellos.
Un mes y pico después, uno de sus clientes se interesó por si, además de
la facultad de hablar con los muertos, no tendría poderes adivinatorios.
Augusto confesó con cierta modestia que, como los augures de la antigua Roma,
era capaz de ver el futuro en las cosas sencillas de la naturaleza, como el
vino o la empanada[3],
siempre que no fuera de chocos[4],
porque la tinta emborronaba las predicciones. Tampoco podía visualizar el
porvenir más de dos veces cada día por el esfuerzo inmenso que comportaba el
presagiar. Cuando en la villa se supo que Augusto Sueiro podía revelar el
futuro, hasta los vecinos más descreídos fueron venciendo sus prejuicios. De a
dos, algunos de los que renegaban pasaron por el cementerio llevando lambonadas[5]
al médium.
Una tarde Augusto recibió la visita de Tacho el Moscón, un contrabandista
célebre de Vilagarcía[6]
atraído como los otros hasta el oráculo por la posibilidad de conocer el
futuro. El rufián se interesó por los signos de la quiniela y Augusto Sueiro
trató de quitárselo de encima con el pretexto de que era capaz de ver el futuro
pero no podía influir en él. En cuanto el Moscón sacó la pistola, el
espiritista, muerto de miedo, le dio los catorce signos al tuntún[7].
La tercera semana que acertó, el Moscón fue detenido acusado de lavar
dinero negro y juró vengarse de Augusto que, asustado y perplejo, escapó.
Un taquillero del puerto de Vigo[8]
contó que un hombre de aspecto alocado con una pipa en los labios se había
acercado a la estación marítima con la intención de comprar un pasaje para
América. Acabaron por venderle un billete de ida y vuelta para las Cíes[9]
y el hombre partió entre los turistas. Nunca lo volvieron a ver.
(Domingo Villar, Dos gotas en el mar. Cuentos, Siruela 2019, edición no venal*)
[1]
O Grove (El Grove): municipio gallego
situado en la provincia de Pontevedra, a la entrada de la ría de Arousa
(Arosa).
[2] frenopático: coloq. Hospital o clínica
donde se trata a los enfermos mentales (rae).
[3] empanada: masa de pan rellena de carne,
pescado, verdura, etc., cocida en el horno (rae).
[4] choco: sepia (rae).
[5]
lambonada: cosa de comer,
generalmente dulce, que se toma más por gusto que para alimentarse (Dicionario Real
Academia Galega).
[6] Vilagarcía de Arousa (Villagarcía de
Arosa): localidad de la provincia de Pontevedra.
[7] al tuntún: sin cálculo ni reflexión o
sin conocimiento del asunto (rae).
[8] Vigo: ciudad situada junto a la ría del mismo nombre, en la costa noroeste de España, provincia de
Pontevedra.
[9] Cíes:
archipiélago formado por tres islas situado en la boca de la ría de Vigo.
*Las notas son nuestras.
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| El escritor Domingo Villar (elcorreogallego.es) |
Domingo Villar (Vigo, 1971) es un escritor español de novela negra que escribe en lengua gallega. Con Ojos de agua (2006), su primera novela, inaugura la exitosa serie protagonizada por el inspector Leo Caldas. Su segundo título, La playa de los ahogados (2009), que obtuvo excelentes críticas y fue llevada al cine por Gerardo Herrero, supuso su consagración internacional. El último barco (2019) es la última entrega de una serie que ha sido traducida a más de quince idiomas y cosechado numerosos premios, entre los que cabe destacar el Novelpol en dos ocasiones, el Antón Losada Diéguez, el Premio Sintagma, el Premio Brigada 21, el Frei Martín Sarmiento y Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia. También ha sido finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia y del premio de la Academia Sueca de Novela Negra.
Actualización:
Domingo Villar ha fallecido hoy, 18 de mayo de 2022, tras sufrir un ictus. Tenía 51 años.
domingo, 26 de julio de 2020
"Del regreso imposible" y otro poema de William Ospina
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| Fotografía: Ferdinando Sccianna, Sicilia, 1987
Del regreso imposible
Años de soledad, años de prisa.
La pirámide, el ala y el desgaste,
después de aquellos años regresaste,
iguales la belleza y la sonrisa.
Algo sentí, no sé por qué, desierto,
y era por eso, al fin, que había llorado.
Algo en tu corazón había cambiado,
imperceptible casi, pero cierto.
Algo dejaba aquella dicha trunca:
tu amor, el que se fue, no volvió nunca,
por él tiembla la boca que te besa.
Alguien llegó con cosas del pasado,
alguien que habla de ayer ha regresado,
pero aquel que se fue jamás regresa.
El amor de los hijos del águila
En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado ya tiemblan, invisibles, las ondas del estanque.
En mis labios ya están, invisibles, tus labios.
(En William Ospina, Una sonrisa en la oscuridad, Poesía 28, Colección
Un libro por centavos,Universidad Externado de Colombia, Facultad de
Comunicación Social-Periodismo, 2007)
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