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domingo, 1 de noviembre de 2020

Un poema de Odysseas Elytis





    Del inofensivo, del esperanzado, del intrépido


Ahora, en la barca que donde quiera que subas llegará vacía
Yo aspiro: a un lejano Cerámico marino
Con Kores de piedra que sostienen flores. Será de noche y en
          agosto
Cuando cambian de guardia las constelaciones. Y las montañas
          ligeras
Llenas de aire oscuro se alzan un poco por encima de la línea del
          horizonte
Olor aquí y allá a hierba quemada. Y una pena de origen desco-
          nocido
Que desde lo alto
                               forma un arroyuelo sobre el mar adormecido

Brilla dentro de mí aquello que ignoro. Y sin embargo brilla

¡Ah hermosura! Aunque nunca te entregaste entera a mí
Algo conseguí robarte. Hablo de ese verde de la pupila que por vez
          primera
Penetra en el amor y ese otro oro, que donde quiera que lo colo-
          ques cual julio brilla
Empuñad los remos los habituados al trabajo duro. Que me llevéis
          allí donde van los demás
No puede ser. No nací para pertenecer a parte alguna
Vasallo del cielo allí de nuevo quiero establecerme
Con mis derechos. También lo dice el viento
"De niño el milagro es flor y cuando crece, muerte"

¡Ah hermosura! Tú me entregarás como Judas
Será de noche y en agosto. Enormes arpas aquí y allá se escu-
          charán y
Con el poco azul de mi alma Oxópetra comenzará a emerger
De las tinieblas. Pequeñas diosas, jóvenes desde la eternidad
Frigias o lidias con coronas de plata y con alas verdosas se reunirán
          cantando en torno a mí
Cuando las penas de cada uno se paguen al contado
Colores de guijarro amargo: a tanto
Broches de dolor todos tus amores: a tanto
La turba de la roca y la horrenda rotura de tu sueño ilimitado: a
          dos veces tanto

Hasta que en algún momento el fondo del mar con todo su planc-
          ton iluminado
Virará sobre mi cabeza. Y otras cosas hasta entonces sin des-
          velar
Aparecerán como vistas dentro de mi carne
Peces del aire, cabras de cuerpo enjuto contra las olas campanilleos
          del Perfumado

Mientras lejos en el fondo de la tierra seguirá girando con una barca
          negra y vacía perdida en sus mares.


               De Elegías de Oxópetra (1991). En Dignum est y otros poemas.
Edición bilingüe de Cristián Carandell. Galaxia Gutenberg/Círculo de
Lectores, Barcelona, 2008

El poeta Odisseas Elytis

"La primera verdad es la muerte", ha dicho Odysseas Elytis, y este es el tema que aborda en sus últimos poemarios: Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995), obras en que la claridad solar  y la luminosidad del paisaje griego ceden el paso a los tonos más oscuros y lúgubres. De ellas  escribe Cristián Carandell:

Con numerosas referencias autobiográficas, domina en ellas el tono elegíaco y, a menudo, hermético. Son además el compendio de los diversos registros de la peculiar lengua poética de Elytis, que prueban su capacidad de combinar lo antiguo y lo moderno, pathos y lenguaje cotidiano.
Elegías de Oxópetra, publicado cuando el poeta tenía ochenta años, comprende catorce poemas, un múltiplo de siete, número en torno al cual compone varias de sus obras. En este libro la "metafísica solar" característica de la obra de Elytis, ha quedado abolida y, bajo la influencia de románticos alemanes como Novalis o Hölderlin, predomina un paisaje nocturno. El título del libro hace referencia al cabo de la isla de Astipálea; sin embargo, Elytis utiliza el término "Oxópetra", que significa 'la roca de fuera', como un punto avanzado de la vida dentro de la muerte.

Del análisis del  poema elegido, de enorme complejidad, se ha ocupado Álvaro García Marín en "Odiseas Elitis. Un itinerario místico", trabajo que intentaremos sintetizar en estas líneas. Respecto al título, explica Carandell, que el 2 de noviembre, día del nacimiento de Elytis, está dedicado en el calendario de la iglesia griega a los tres mártires designados con los epítetos que dan título al poema. García Marín añade que desde el comienzo el contenido del poema se vincula con la vida y la muerte del poeta:
poniendo el acento, además, en que, al igual que los mártires que de  algún modo "presiden" su vida, vencieron a la muerte, él también la vencerá. Lo religioso y lo poético se entrelazan desde el principio.

La barca del inicio remite al barquero Caronte y al viaje de los muertos al Hades. Esta referencia a la muerte clásica sumada a la muerte cristiana del título evidencia, como observa García Marín, un sincretismo paganismo-cristianismo que desarrollará a lo largo del poema, que García Marín interpreta como un itinerario  místico en busca de iluminación. El viaje ha comenzado voluntariamente, pues el deseo  de  atravesar la muerte ("Yo aspiro:  a un lejano Cerámico marino") para salir al otro lado, a  la iluminación, lo ha empujado a subir a la barca. 

La muerte, por influencia de Rilke, no es ya la negación de la vida sino "un ámbito de libertad mística" en que los contrarios desaparecen y  en el que "debe sobrevenir la iluminación y el conocimiento de lo inefable", explica García Marín. El Cerámico, barrio de los Alfareros de Atenas que fue cementerio en la Antigüedad sugiere la idea de la muerte, pero es un cementerio marino, que remite al de Paul Valéry, un infinito ("largo") abismo devorador en el que, no obstante, prevé la existencia de vestigios de vida que conduzcan a la salvación: las muchachas,  las Kores de piedra que sostienen flores, una forma del espíritu en la oscuridad del comienzo de la noche, pero se trata de un espíritu inerte: las Kores son de piedra.

La experiencia de la muerte se producirá "de noche", con lo que aparece la oscuridad en la que el poeta va penetrando paso a paso. El mediodía, el momento de la transparencia en su poesía anterior, deja paso a la noche, en la que ahora comenzará a realizarse la transparencia. Pero la oscuridad se atenúa porque se trata de una noche de "agosto", corta y luminosa, por tanto; lo que significa que la oscuridad que ha de  atravesar no es perpetua ni tan profunda como cabría pensar. Es una noche estrellada en la que además va a producirse un fenómeno cósmico que afecta a todo el universo: "cambian de guardia las constelaciones".

A partir de ese momento empieza a producirse, en opinión de A. García Marín, un fenómeno de interiorización y espiritualización del espacio. Los montes se vuelven ligeros y se llenan de aire oscuro que borra sus contornos materiales. Las espiritualización se completa por el hecho de que "leviten" por encima de la línea del horizonte. A pesar de la espiritualización, los sentidos siguen siendo el primer elemento de percepción: "Olor aquí y allá a hierba quemada". El poeta, según García Marín, parece avanzar a ciegas: no ve el fuego, tan solo percibe su olor. 

En los versos siguientes parece producirse una primera intervención sobrenatural: "una pena de origen desconocido" que vivifica las aguas de ese mar adormecido, símbolo de la muerte. Y el poeta experimenta en su interior una suerte de iluminación, que no alcanza a comprender pero le hace tomar conciencia del misterio que lo habita. 

Entonces interpela a la belleza (para Elytis, "un camino hacia la parte desconocida de nosotros mismos, hacia aquello que nos trasciende") y le reprocha que nunca se le ha entregado por entero. Y es que la aprehensión de la belleza (tradicionalmente asociada a lo absoluto, a Dios) no se produce por voluntad del sujeto, sino que se da ella de una sola vez e irracionalmente, como el arrebato que describen los místicos. Sin embargo, el poeta ha podido percibir  en su vida atisbos de esa belleza: en la pasión amorosa y en "ese otro oro", que para García Marín, hace referencia a la luz del sol, que el poeta siempre reconoció como portadora del misterio.

Tomando conciencia de su singularidad ("Que me llevéis allá donde van los demás / No puede ser"), el poeta sabe ahora cuál es su patria verdadera: es "Vasallo del cielo", y allí debe llegar al final de su viaje ("allí de nuevo quiero establecerme"). Todo el proceso descrito en el poema es un intento por regresar al cielo, es decir, la idea del camino místico como un viaje de regreso a la patria prenatal, frecuente en todas las época, especialmente en el neoplatonismo. Incluso el cosmos parece haber tomado conciencia de ello: "También lo dice el viento".

En cursiva aparece un aforismo que es la clave del poema y una nueva iluminación parcial en el camino hacia la iluminación final: si la vida ("la flor") es una forma de milagro, de trascendencia, la muerte, la otra cara de ese milagro,  lo es en mayor medida, el ámbito en que se puede aprehender el misterio por entero.

Una vez espiritualizado el cosmos en su interior y conociendo los secretos revelados en el proceso, el poeta se adentra en una nueva fase en que la muerte comienza a ser superada. Después de compararse indirectamente con Jesús ("Tú me entregarás como Judas"), el vencedor de la muerte, escucha una música sobrenatural ("Enormes arpas aquí y allí se escucharán"). En ese punto Oxópetra, la nueva vida, comienza a emerger de la negrura de la muerte, que ha sido vencida. El artífice de esa victoria no es otro que la chispa divina del alma,  "el poco azul de mi alma", en que el color azul se vincula a la inmortalidad. Ahora lo espiritual aparece de forma vívida: las Kores inertes son sustituidas por "pequeñas diosas", mezcla de ángeles cristianos y ninfas, que lo rodean cantando, en la primera imagen gozosa  del texto. 

Pero tras el proceso de espiritualización y la victoria sobre la muerte, se precisa la purificación final antes de la iluminación definitiva. Cada uno debe pagar sus penas. Como en todo proceso místico, hay una etapa árida antes de la unión. La desazón del momento se expresa claramente por medio del vocabulario negativo: "penas", "amargo", "dolor", "horrenda". La purificación es la última etapa voluntaria del proceso. La estrofa queda incompleta porque en la siguiente irrumpe la iluminación (exterior, ajena al poeta e imprevisible) dando por concluida la purificación.

Entonces el mundo se transforma y la restauración se consuma. La iluminación se simboliza de nuevo a través de elementos cósmicos que afectan al individuo: "el fondo del mar con todo su plancton iluminado / Virará sobre mi cabeza". Se ha producido la unión de contrarios: el fondo del mar se convierte en cielo cuyas estrellas son el plancton iluminado. Cielo, tierra y fondo del mar son uno en un mundo en que se ha consumado la inversión. Transparencia e interiorización son ya completas y se confunden, pues "otras cosas hasta entonces sin desvelar / Aparecerán como vistas dentro de mi carne". 

Enumera después algunas de estas cosas que inciden en la desrealización, la espiritualización, de la materia y en la transparencia. Los "peces del aire" y las "cabras de cuerpo enjuto" representan la desmaterialización de la materia, y con "los campanilleos" se hace una nueva referencia a la muerte, pero en este caso, según Cristián Carandell, a la de san Demetrio, mártir de siglo III cuyos restos, que no han sido vencidos por la muerte, exhalaban un intenso perfume. Muerte y vida son, pues, el último y más importante aspecto de una unión cósmica, pero solo en virtud de que el cosmos ha sido interiorizado y se encuentra como visto dentro de la carne del individuo.

El último verso, que aparece solo, además de mostrarnos que la barca, como se anunciaba al principio, está vacía, deja claro que el sujeto de esta experiencia mística se encuentra en un mundo transmutado más allá de la muerte: "lejos en el fondo de la tierra seguirá girando". "El poeta", escribe Álvaro García Marín, "ha restablecido definitivamente sus derechos sobre su patria, el cielo".


Versión original en griego:


ΑΚΙΝΔΥΝΟΥ, ΕΛΠΙΔΟΦΟΡΟΥ, ΑΝΕΜΠΟΔΙΣΤΟΥ
Τώρα, στη βάρκα όπου κι αν μπεις άδεια θα φτάσει
Εγώ αποβλέπω· σ’ έναν μακρύ θαλασσινό Κεραμεικό
Με Κόρες πέτρινες και που κρατούν λουλούδια. Θα ’ναι νύχτα και Αύγουστος
Τότε που αλλάζουν των αστερισμών οι βάρδιες. Και τα βουνά ελαφρά
Γιομάτα σκοτεινόν αέρα στέκουν λίγο πιο πάνω απ’ τη γραμμή του ορίζοντα
Οσμές εδώ ή εκεί καμένου χόρτου. Και μια λύπη άγνωστης γενεάς
Που από ψηλά
κάνει ρυάκι πάνω στην αποκοιμισμένη θάλασσα
Λάμπει μέσα μου κείνο που αγνοώ. Μα ωστόσο λάμπει
Αχ ομορφιά κι αν δεν μου παραδόθηκες ολόκληρη ποτέ
Κάτι κατάφερα να σου υποκλέψω. Λέω: κείνο το πράσινο κόρης οφθαλμού που πρωτο-
Εισέρχεται στον έρωτα και τ’ άλλο το χρυσό, που όπου κι αν το τοποθετείς ιουλίζει.
Τραβάτε τα κουπιά οι στα σκληρά εθισμένοι. Να με πάτε κει που οι άλλοι παν
Δε γίνεται. Δεν εγεννήθηκα ν’ ανήκω πουθενά
Τιμαριώτης τ’ ουρανού κει πάλι ζητώ ν’ αποκατασταθώ
Στα δίκαιά μου. Το λέει κι ο αέρας
Από μικρό το θαύμα είναι λουλούδι και άμα μεγαλώσει θάνατος
Αχ ομορφιά συ θα με παραδώσεις καθώς ο Ιούδας
Θα ’ναι νύχτα και Αύγουστος. Πελώριες άρπες πού και πού θ’ ακούγονται και
Με το λίγο της ψυχής μου κυανό η Όξω Πέτρα μέσ’ από τη μαυρίλα
Θ’ αρχίσει ν’ αναδύεται. Μικρές θεές, προαιώνια νέες
Φρύγισσες ή Λυδές με στεφάνι ασημί και με πρασινωπά πτερύγια γύρω μου άδοντας θα συναχτούν
Τότε που και του καθενός τα βάσανα θα εξαργυρώνονται
Χρώματα βότσαλου πικρού: τόσα
Με περόνες πόνου όλες σου οι αγάπες: τόσα
Του βράχου η τύρφη και του άφραχτου ύπνου σου η φρικαλέα ραγισματιά: δυο φορές τόσα
Ώσπου κάποτε, ο βυθός μ’ όλο του το πλαγκτόν κατάφωτο
Θ’ αναστραφεί πάνω από το κεφάλι μου. Κι άλλα ως τότε ανεκμυστήρευτα
Σαν μέσ’ από τη σάρκα μου ιδωμένα θα φανερωθούν
Ιχθείς του αιθέρος, αίγες με το λιγνό κορμί κατακυμάτων
κωδωνοκρουσίες του Μυροβλήτη
Ενώ μακριά στο βάθος θα γυρίζει ακόμα η γη με μια βάρκα μαύρη
κι άδεια χαμένη στα πελάγη της.
[Τα ελεγεία της Οξώπετρας, 1991.]

 [La versión original en griego está tomada de frear.gr]

domingo, 18 de marzo de 2018

"Edad del glauco recuerdo", de Odysseas Elytis





                Edad del glauco recuerdo


Olivares y viñedos  a lo lejos hasta el mar
Barcas de pesca rojas más lejos hasta el recuerdo
Élitros dorados de Agosto durante la siesta
Con algas o conchas. Y aquella embarcación
Recién varada, verde, que en la calma del seno de las aguas aún
      puede leerse Dios proveerá

Pasaron los años como hojas o guijarros
Recuerdo a los chiquillos, a los marineros que partían
Tiñendo sus velas como su corazón
Cantaban a los cuatro puntos del horizonte
Y llevaban vientos del norte tatuados en el pecho.

Qué buscaba yo cuando llegaste teñida de amanecer
Con la edad del mar en los ojos
Y con el vigor del sol en el cuerpo -qué buscaba
En el fondo de las grutas marinas de espaciosos sueños
Donde hacía espuma sus sentimientos el viento
Desconocido y glauco, grabando en mi pecho su emblema marino

Con la arena entre los dedos cerraba los dedos
con la arena en los ojos apretaba los dedos
Era el dolor-
Era abril recuerdo cuando sentí por vez primera tu peso humano
Tu cuerpo humano fango y pecado
Como en nuestro primer día en la tierra
Festejaban a las amarilis -Pero recuerdo sentiste dolor
Fue un profundo mordisco en los labios
Un profundo arañazo en la piel en esa parte donde queda grabado
      para siempre el tiempo

Te dejé entonces

Y un hálito bullicioso levantó las blancas casas
Los blancos sentimientos recién lavados arriba
En el cielo que iluminaba con una sonrisa.

Ahora tendré cerca de mí un cántaro de agua inmortal
Tendré un esbozo de la libertad del viento que se agita
Y aquellas manos tuyas en las que se atormentará el Amor
Y aquella caracola tuya en que resonará el Egeo.

                    De Orientaciones, 1940.
En Dignum est y otros poemas. Edición bilingüe de 
Cristián Carandell. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores,
Barcelona, 2008

Odysseas Elytis es seudónimo de Odysseas Alepoudelis, poeta, ensayista, traductor
El poeta Odysseas Elytis
pintor griego, Premio Nobel de Literatura.

Nació en 1911 en Heraclion, Creta, como el novelista Nikos Kazantzakis*, en el seno de una familia acomodada originaria de la isla de Lesbos. En 1914 su padre trasladó sus fábricas a El Pireo y la familia se instaló en Atenas. En la capital inició estudios universitarios de Derecho, que abandonó para dedicarse a la creación literaria y a la pintura, a partir de 1936.  Junto a Yorgos Seferis*, Yannis Ritsos* y Andreas Embirikos forma parte de la Generación de 1930, que, agrupada en torno a la revista Ta Nea Gramata (Las nuevas letras), introdujo el surrealismo en su país adaptándolo a la realidad griega, renovó la lírica griega sin olvidar la tradición y le dio universalidad, como ha explicado el propio autor:
El surrealismo con su carácter antirracionalista nos ayudó a hacer una especie de revolución para conformar nuestra idea sobre la verdad helénica. Simultáneamente, el surrealismo contenía un elemento maravilloso, lo que nos permitió crear un alfabeto de elementos genuinamente griegos y expresarnos con ellos.
Elytis, en uniforme de campaña
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como teniente en el frente de Albania luchando contra las fuerzas de ocupación italianas, pero, contagiado de tifus, hubo de ser evacuado al hospital de Yoannina y estuvo a punto de perder la vida en 1941. En 1942 participó en la fundación del Círculo Palamás (llamado así en honor del poeta Kostís Palamás, muerto en febrero de 1943), con el objetivo de recuperar los valores helénicos cuando el pueblo griego estaba profundamente desmoralizado a causa de la ocupación. 

Vivió dos temporadas en París: entre 1948 y 1952, tras dos años de guerra civil en su país, y de 1969 a 1972, durante la dictadura griega de los coroneles (1967-1974). En París cursó estudios de filología en la Sorbona y trabó amistad con destacados poetas y pintores, entre ellos, Matisse y Picasso, que ilustraron sus obras. Durante los años de dictadura que pasó en Grecia renunció a las actividades públicas y  vivió apartado en su casa del barrio de Kolonaki, junto a su compañera, la poetisa Iulita Ioliopulu. Rechazó un premio literario otorgado por la Junta Militar, además de su nominación como miembro de la Academia de Atenas.

En 1974, tras la caída de la Junta, retomó su actividad pública. En 1979 recibió el Premio Nobel de Literatura por su poesía, "que sobre el fondo de la tradición griega, describe con una fuerza sensual y una claridad intelectual, el combate del hombre moderno por la libertad y la creatividad". En su discurso de agradecimiento,  Elytis comparó su trayectoria poética con "el viaje de Ulises, cuyo nombre me ha sido dado llevar". 

A lo largo de su vida ejerció también la crítica de arte en periódicos y revistas especializadas, y viajó por Estados Unidos y distintos países europeos, incluida la Unión Soviética. Tradujo al griego a otros poetas como P. Éluard, Rimbaud, Lautrémont, Ungaretti, Alberti, García Lorca o Maiakovski, y a los dramaturgos B. Brecht y J. Giraudoux. Doctor honoris causa, por las universidades de la Sorbona, Roma y Atenas, fue galardonado, entre otros,  con el Premio Nacional Griego de Poesía en 1960 y el Premio Mediterráneo de poesía en 1988.

En sus últimos años se vio obligado a reducir drásticamente sus apariciones públicas a causa de su delicada salud, que le llevó a ser hospitalizado en varias ocasiones. Falleció en Atenas el 18 de marzo de 1996, a causa de un infarto. Había expresado su deseo de ser enterrado en una de las miles de islas del Egeo y  de que "su partida fuera rodeada de un infinito silencio cristiano".
Una de las últimas fotos de Elytis, con Iulita Ioliopulu

Odysseas Elytis ha sido llamado "poeta de la luz" y "del mar Egeo", que para él "no  es solo un lugar de la naturaleza sino una especie de huella digital". Elytis cultivó una "metafísica solar" que, a diferencia de los occidentales, encuentra el misterio, que busca revelar, no en la oscuridad sino en la luz y lleva a su poesía la luminosidad de Grecia, en especial de las islas del Egeo.  Característica constante de su obra es, pues, la búsqueda de la claridad, la luminosidad, y la transparencia, algo esencialmente griego, según Elytis, y  también una forma de luchar contra la muerte. 


La transparencia, como ha explicado el propio poeta, es la capacidad de la poesía de ver dentro de las cosas y hacer que su esencia inmaterial quede abierta a la percepción,  y permitan ver, incluso, otras cosas tras ellas. Esta transparencia metafísica, observa Álvaro García Marín en "Odiseas Elitis. Un itinerario místico" :
no es más que la analogía poética de la transparencia física que el autor encuentra en el paisaje griego iluminado por el sol, que constituye para él [...] una casi inefable experiencia de misterio.
Esa luminosidad se asocia con frecuencia al color de sus poemas, en los que el blanco, el azul y el glauco (verde claro) son términos recurrentes. El color más repetido es el blanco, al que sigue el azul del cielo y del mar, y como tono característico de sus versos, el glauco, el color de la infancia y de la inocencia, que aparece en el título del poema seleccionado.

A pesar de la evidente unidad, se observa en su producción poética una clara evolución. La poesía de sus primeros libros (Orientaciones, 1940; Sol supremo, 1945),  en la que es más evidente el influjo del surrealismo, es hedonista y celebratoria. Después crea una poesía más comprometida con la realidad y la cultura griega, marcada por su experiencia personal en la guerra y el sufrimiento del pueblo griego: Canto fúnebre y patriótico por el subteniente caído en Albania (1945), fruto de sus vivencias en el frente, y Dignum est (1959), una obra en la que confluyen la tradición clásica, la popular y la bizantina;  un canto enigmático y polifónico  que, bajo una sutil arquitectura matemática, exalta la creación  entera y la "Pasión del Helenismo que resurge de nuevo purificado por la experiencia del sacrificio", según F. J. García Bóveda. Considerada su mejor obra y una de las más altas cumbres de la poesía griega de la segunda mitad del siglo XX, fue musicado por Theodorakis en 1964. 


La poesía posterior a Dignum est fue una vuelta hacia dentro, un regreso a la sensualidad de su primera época y a la metafísica de la luz. En Seis y un remordimiento por el cielo (1960) se anuncia ya el proceso de abstracción e interiorización que caracteriza su obra, y  en El árbol de la luz y la decimocuarta belleza (1971) encuentra acabada expresión la metafísica de la luz: la luz cegadora de Grecia, concentrada en la imagen del sol, es en sí misma la justicia. En Sol soliarca (1971) y Las erres del amor (1972) experimenta con nuevas estructuras métricas.  El monograma (1971), construido en torno al omnipresente  número siete, es un desolado poema de amor y una de las cumbres de su lirismo. Los medio hermanos (1974) reúne poemas muy distantes en el tiempo, y en María Nefeli (1978) aparece por primera vez en su poesía el paisaje urbano, mientras que El pequeño nautilo (1979)  es un viaje con la intención de "buscar quién soy". 

En Tres poemas con bandera de oportunidad (1982), el primer libro publicado después de recibir el Nobel, reafirma la visión trascendental de su poesía, y,  finalmente, en Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995) se adentra en el tema de la muerte, consciente de que el ser humano debe desprenderse de falsos miedos  para afrontar su destino.

Nikos Dimu ha dicho que la poesía de Elytis produce la misma sensación que mirar un muro del Egeo al mediodía: deslumbra y hay que cerrar los ojos.


"La edad del glauco recuerdo" recoge los recuerdos del poeta desde su primera juventud. Se inicia con la evocación del lugar y de las personas (los chiquillos, los marineros) que formaron su entorno, para culminar con la referencia a una experiencia erótica y a la renuncia. El poeta trae a la memoria el verde (olivares y viñedos) y el azul (el mar) de la naturaleza griega, la luz, los vientos, las grutas marinas, los barcos de pesca, la marcha de los marineros, la blancura de las casas, así como la intensidad de la pasión amorosa y la eternidad del sacrificio.

Collage de Odysseas Elytis

Versión original en griego:


ΗΛΙΚΙΑ ΤΗΣ ΓΛΑΥΚΗΣ ΘΥΜΗΣΗΣ


’Ελαιώνες κι αμπέλια μακριά ως τη θάλασσα
Κόκκινες ψαρόβαρκες πιο μακριά ως τη θύμηση
Έλυτρα χρυσά του Αυγούστου στον μεσημεριάτικο ύπνο
Με φύκια ή όστρακα. Κι εκείνο το σκάφος
Φρεσκοβγαλμένο, πράσινο, που διαβάζει ακόμη στην ειρήνη
του κόλπου των νερών Έχει ο Θεός

Περάσανε τα χρόνια φύλλα ή βότσαλα
Θυμάμαι τα παιδόπουλα, τους ναύτες που έφευγαν
Βάφοντας τα πανιά σαν την καρδιά τους
Τραγουδούσαν τα τέσσερα σημεία του ορίζοντα
Κι είχαν ζωγραφιστούς βοριάδες μες στα στήθια.

Τι γύρευα όταν έφτασες βαμμένη απ’ την ανατολή του ήλιου
Με την ηλικία της θάλασσας στα μάτια
Και με την υγεία του ήλιου στο κορμί - τι γύρευα
Βαθιά στις θαλασσοσπηλιές μες στα ευρύχωρα όνειρα
Όπου άφριζε τα αισθήματά του ο άνεμος
Άγνωστος και γλαυκός, χαράζοντας στα στήθια μου
το πελαγίσιο του έμβλημα

Με την άμμο στα δάχτυλα έκλεινα τα δάχτυλα
Με την άμμο στα μάτια έσφιγγα τα δάχτυλα
Ήτανε η οδύνη -
Θυμάμαι ήταν Απρίλης όταν ένιωσα πρώτη φορά το ανθρώπινο
        βάρος σου
Το ανθρώπινο σώμα σου πηλό κι αμαρτία
Όπως την πρώτη μέρα μας στη γη
Γιόρταζαν τις αμαρυλλίδες - Μα θυμάμαι πόνεσες
Ήτανε μια βαθιά δαγκωματιά στα χείλια
Μια βαθιά νυχιά στο δέρμα κατά κει που χαράζεται παντοτινά του
         ο χρόνος

Σ’ άφησα τότες

Και μια βουερή πνοή σήκωσε τ’ άσπρα σπίτια
Τ’ άσπρα αισθήματα φρεσκοπλυμένα επάνω
Στον ουρανό που φώτιζε μ’ ένα μειδίαμα.

Τώρα θα ‘χω σιμά μου ένα λαγήνι αθάνατο νερό
Θα ‘χω ένα σχήμα λευτεριάς ανέμου που κλονίζει
Κι εκείνα τα χέρια σου όπου θα τυραννιέται ο Έρωτας