EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 23 de junio de 2019

"Levad', amigo, que dormides as manhãas frias...", de Nuno Fernandes Torneol





Levad', amigo, que dormides as manhãas frias;
todas-las aves do mundo d' amor dizian:
                         leda m' and' eu.
Levad', amigo, que dormide-las frias manhãas;
todas-las aves do mundo d' amor cantavan:
                         leda m´and´ eu.
Todas-las aves do mundo d' amor dizian;
do meu amor e do voss' en ment' avian;
                         leda m' and' eu.
Todas-las aves do mundo d' amor cantavan;
do meu e do voss' i enmentavan:
                         leda m' and' eu.
Do meu amor e do voss' en ment' avian;
vos lhi tolhestes os ramos en que siian:
                         leda m' and' eu.
Do meu amor e do voss' i enmentavan;
vos lhi tolhestes os ramos en que pousavan:
                         leda m' and' eu.
Vos lhi tolhestes os ramos en que siian
e lhi secastes as fontes en que bevian;
                         leda m' and' eu.
Vos lhi tolhestes os ramos en que pousavan
e lhis secastes as fontes u se banhavan:
                         leda m' and' eu.


           (Nuno Fernandes Torneol. En F. Carmona, C. Hernández y J. A. Trigueros
Lírica románica medieval, 1986, pp. 370-371 )

Versión en castellano:

Levantaos, amigo, que dormís en las mañanas frías;

todas las aves del mundo de amor decían:
                         ¡feliz me fui!
Levantad, amigo, que dormís en las frías mañanas;
todas las aves del mundo de amor cantaban:
                         ¡feliz me fui!
Todas las aves del mundo de amor decían;
mi amor y el vuestro en las mentes tenían:
                         ¡feliz me fui!
Todas las aves del mundo de amor cantaban;
mi amor y el vuestro mencionaban:
                         ¡feliz me fui!
Mi amor y el vuestro en las mentes tenían;
vos les quitasteis las ramas en que se sentaban:
                         ¡feliz me fui!
Mi amor y el vuestro mencionaban;
vos les quitasteis las ramas en que posaban:
                         ¡feliz me fui!
Vos les quitasteis las ramas en que se sentaban
y les secasteis las fuentes en que bebían:
                         ¡feliz me fui!
Vos les quitasteis las ramas en que posaban
y les secasteis las fuentes en que se bañaban:
                         ¡feliz me fui!


             (Versión de Martín de Riquer)


"Levad' amigo..." es una composición perteneciente a la lírica medieval gallego-portuguesa, más concretamente, al género denominado "cantiga de amigo", composición de tema amoroso en boca de una mujer. Las cantigas de amigo son poemas creados  por poetas cultos sobre moldes populares. La que nos ocupa, recogida en el Cancionero de la Biblioteca Vaticana, es obra de Nuno Fernandes Torneol, un trovador del siglo XIII del que solo se sabe que fue vasallo de un rico hombre castellano y se cree que pudo establecerse en la corte de Alfonso X el Sabio. 

La belleza y complejidad del poema han despertado el interés de numerosos  especialistas en lírica medieval, que se han ocupado de su estudio y han dado opiniones diversas, tanto respecto al subgénero literario como al sentido del texto. Parte de la crítica  relaciona esta composición con las albas tradicionales -tipo anterior  y más simple que las albas provenzales,   difundido por todo el mundo antiguo y medieval-, en las que dos enamorados, que han pasado la noche juntos, tienen que separarse al amanecer. Toribio Fuente Cornejo considera las albas como  una variante de las canciones de mujer que desarrollan el tema del adiós y  de la separación,  cuyo elemento identificador es el alba, que genera la situación. Observa Fuente Cornejo que los elementos utilizados en el diseño de la composición que nos ocupa, "la exhortación a levantarse, evocación matinal y canto de los pájaros, adquieren un sentido propio".

Para Vicente Beltrán Pepió ("Poética, poesía y sociedad en la lírica medieval"), la cantiga de Torneol -formada por 24 versos agrupados en 8 dísticos (o pareados) de versos de desigual medida, más un verso de estribillo de 4 sílabas- expresa el lamento de una muchacha por un amor roto y "ante el deseo quizá más poético que verosímil de reanudar los lazos que el amigó rompió". Destaca asimismo la utilización de un conjunto de técnicas "frecuentes en la canción románica de mujer, pero ajenas a la canción trovadoresca": asonancia, irregularidad métrica, dístico paralelístico con leixa-pren y expresión simbólica.   

En la descripción del escenario amoroso concurren tres elementos esenciales del locus amoenus: el canto de los pájaros, los árboles (representados por los ramos) y las fuentes, que junto a su función descriptiva son portadores de un significado simbólico relacionado con el amor, con la intimidad sexual de los enamorados.

Comienza con la presentación de la protagonista que, al amanecer ("as manhãas frias"), incita al amigo  que duerme a levantarse. Observa Beltrán Pepió  que las cuatro primeras estrofas forman "un cuadro idílico de amor correspondido" tejido por medio de los elementos simbólicos de la mañana y el canto de las aves. Pero en la segunda parte (las cuatro estrofas finales) se produce una ruptura: el corte de las ramas y la desecación de las fuentes son signos del fin del amor.

El poema nos presenta, pues, a la muchacha en el abandono de su amante, que ha destruido el paisaje simbólico del amor, por lo que la felicidad del estribillo  pasa a ser una ironía en la segunda parte, como explica Toribio Fuente Cornejo ("Levad', amigo, que dormides as manhanas frias: Una lectura de la Cantiga de Torneol", OA XLIV-XLV, pág. 305), quien  resume muy certeramente, en nuestra opinión,  el sentido del texto:
La presencia del alba es el elemento desencadenante de la separación de los enamorados. El primer verso refleja el instante en que la muchacha, conocedora de la proximidad del día, a través del canto de los pájaros, despierta al amigo para que se marche [...]. La transformación del escenario simboliza la separación de los amantes. El contraste entre los escenarios traduce la tensión emocional, "la mudanza íntima", que se origina en el interior de la muchacha en el momento mismo de la separación. El estribillo colabora activamente, a través del contraste, a configurar este nivel significativo. En los cuatro primeros dísticos expresa la alegría de la muchacha por el amor correspondido; en los cuatro últimos, un sentido irónico [...], que surge de la antítesis, del contraste con el significado de los dísticos: la alegría del estribillo vs la tristeza de un escenario donde ya no existen fuentes en las que beber, ni ramos en los que posar,  ni pájaros que canten el amor de los enamorados.
[Imagen  inicial: Pinterest]

miércoles, 19 de junio de 2019

"Recursos inhumanos", de Pierre Lemaitre



Grupo de lectura "Leer juntos Hoy" del IES Goya de Zaragoza
Sesión del 10 de junio de 2019
Obra comentada: Recursos inhumanos (Cadres noirs), Alfaguara, 2017
Autor: Pierre Lemaitre






Pierre Lemaitre (París, 1951) estudió psicología y derecho y trabajó en la formación profesional de adultos. Su campo literario es el de la novela de intriga. Le gusta confesar, bien a través de sus personajes bien en el capítulo de agradecimientos, que sus maestros son los grandes de la literatura. En la obra que nos ocupa rinde homenaje, entre otros, a Bergson, Derrida, Norman Mailer, Javier Marías o Scott Fitzgerald.

Pierre Lemaitre. (elpais.com)
En 2013 le concedieron el premio Goncourt por su novela Nos vemos allá arriba, título original Au revoir là-haut. En una trama detectivesca, mezcla de elementos del relato de aventuras, el drama psicológico y la crítica social y política, nos cuenta la historia de dos veteranos de la primera guerra mundial que montan una estafa alrededor de los monumentos funerarios de la guerra.

Recursos inhumanos (2010), título original Cadres noirs, es una novela escrita en plena crisis económica. Parece ser que la trama está inspirada en un hecho real ocurrido en París en 2005 y en el recuerdo de que su padre a los 56 años, la edad del autor al escribir esta obra, había perdido su trabajo definitivamente.

Si nos fijamos en la estructura de la obra encontramos una parte epistolar que consta de un  total de seis cartas, notificaciones o misivas, insertadas aquí y allá en la primera parte, por las que nos enteramos de quién tiene la idea de organizar un juego de rol y por qué; de quién y cómo lo van a poner en práctica y de los motivos que llevan al protagonista a actuar del modo en que lo hace.

En la primera sección, "Antes", el protagonista, ejecutivo parado de larga duración, Alain Delambre, narra la génesis y preparación de toda la trama. La segunda sección, "Durante", también está contada en primera persona, pero por un narrador diferente, el personaje diseñador del juego de rol, David Fontana, que se va a convertir en el enemigo número uno de Delambre. En la tercera sección, "Después", Delambre vuelve a ser el narrador del desenlace de su propia historia.

En lo que se refiere a los temas de los que se ocupa la novela, tenemos por un lado una cuestión social: la existencia de un capitalismo despiadado por el que una parte del mundo empresarial no tiene empacho en acudir a cualquier método que mejore su cuenta de resultados. Víctimas de esta situación son tanto los empleados, que pueden ser tratados o despedidos sin consideración alguna, como los parados, a los que se les pueden imponer condiciones vejatorias. De otro lado se nos plantea una cuestión moral: ¿Es lícito utilizar cualquier método con tal de conseguir beneficios? ¿Es lícito aceptar cualquier condición para conseguir o mantener un empleo?

El conjunto de personajes podríamos decir que es una galería de retratos:

Alexandre Dorfmann, ejecutivo de una gran empresa de ámbito internacional, es el paradigma del lado más inhumano del capitalismo, para el que trece millones de euros son calderilla que le compensa perder para ocultar sus inconfesables chanchullos.

Nicole, la mujer de Delambre, y Lucie, su hija abogada, representan la parte noble del ser humano, a quienes su sentido de la ética no les permite, si bien ayudan a su ser querido, aceptar cualquier condición que se le imponga por conseguir un empleo.

Mathilde, su otra hija, y el yerno constituyen el sector egoísta de la familia, airados cuando se sienten en peligro y complacientes luego, sin entrar en consideraciones sobre el método empleado para esquivar ese peligro.

El personaje más enternecedor es Charles, alcohólico sin techo que, por pura y desinteresada amistad, se inmola, para salvar a su amigo Alain, en un heroico suicidio/asesinato.

Los dos narradores de la historia  personifican la venganza. Uno, Alain Delambre, por haber sido engañado y forzado a ponerse en una situación cada vez más complicada y peligrosa. El otro, David Fontana, porque su ego no le permite que un simple buscador de empleo haga fracasar estrepitosamente su trabajo, elaborado tan meticulosamente.

Recurso inhumanos es una novela escrita en un lenguaje claro y directo, llena de ironía inteligente, que, como leemos en la edición de DEBOLSILLO, "con humor, crudeza y un realismo brutal, explora el lado más inmoral del mundo empresarial  y los efectos perversos del desempleo".

Cristina Baselga Mantecón

París, La Défense, distrito  de negocios y finanzas. (gites.fr)

domingo, 16 de junio de 2019

"Soneto XIII", de Garcilaso de la Vega

Gian Lorenzo Bernini, Apolo y Dafne, 1622
Galleria Borghese, Roma



                     SONETO XIII


    A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban[1];
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro oscurecían[2];

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aún bullendo estaban[3];
los blancos pies en tierra se hincaban[4]
y en torcidas raíces se volvían.

    Aquel que fue la causa de tal daño[5]
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

    ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño[6],
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba[7]!

(En El oro de los siglos. Antología. Edición, prólogo y notas:
José María Micó. Austral, Barcelona, 2017, pp. 51-52)




NOTAS DEL EDITOR:

[1] y en luengos ramos vueltos se mostraban: “y aparecían convertidos
en largas ramas”.
[2] los cabellos que el oro oscurecían: “los cabellos que con su resplandor
hacían que el oro pareciese oscuro”.
[3] miembros: “partes del cuerpo”, incluidos los órganos internos; bullendo:
“agitándose, moviéndose”.
[4] se hincaban: “se clavaban” (debe pronunciarse sin sinalefa, aspirando
la h inicial).
[5] aquel que fue…: se refiere a Apolo.
[6] tamaño: “tan grande, tan enorme”
[7] Como sucede alguna vez en el Canzoniere de Petrarca, la condición de
Apolo (también dios de la poesía) como emblema del dolor amoroso
parece estar relacionada con la escritura poética, simbolizada por el laurel
(causa y razón de su llanto). El desdichado Apolo solo consigue con su llanto
regar y hacer crecer el motivo de su sufrimiento.


Garci Lasso de la Vega y Guzmán, conocido como Garcilaso de la Vega, (Toledo, h. 1501-Niza, 1536) fue un poeta y soldado que ha pasado a la posteridad como prototipo del caballero renacentista, según el modelo propuesto por Castiglione en El cortesano, pues armonizó en su persona el viejo ideal de las armas y las letras: fue soldado, cortesano y poeta.

Era de familia muy noble (entre sus antepasados estaba el Marqués de Santillana) y en la corte recibió
una selecta educación -dominaba el griego, el latín, el italiano y el francés; el manejo de las armas y el arte de la esgrima, y aprendió a tocar la cítara, el arpa y el laúd- y conoció en 1519 a quien se convertiría en su gran amigo, el poeta Juan Boscán. Perteneció al séquito de CarlosV y, como militar, participó en todas las campañas defendiendo al emperador, incluso contra su hermano Pedro Laso, que era comunero.

En 1525 se casó con Elena de Zúñiga, con quien tuvo cinco hijos. Fue un matrimonio de conveniencia, contraído a instancias del emperador. Para entonces Garcilaso ya había sido nombrado Caballero de la Orden de Santiago. Al año siguiente, en compañía de Juan Boscán, acudió a Granada con ocasión del viaje de bodas del emperador con Isabel de Portugal. En el Generalife tuvo lugar la famosa conversación de Boscán con el embajador de Venecia, Andrea Navagero, en la que le animó a probar los nuevos metros que estaban de moda en Italia.

Simultáneamente conoció a Isabel Freyre, una de las damas portuguesas de la emperatriz Isabel, de la cual  se enamoró el poeta. Pero ella se casó en 1529 con Antonio de Fonseca y murió de sobreparto en 1533. Hasta fechas recientes, los estudiosos de su obra consideraban que este amor imposible y la temprana muerte de Isabel habían dejado una profunda huella en las composiciones de Garcilaso. Sin embargo, el descubrimiento de María Carmen Vaquero de que antes de su matrimonio el poeta había  tenido una larga relación con doña Guiomar de Carrillo, de la cual nació un hijo al que Garcilaso reconoció en 1529, cuando otorgó testamento, ha generado dudas sobre si sus versos de amor fueron inspirados por Isabel o por Guiomar, o bien por el desdén de  Beatriz de Sá, dama portuguesa de legendaria belleza y segunda esposa de su hermano Pedro.

En 1531 fue desterrado a una isla del Danubio y más tarde a Nápoles por haber asistido a la boda, no autorizada por Carlos V,  de un sobrino del poeta. Su estancia en Italia fue decisiva ya que se relacionó con notables humanistas, profundizó en el conocimiento de los clásicos y escribió sus mejores versos. Con treinta y cinco años, murió en Niza en 1536, a consecuencia de las heridas recibidas en el asalto a la fortaleza de  Muy, en la Provenza. Parece ser que el emperador estaba impaciente por conquistarla y Garcilaso se lanzó el primero al ataque, sin casco ni coraza. Alcanzado por una piedra lanzada desde la muralla por los defensores, quedó malherido y falleció a los tres días, el 13 o 14 de octubre.

Sus poemas se publicaron por primera vez siete años después de su muerte,  en 1543, en una edición conjunta con los versos de Boscán que este había preparado  poco antes de fallecer . Pronto los versos de Garcilaso se reeditaron una y otra vez como cancionero independiente. Su obra es relativamente breve: tres églogas, treinta y ocho sonetos, cuatro canciones, la "Oda a la flor de Gnido", dos elegías, una epístola en verso a Boscán y algunas muestras de poesía tradicional de cancionero. A pesar de la brevedad de su obra, es uno de los poetas que ha ejercido más influencia en nuestra lírica, pues de sus poemas nace una corriente que transforma  la poesía española. Garcilaso produce una ruptura con la poesía medieval, tanto en la forma, mediante la introducción de las estrofas y metros italianos, como en la expresión de la pasión amorosa, influencia de Petrarca: la melancolía, la ternura y el análisis de los estados afectivos, si bien en  Garcilaso se percibe una mayor emoción y una fuerte sensación de sinceridad.

En su trayectoria poética, se distinguen tres etapas:
  • En una primera época cultivó la poesía de cancionero, en la que alterna composiciones en octosílabos con la introducción de algunas formas italianas. No hay elementos petrarquistas pero si se percibe la influencia del valenciano Ausias March. Sus poemas se centran en el dolor amoroso y no hay referencias a la naturaleza ni al mundo exterior. Abundan los recursos típicos de la poesía de cancionero: antítesis, paradojas y juegos de palabras.
  • En su segunda etapa es evidente la imitación de Petrarca en la interiorización del amor,  la descripción del sentimiento amoroso y el empleo de la naturaleza como marco de reflexión y medio para retratar a la amada.  Por otra parte, la lectura de La Arcadia de Sannazzaro le llevó a incluir en sus composiciones pastores que expresan sus tristezas de amor en un entorno idealizado.
  • El tercer periodo es el de plenitud creadora, en el que integra todas las influencias recibidas, especialmente las de los clásicos. En estas composiciones, caracterizadas por la sobriedad formal y la naturalidad expresiva, une el intimismo amoroso, la naturaleza como entorno ideal y la mitología. 
Henrietta Rae, Apolo y Dafne
El Soneto XIII pertenece a su época de plenitud y constituye un ejemplo perfecto del uso de la mitología en la poesía renacentista: el poeta utiliza el mito para trazar un paralelismo con su propia vida.

Recordemos que, según la mitología griega, Apolo -dios de las artes y la música-, por una venganza de Eros, de quien se había burlado, se enamoró de la ninfa Dafne, hija del río Penneo, pero ella, herida con la flecha del desdén, lo rechazó. Perseguida por Apolo y a punto de ser alcanzada, imploró la ayuda de su padre que la convirtió en laurel (ese es el significado de "dafne" en griego). Su piel se transformó en la áspera corteza del árbol, su cabello en hojas, sus brazos en ramas y sus pies enraizaron en la tierra. Puesto que ya no podía convertirla en su esposa, el dios decidió que fuera su árbol, siempre verde, con cuyas ramas se coronarían las cabezas de los héroes y de los poetas.

El proceso de  transformación de la hermosa ninfa en laurel se describe magistralmente en los dos cuartetos, en los que destaca el uso de abundantes epítetos, algunos  de los cuales contrastan el cuerpo de la ninfa y el árbol en que se va transformando: luengos, verdes, áspera/tiernos, blancos/torcidas). Los tercetos expresan el dolor de Apolo que, paradójicamente, cuanto más llora más riega y hace crecer el laurel, motivo de su llanto. De igual manera, al poeta el recuerdo de su amor perdido  le incrementa el dolor, el sufrimiento amoroso.

En este enlace puedes leer un excelente comentario de texto del poema:

viernes, 14 de junio de 2019

La biblioteca de Medina Azahara, en 'Más allá del mar de las Tinieblas'

Medina Azahara, Salón Rico

Más allá del mar de las tinieblas es una apasionante novela juvenil que nos sumerge en la maravillosa historia de la escritura. La acción se sitúa en el siglo x, cuando la antigua Córdoba era el límite del mundo conocido, más allá del cual se extendía el mar de las Tinieblas. A esta ciudad, capital del califato cuyos territorios ocupaban la mayor parte de la península Ibérica, llega Abul Anbas, un mercader que dice haber estado más allá del mar de las Tinieblas. En su carromato guarda los secretos del mundo: un cargamento de libros -en aquella época, objetos escasos y preciados- que despertará el interés de los bibliófilos de la ciudad. Entre ellos, se encuentra Maryam, la bibliotecaria del califa Al-Hakam II, conocido como el Señor de los Libros. Su biblioteca del palacio de Medina Azahara era entonces la mayor del mundo. Así describe palacio y biblioteca  Antonio Álamo, autor de la novela:
     El famoso palacio de Medina Azahara se encontraba a una hora de camino a pie de la ciudad de Qurtuba y estaba destinado a ser el más hermoso del mundo. En aquel palacio, rodeado de jardines, huertas y casas de campo, vivían unas cinco mil personas. La Casa Real era un palacio dentro del palacio, y en el Salón del Trono, cuyos techos habían sido cubiertos con finas láminas de oro, había una fuente de mármol llena de mercurio que producía fantasmagóricos juegos de luz y maravillaba a los visitantes. En sus jardines era posible encontrar un museo de autómatas, una mezquita de cristal, una pradera de almendros en flor, una jaula de leones, otra de monos, un cercado de jirafas, además de loros, pavos reales, gansos y estanques con nenúfares, ranas y peces de colores. Solo para alimentar a estos peces se empleaban doce mil hogazas de pan diarias. Naturalmente, el palacio contaba con un cuartel para los soldados, despachos para los mil y un funcionarios, un palacete para los invitados, un harén para las mujeres, unas caballerizas para las monturas, una escuela para los niños y una biblioteca para los libros.
     El propio califa Al-Hakam II había proyectado y dirigido la construcción del elegante edificio que albergaba sus libros. La antigua biblioteca, que había fundado su padre y estaba situada en el alcázar de Qurtuba, había sido desmantelada tras una mudanza para la que se habían requerido más de tres semanas de trabajo y setecientos viajes de camello. Pero el esfuerzo había merecido la pena. La nueva biblioteca de Al-Hakam II era un lugar único en el mundo. Algunos viajeros se acercaban hasta el palacio de Medina Azahara solo para poder conocerla y certificar su rotunda existencia.
     En el centro de la sala principal el califa había dispuesto un estanque con peces de colores y una fuente, pues era de la opinión de que el rumor del agua favorecía la concentración en la lectura. Tenía grandes ventanales con el fin de aprovechar la luz del sol, pero también lámparas majestuosas para trabajar y leer de noche.
     En principio cualquiera podía visitarla y pedir alguno de los libros o ser aconsejado sobre una materia en particular. Luego se le asignaba un pupitre y, en caso de que estuviera interesado en copiar alguno de los documentos, se le facilitaban papel, cálamo y tinta. Divanes, cojines, tapices y pupitres de escritura se desperdigaban aquí y allá sin mucho concierto, y once puertas conducían a otras once dependencias llenas de más libros, pliegos y rollos de papiro. Pero cada cierto tiempo la biblioteca proyectada se revelaba insuficiente, así que de las once habitaciones nacían otras once puertas que conducían a nuevas dependencias. Y cada vez que los libros empezaban a amontonarse en el suelo, el califa ordenaba abrir otra puerta y construir una nueva sala, ganando cada vez más terreno al jardín que circundaba el edificio. Al final la biblioteca se asemejaba a un laberinto.
     En cualquier caso, si había un lugar del palacio que al califa le gustaba frecuentar era, precisamente, la biblioteca, de la que se sentía enormemente orgulloso. Tenía sobrados motivos para ello, pues no había una mayor en el mundo. Cuando terminaba de estudiar uno de los libros, anotaba su nombre, la fecha y hasta un pequeño comentario con sus impresiones. Aunque era un consumado genealogista y mostraba predilección por los libros de historia, también se dejaba tentar por la poesía, la filosofía y la ciencia. Se diría que estaba empeñado en leer todos y cada uno de los libros de su colección, que incluía rollos de papiro de la mítica Biblioteca de Alejandría, pergaminos antiguos de enigmática escritura y, por supuesto, las últimas creaciones  de los más afamados historiadores, poetas, matemáticos, astrónomos y alquimistas.
 (Antonio Álamo, Más allá del mar de las Tinieblas, Madrid, Siruela, 2017, pp. 32-33)

Dionisio Baixeras, Recepción de embajadores de Bizancio en Medina Azahara

Antonio Álamo, nombre por el que se conoce a Antonio Díaz Gutiérrez del Álamo (Córdoba, 1964), es un escritor español cuya obra literaria incluye narrativa, libros de viajes y obras de teatro.  Ha sido traducido al catalán, al italiano, al portugués, al árabe, al inglés, al francés, al rumano y al ruso. Ha publicado las novelas Breve historia de la inmortalidad (1996), Una buena idea (1998), ¿Quién se ha meado en mi cama?  (1999), Nata soy (2001), El incendio del paraíso (2004) y Más allá del mar de las Tinieblas (2017). Como autor teatral pertenece a la dramaturgia del milenio, heredera de las vanguardias, y ha escrito una docena de piezas de teatro -entre las que destaca la trilogía formada por Los borrachos, Los enfermos y Yo Satán, además de Caos, Cantando bajo las balas y Veinticinco años menos un día-, reconocidas con premios tan prestigiosos como el Tirso de Molina o el Born.  Es autor asimismo de numerosas versiones y dramaturgias, tanto de autores clásicos como contemporáneos, como Cardenio, para la Royal Shakespeare Company; La mujer y el pelele; Fuenteovejuna, o Los empeños de una casa, para la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Entre sus direcciones escénicas se cuentan La Copla Negra, en coproducción con el Centro Dramático Nacional, Juanita Calamidad o El pintor de batallas. Su trayectoria teatral lo ha convertido en uno de los más firmes valores del teatro español actual, cuyas obras se representan tanto en España como en el extranjero. Durante las temporadas 2004-2011  fue  director del Teatro Lope de Vega de Sevilla.

Antonio Álamo [dramatologia.com]

domingo, 9 de junio de 2019

"De los ojos de un niño" y otro poema de Alexis Díaz-Pimienta




De los ojos de un niño despegan los aviones.
Si cerrase los ojos caerían.
Solo su asombro los mantiene en vilo,
su manita los alza,
su corazón los mueve y los aleja.
Sin un niño pegado a los cristales,
a las altas barandas de una terraza adulta,
morirían de horror los aeropuertos.
Un niño nunca podría decir la palabra "aeronáutica"
pero de él dependerá la imitación del pájaro.
Un niño no sabrá calcular las distancias
pero es la garantía del retorno.
Cada aeropuerto debe tener un niño pegado a los cristales,
junto a los altavoces, donde quiera que el miedo
se agazape.
Gracias a él tardará menos lágrimas el regreso de todos,
dolerá menos besos el adiós de las madres,
las azafatas podrán prescindir de advertencias insulsas.

Un avión en el aire
son muchos niños mirando el horizonte.

              De Pasajero de tránsito, Excmo. Ayto. de 
Las Palmas de Gran Canaria, 1997
El saxofonista Charlie Parker [uDiscoverMusic]


                                Los músicos de jazz
                                    [FRAGMENTO]
                                 
  I. Saxo      
              
Un saxo es un instrumento demasiado triste
para que bailen los gorriones
sobre el tendido eléctrico.
(No importa que haya pájaros muertos
al pie de los violines.)
Un saxo es para las hojas otoñales
para los divorcios
para las cartas que no llegan.
Si ven llover, saquen el saxo
donde todos lo oigan.
Si hay luto en la ciudad, adórenlo.
Y a nadie se le ocurra tocar el saxo un jueves.
Y nadie ensaye cerca de los jardines.
Acostumbrémonos al gris y al viento en la ventana
al silencio muriendo en espiral.
Un saxo llena el pecho de murciélagos
y nos deja así, con el pecho invadido
con la mujer de siempre doliendo en las paredes.
El saxo no, por favor, Charlie Parker,
¿no ves que cae ceniza?
¿no sientes cómo cantan las ojeras?
El saxo no, por favor, Charlie Parker,
o lloraremos juntos la próxima llovizna.


              De Cuarto de mala música, Ed. Regional
                    de Murcia, 1995



Alexis Díaz-Pimienta
Alexis Díaz-Pimienta  (La Habana, Cuba, 1966) es escritor, repentista (improvisador), investigador y docente. Es Director de la Cátedra de Poesía Improvisada de la Universidad de las Artes y Subdirector del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, ambos con sede en La Habana.

Ha publicado unos cuarenta libros de diferentes géneros (poesía, novela, cuento,  teatro, ensayo y literatura para niños), por los que ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Sus poemas y cuentos han sido traducidos a varios idiomas. De su producción poética destacan Cuarto de mala música (1995, Premio Antonio Oliver Belmás), En Almería casi nunca llueve (Premio Surcos, 1996), Pasajero de tránsito (Premio Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, 1996), Yo también pude ser Jacques Daguerre (Premio Emilio Prados, 2002), Fiesta de disfraces (Premio Los odres, 2008), Un día cualquiera del vendedor de gafas (Accésit del Premio Tomás Morales, 2010), Diario erótico de Robinson Crusoe (2016), Haikus del trópico y Traficantes de oxígeno,  ambos de 2017, El deseo sexual de las estatuas (2018) y Piel de noche (Premio Casa de las Américas 2019 en la categoría de literatura para niños y jóvenes).

Sus investigaciones sobre repentismo se recogen en los libros Teoría de la improvisación poética (2015), galardonado con el Premio Anual de Investigación Cultural que otorga el centro Juan Mainello, y Método Pimienta para la enseñanza de la improvisación (2016). Como repentista ha trabajado durante más de treinta años en la radio y  la televisión cubanas, y ha actuado en decenas de países compartiendo escenario con grandes cantantes como Silvio Rodríguez, Amara Portuondo, Jorge Drexler, Compay Segundo, Amaury Pérez, Kiko Veneno y otros.

[Imagen inicial: Cuéntame un cuento]

viernes, 7 de junio de 2019

'Ordesa', de Manuel Vilas


Grupo de lectura "Leer juntos Hoy" del IES Goya
Sesión del 6 de mayo de 2019
Obra comentada: Ordesa, Barcelona, Ed. Alfaguara, “Narrativa hispánica”, 2018
Autor: Manuel Vilas 





Foto: Lisbeth Salas


¿Quién es Manuel Vilas Vidal? 

Nacido en Barbastro (Huesca), 1962.

OBRA:
-     Poesía: El cielo (2000), Resurrección (2005), Calor (2008), Gran Vilas (2012), El hundimiento (2015), Poesía completa (2016).
-        Novela: España (2008), Aire nuestro (2009), Los inmortales (2012), El luminoso regalo (2013), Ordesa (2018).
-         Autobiografía: América (2017).
-       Premios: XV Jaime Gil de Biedma, 2005; VI Fray Luis de León, 2008; XXXIII Premio Ciudad de Melilla, 2012; XVII Premio Internacional de Poesía “Generación del 27”, 2015.
¿Qué es Ordesa?
Se trata de una novela compuesta por 157 secuencias numeradas, más un Epílogo (La familia y la Historia) integrado por 11 poemas titulados: El Crematorio; Retrato; Historia de España; La lluvia; Huesca, 1969; Cambrils; 1980; Coca-Cola; Daniel; Papá y 974310439. Los once poemas fueron incluidos, tras muchas dudas del autor, a modo de “un making-of de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo” (Entrevistado por Antón Castro en Heraldo de Aragón).

El título, Ordesa, aparece justificado argumentalmente por ser un lugar por el que su padre sentía auténtica devoción, a donde lo llevó siendo él niño y adonde quiso llevar Vilas a sus hijos, porque es su personal “paraíso perdido”. El topónimo aparece también definido y descrito en sus páginas: “El valle de Ordesa sigue allí, no ha cambiado en estos ciento cincuenta millones de años. Sigue igual, tal como se creó en la era terciaria. Después de ciento cincuenta millones de años estando solo, el 16 de agosto de 1918 fue declarado Parque Nacional y comenzaron a venir los montañeros a escalar los 3.355 metros de altitud de Monte Perdido”. (sec. 142, p. 320)

En la primera secuencia arranca la estructura espacial del relato, en Madrid un 9 de mayo de 2015, cuando el autor siente un enorme vacío vital por la desaparición de sus padres. La ciudad le resulta extraña y decide regresar con la memoria al Barbastro de su infancia, de su juventud y de su vida. A partir de ahí la narración se desenvuelve en multitud de “viajes”, sin orden preestablecido, a los lugares de su infancia y adolescencia. Y es que la estructura espacial gira en torno a Barbastro y sale de allí para llegar a Huesca, Zaragoza, Ordesa o Galicia y regresar nuevamente allí al final de la novela.

Idéntico tratamiento reserva el autor para la estructura temporal, tejida de multitud de flashbacks en desorden, a golpe de recuerdos, a diferentes momentos vividos junto a sus padres. Es una especie de “viaje a la semilla” que diría Alejo Carpentier, porque que el relato termina en una “gran noche de 1961, mes de noviembre, tranquilo, benigno, dulce”, la noche en que Manuel Vilas fue concebido: “Son jóvenes los dos y se disponen a llamarme de entre la oscuridad. No soy. Nunca he sido. Sin embargo fui presentido por todas las cosas hace millones de años”. (sec. 157, p. 356)

Comenzó a escribir esta novela al morir su madre, cuando la sensación de orfandad se hizo insoportable, pues justo entonces su matrimonio terminó en un doloroso divorcio, que “me llevó a lugares del alma que jamás hubiera pensando que existían” (sec.22, p.71). Todo ello le impulsó a escribir Ordesa, la obra de quien se siente por primera vez en la vida solo, porque ha perdido la tranquila seguridad que proporciona la certeza de pertenecer a un “clan biológico”, que desaparece irremediablemente cuando los progenitores se van. 

Pero, habitualmente, queda la esperanza de pertenecer a otro clan similar, uno nuevo en el que uno se convierte en progenitor y lega sus genes a otros. Un seno familiar en el que verter afectos y sentirse al abrigo. Pero cuando la vida hace coincidir la desaparición de esas dos anclas vitales por muerte de los padres y quiebra de la propia familia, el desasimiento es total. Y una forma de sortearlo es la escritura. Manuel Vilas lo intentó diez años atrás, al recibir el impacto de la muerte de su padre, pero no encontraba el vehículo ni el tono adecuados. Al fallecer su madre, dio con la fórmula: una novela en la que narrar su historia con un tono casi siempre lírico e íntimo o deliberadamente distanciado e irónico. Siempre veraz, pero siempre muy literario. “No me sirvo de la ficción. Lo que cuento de mis padres es verídico” (Heraldo de Aragón, entrevista cit.).

Todos los grandes temas de la Literatura: la vida, la enfermedad, la muerte, el tiempo, la existencia cotidiana, la ruptura sentimental o la soledad –presente en todas las páginas– aparecen en Ordesa ligados a las vivencias del propio autor. Pero se hace presente también un tema infrecuente: la paternidad, que Manuel Vilas siente en lo más profundo de su ser. Adora a sus hijos y no quiere esconderlo, aunque trate de encubrir el dolor de su separación: “Vienen poco a verme” (sec. 127, p.278). Toda la secuencia 127 está dedicada a ellos, a la aceptación de sus hijos tal y como son y a su sentimiento de culpa. Al final, asegura que su amor incondicional irá más allá de la muerte: “velaré por ellos, aunque esté muerto”. 

Manuel Vilas es profesor de Lengua y Literatura y era irremediable que Jorge Manrique, La Biblia, Garcilaso, santa Teresa, Cervantes, Quevedo, Antonio Machado y un sinfín de autores se pasearan de un modo u otro por estas 387 páginas, que no dejan de ser en ningún momento una obra literaria. Manuel Vilas mantiene su voluntad de escritor. Así, para hablar de su hipocondría, escribe una sola oración que ocupa 38 líneas (sec. 32, pp. 88-89). O recurre a una apelación juglaresca al lector: “Si hubierais conocido a Verdi, lo entenderíais” (sec. 108, p. 226). O traspone los sentimientos a los objetos hasta humanizarlos –ya sean galletas, corbatas, camas, neceseres o un ascensor– adjetivándolos como solos, desamparados y tristes. Usa metáforas, antítesis, símiles, etc., en un claro ejercicio de estilo.  Y cambia el nombre de los personajes por el de músicos insignes Bach, Wagner, Vivaldi, Brahms, Verdi, etc., sin que quede clara la finalidad de esta heteronimia.

Por todo ello, Ordesa no es una mera confesión, aunque el autor se abra “en canal” o aunque esté narrado en primera persona, porque Vilas no ha eliminado al narrador de los hechos ni al autor de la novela. Y entre los dos tejen un texto fragmentario lleno de recursos literarios, con momentos de narración y descripción objetivas, o completamente subjetivas y líricas, muchas veces amargas y, a menudo, reflexivas y filosóficas, pero sobre las que brilla con fuerza el sol de Ranillas.

Mención especial merecen los elementos gráficos de la novela. El autor se ha ocupado de rescatar algunas fotografías, las escasas imágenes en papel que Vilas conserva de su familia, a causa de la obsesión destructora de su madre. Aparecen todas ellas a modo de documento, como prueba irrefutable de la apostura de su padre, la belleza de su madre, del misterio de su abuela o de su propia existencia infantil.


Esta novela ha alcanzado un enorme éxito de lectores, pero no es un best seller, porque no es fácil aunque sea muy ágil, no es costumbrista aunque refleja la realidad de aquella España desaparecida, no es ligera aunque esté salpicada de momentos de humor, no es superficial porque trata con hondura los temas esenciales de la vida. 

Una novela que toca “la fibra” del lector. Ojalá todo el mundo la lea a tiempo.

Mayo 2019
Francisca Soria Andreu