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miércoles, 4 de julio de 2018

'La vida negociable', de Luis Landero

Grupo de lectura 'Leer juntos Hoy' del IES Goya
Sesión del 11 de junio de 2018
Obra comentada: La vida negociable, Colección Andanzas, Tusquets, Barcelona, 2017
Autor: Luis Landero


1. Acerca del autor

El escritor Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) el 25 de marzo de 1948. Hijo de campesinos, pasó los primeros años de su vida entre su localidad natal y la cercana finca familiar de Valdeborrachos. En 1960, como otras muchas familias españolas, la de Luis Landero emigró a Madrid en busca de un futuro mejor y se instaló en el barrio de Prosperidad, donde el padre abrió un taller de punto y costura.

En la capital, Landero trabajó a partir de los catorce años en  oficios tan diversos como aprendiz en un taller mecánico, recadero en una tienda de ultramarinos o auxiliar administrativo en la central lechera Clesa. La muerte de su padre en 1964 le hizo asumir mayores responsabilidades, al convertirse con dieciséis años en el hombre de la casa, y, como ha confesado el autor, cargar con la culpa de haber decepcionado a su progenitor por haber abandonado los estudios antes de que este falleciera. El conflicto con su padre, de quien pensaba que le hacía asumir responsabilidades impropias de un niño, marcará gran parte de su obra narrativa. 

Luis Landero, el 24 de agosto de 2017.
NACHO GOBERNA [LecturasSumergidasCom]
Tras la desaparición de su padre se dedicó profesionalmente a la guitarra flamenca y, junto a uno de sus  primos, acompañó a cantaores en alguna de sus giras. Fue el momento en que nació su pasión por la lectura que ya no lo abandonará nunca. Posteriormente, simultaneó  trabajos diversos con los estudios de Filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). A partir de 1978 ejerció la docencia en la UCM como profesor ayudante de Filología francesa y más tarde  como profesor de Lengua española y Literatura en el instituto Cardenal Cisneros, primero, y en la Escuela de Arte Dramático después, y como profesor invitado en la Universidad de Yale.

Luis Landero es autor de una obra narrativa muy personal, de la que la crítica destaca sus raíces cervantinas, así como la riqueza y el cuidado del lenguaje, que lo ha convertido en una de las figuras más destacadas del panorama literario actual en España.  Su tardía irrupción en el mundo literario no podía ser más brillante: su primera novela, Juegos de la edad tardía (1989), publicada cuando tenía más de cuarenta años, obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa 1990. Contra lo que parecía probable, la brillantez de esta primera entrega no agotó el talento del escritor, que siguió cultivando con éxito la narrativa y el periodismo. En 1992 su trabajo periodístico fue galardonado con el premio Mariano José de Larra por el artículo "¡A aprender al asilo!", publicado en el diario El País. Dos años después apareció su novela Caballeros de fortuna, a la que siguieron: El mágico aprendiz (1998, Premio Extremadura a la creación 2000), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007), Retrato de un hombre inmaduro (2009), Absolución (2012) y La vida negociable (2017). Es autor, además, del ensayo Entre líneas: el cuento o la vida (2000), la colección de artículos ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004) y el libro autobiográfico  El balcón en invierno (2014). Su obra ha sido traducida al francés, alemán, holandés, noruego, griego, sueco, danés y japonés, entre otros idiomas.

Landero, en Toledo, durante la presentación de la novela./
Ana Pérez Herrera. ABC

2. Sobre La vida negociable

La ilustración de la cubierta

Landero ha manifestado reiteradamente su satisfacción por la imagen elegida para ilustrar la cubierta del libro, una imagen que nuestra compañera María Jesús Pérez Arellano calificó en la tertulia de demoledora. Se trata de una fotografía en blanco y negro, obra  del italiano Ferdinando Scianna, que representa a un hombre joven, trajeado, sentado sobre los raíles del tren.  Con las manos entrelazadas sujetándose las rodillas y con la cabeza baja,  es la viva imagen de la  desolación, un  hombre hundido, como lo es por momentos el protagonista de la novela, aunque, como ha dicho Landero, "volverá a levantarse, a luchar por sus sueños y a negociar a la alta por sus proyectos, aunque vuelva a caer otra vez". Las vías del tren son un camino, claro símbolo de la vida. Un camino que no se ve con claridad,  que  se difumina y borra en la lejanía, que, como en el poema de Machado,  "se enturbia y desaparece".


El título

El título de la novela condensa la enseñanza moral que  su padre transmite al protagonista. Don Hugo, un hombre creyente y convencido de que Dios lo ve todo, tras desvelar a su hijo sus oscuros negocios, le hace la siguiente consideración:
"Mira, Huguito, en la vida todo es negociable, y también con Dios, digo yo, se podrá negociar. Hay que aprender a convivir con el mal [...]. Por otra parte, Dios es misericordioso y comprende las flaquezas humanas, y si eres de por sí caritativo y buen cristiano, con una cosa remedias la otra". (pág. 81)
La frase del padre es toda una lección de vida: le enseña la forma  de justificar sus actos, de tranquilizar su conciencia para que la vida le  resulte soportable. La enseñanza de su padre acudirá a la mente de Hugo de forma recurrente, especialmente en los momentos de tedio o remordimiento, y se convertirá en  leitmotiv de la novela. Así ocurre cuando, consciente de su vileza por el chantaje a que está sometiendo a sus padres, se hace el firme propósito de cambiar:
"y entonces me acordé de lo que me había dicho mi padre, de que todo en la vida es negociable, y para demostrarlo allí estaba el hombre arrepentido y ansioso de pureza que yo era negociando con el otro, el tipo sin principios ni escrúpulos que era yo, de igual a igual, con objeto de llegar a un acuerdo ventajoso para las dos partes. Todo, todo es negociable, y todos los pecados deben ser perdonados". (pág. 102)
Siendo ya un adulto, el protagonista comprenderá que esa negociación también guarda relación con el "afán", el deseo siempre insatisfecho de hacer grandes cosas, la ansiedad por lo nuevo, que lo domina constantemente. Cuando, tras el fracaso de la  ferretería, vuelve a trabajar de peluquero para  librarse de la ruina, piensa que con la edad quizá se esté curando del afán, su enfermedad crónica, y adaptándose a las circunstancias:
"Con los años, uno se acomoda a lo que hay, negocia con uno mismo y con el mundo, porque, como bien decía mi padre, todo en la vida es negociable, ahora comienzo a comprenderlo [...]. Quién sabe, quizá aceptando mi fracaso, aceptándome, consiga, si no ser feliz, al menos un poco de sosiego y de paz". (pág. 285)
Y más tarde, en el momento en que cree estar a punto de conseguir su sueño de vivir en el campo, al imaginar las largas noches de invierno, se pregunta si es eso lo que quiere, pero de nuevo recuerda las palabras de su padre y se plantea que también los sueños y la felicidad son negociables:
"Si no con todo, uno tiene que aprender a negociar con muchas cosas, empezando por uno mismo, y también la felicidad se negocia, y los sueños y las ilusiones también se negocian, y del mismo modo que antes evoqué los tediosos anocheceres de invierno, ahora me imaginé las lluvias mansas del otoño y el paso gustoso del tiempo, lejos y a salvo de los míseros afanes del mundo y de los hombres. Respiré hondo, y tal como llegó la tristeza se fue, y otra vez me volvió la alegría de vivir". (pág. 330)
A lo largo de su vida, Hugo ha ido comprendiendo el significado de las palabras de su progenitor, que resuenan de nuevo en su mente al final de la novela.  Se trata, en definitiva, de aprender a vivir con nuestros errores y de encontrarles justificación, de aminorar la magnitud del fracaso para poder seguir viviendo. Sin embargo, aclara Landero, se puede negociar a la alta o a la baja, y el personaje de Hugo negocia  siempre a la alta, a pesar de sus reiterados fracasos, como demuestran las últimas palabras de la novela:
"Pero entre tanto, yo me reafirmo en lo mío y sigo pensando como ya dije al principio, que dentro de mí hay magníficas cualidades innatas esperando a salir a la luz, y que con un poco de suerte mi gran momento aún está por llegar". (pág. 333)
Como observa Domingo Ródenas de Moya ("Luis Landero: vivir a lo que salga", elPeriódico, 7/3/2017), el protagonista se pasa la vida intentando aplicar la idea de su progenitor, "ley de trepas y sinvergüenzas, de  marrulleros y embaucadores, de matones y pusilánimes, que Hugo hace suya con más aplicación que éxito".


Justificar una vida

La vida negociable comienza con una apelación a los oyentes que nos hace creer que el peluquero
Hugo Bayo, narrador y protagonista de la novela, se dirige a sus clientes, a un público de 'pelucandos':
"Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles". (pág. 11)
Sin embargo, hacia el final del relato confiesa que dicha apelación ha sido solamente un recurso:
"Y para mejor contar mi vida, con orden y rigor, me he imaginado que me dirigía a un auditorio fiel de pelucandos: Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles". (pág. 327)
Se trata de un recurso del narrador para "mejor contar" su vida, pero también de un recurso del autor que dota de mayor verosimilitud a la historia contada por el peluquero.

Es una  noche de septiembre cuando un Hugo Bayo cercano a la cuarentena finge contar su vida a ese público imaginario. El protagonista y Leo, su esposa, están sentados en un banco de la plaza de un pueblo esperando la llamada, que no va a llegar, del vendedor de la finca de labranza que se proponen comprar para cumplir el viejo  sueño de Hugo  de vivir en el campo. Mientras Leo duerme, un Hugo insomne repasa su vida intentando comprenderla:
"y me he pasado las horas a vueltas con mi vida, a ver si así logro entender algo de ella, averiguar por qué vericuetos he llegado hasta aquí, hasta este pueblo y hasta esta noche de septiembre, e intentando entrever qué ocurrirá mañana, qué nueva sorpresa me tendrá reservada el destino, y si será un drama, una comedia, una novela de aventuras o qué". (pág. 327)
Porque el narrador  relaciona las distintas etapas o episodios de su vida con distintos géneros literarios, desde la tragedia a la comedia, pasando por el folletín, la ópera bufa o la novela de intriga.

Hugo vuelve la vista atrás y, como un nuevo Lázaro de Tormes, cuenta -se cuenta- su vida desde el momento en que, siendo un adolescente, su madre le confiesa un secreto: que, a veces, cuando sale por las tardes  no va a donde dice sino a la consulta de un psiquiatra. La posesión de ese secreto hace que Hugo se sienta poderoso porque tiene la posibilidad de contárselo a su padre.

Más tarde, Leo, en la portería donde Hugo espera a su madre cuando visita al médico, le desvela que, en realidad, su madre va a encontrarse con su amante, que  no es médico sino pianista. La revelación indigna a Hugo,  utilizado  como encubridor. Con la indignación, surge el propósito de castigar a su madre, pues de no hacerlo se convertiría en cómplice de sus pecados,  y el cambio de comportamiento: "me volví hosco, silencioso, ceñudo" (pág. 59). Con el poder que le otorgan los secretos, empieza a chantajear a su madre para conseguir aquello en que cifra la felicidad: el dinero y no tener que ir al colegio. Y descubre  el placer inquietante que todo ello le produce.

Quien había sido un muchacho apocado que adoraba a su madre se va transformando en una persona  dominada por el odio, un joven violento, inmoral y corrupto, un auténtico canalla que proyecta sobre su madre la rabia que siente hacia sí mismo, porque "era ella, quién si no, la que me había mostrado el camino de la mentira y de la corrupción" (pág. 69).

El descubrimiento del tercer secreto, el que guarda su padre, provoca en él un hondo desprecio por su mediocridad, pero también la satisfacción de saber que puede chantajearlos a los dos:
"A lo mejor era por las películas de gánsteres y de malhechores que había visto, pero el caso es que me dio pena por conformarse con tan poco, comisiones  y desperdicios, cuando podía aspirar a mucho más, como por ejemplo la extorsión, el robo o el chantaje". (pág. 81)
Tras sentir un día la lástima en los ojos de su madre y acabar su relación con Olivia, repasa  su trayectoria vital, que  lo deja horrorizado:
"Había abandonado los estudios, había chantajeado y torturado a mis padres, había herido quizá de muerte a mi único amigo, y ahora andaba intentando seducir con malas artes a una muchacha y llevarla conmigo a un lugar solitario y remoto, a una triste cabaña, donde poder saciar mi lujuria con ella". (pág. 131)
Pero en esta ocasión, no hay propósito de regeneración porque ya ha asimilado la lección de que la supervivencia está por encima de la ética. Una vez completo el examen de su existencia, se da cuenta de lo difícil que resulta entenderla:
"No entendía que la vida pudiese ser tan irrisoria, tan fea, tan trivial, y a la vez tan dramática, tan misteriosa y llena de belleza... Un breve río hacia el mar, es cierto, pero un río tan ancho y caudaloso que sus orillas no se ven ni se logra hacer fondo". (pág. 326)
No obstante parece muy claro para él en qué momento se torció su vida y cuál fue la causa: el turbio, el cenagoso río de su vida brota del manantial del secreto que su madre le confió. Conclusión para la que nos ha ido preparando a lo largo de la novela y que ya avanza también en su discusión  con Leo:
"¿Yo un bicho? ¡Ellos eran los bichos! Una puta y un estafador. Ellos me corrompieron desde niño y luego tú la remataste [...]. Entre los tres habéis matado las buenas cualidades que había en mí, hasta convertirme en lo que soy, un fracasado". (pág. 230)
Porque todo su relato no es más que un intento de justificar sus tropelías, su falta de moral. De ahí que el autor haya declarado que el libro podría haberse titulado 'La vida justificable', y que la alusión al secreto, desencadenante y justificación de sus inmoralidades, abra y cierre su narración, completando el círculo vicioso en que se ha convertido su existencia. Por ello el escritor ha decidido mostrarnos los hechos desde la perspectiva del protagonista, pues solo un narrador protagonista podía intentar justificar, con su visión subjetiva de la historia,  esa vida desnortada.

Por otra parte, el narrador, con su conocimiento limitado y  parcial  de la realidad, nunca logra librarse -ni librar a los lectores- de la duda, de la incertidumbre propia de la novela actual, sobre la infidelidad de su madre. Efectivamente, cuando decide buscar al  supuesto amante, descubre que Leo acusó a la madre de algo sobre lo que no tenía ninguna certeza, y que quizá  todo tenga su origen en un malentendido.

Espacio y  tiempo

Son escasas las referencias temporales precisas en la novela, la mayor parte de las cuales se concentran en la segunda parte de la misma. El comienzo de la acción se sitúa en la década de los noventa, como indica claramente el narrador: "estoy hablando de hacia 1990" (pág. 39).  Los hechos narrados en la primera parte  abarcan unos cuatro años, pues concluye con la aparente muerte del padre, acaecida en 1994, según se aclara  después (pág. 314). Entre las dos partes se produce una elipsis temporal, desde la muerte del padre hasta el inicio del servicio militar. La segunda parte comprende un periodo de tiempo más amplio, en torno a los veinte años, pues casi veinte años es el tiempo que hace que  Hugo no ve a sus padres cuando se reencuentra con ellos un 26 de abril (podría ser de 2013 o 2014), fecha en que  su madre cumple sesenta y seis años. Cuando Hugo cuenta los hechos es una noche de septiembre de un año indeterminado (hay otra elipsis entre los dos últimos capítulos): "Y ahora ha pasado el tiempo", dice el narrador (pág. 327), lo que nos aproxima a la fecha de publicación de la novela.

Respecto al espacio, la primera parte transcurre íntegramente en la ciudad de Madrid, principalmente en Cuatro Caminos, donde vive la familia de Hugo, y en el descampado junto al Manzanares, lugar de sus encuentros con Leo. Ocasionalmente, el protagonista se desplaza al centro o a barrios lejanos donde vive la gente rica. En la segunda parte, se produce una mayor variedad espacial: Cáceres, donde realiza el servicio militar (capítulos 1-2); Cuatro Caminos, lugar de residencia en sus primeros años de casado; Carabanchel, barrio en el que abre la ferretería; Aranjuez, donde busca a sus padres, y el pueblo de nombre desconocido en el que piensa iniciar una nueva vida.

Todas estas referencias geográficas y temporales, esta concreción de lugares y tiempos,  tiene la virtud de otorgar mayores visos de verosimilitud a esta historia fingida, inventada por el autor.

Por otra parte, también en esta novela, como en otras de Landero, encontramos la tradicional oposición entre el campo y la ciudad, actualizada y renovada. La ciudad es el espacio de la infelicidad, de la insatisfacción; un lugar relacionado con el acoso, la violencia, los silencios, el tedio y los remordimientos. Ni siquiera la casa representa un refugio para el protagonista, porque es el espacio de la mentira y el disimulo, el origen de todo mal. A estos espacios urbanos contrapone Hugo un lugar imaginado,  no concreto, lejano en el espacio y apartado de los afanes del mundo. Un lugar que imagina y ansía a partir del cine, tras asistir con su amigo Marco al pase de una película del Oeste. Es un lugar asociado con el "afán", que parece encontrar  concreción al final de la novela en una finca rústica de un pueblo innominado donde, por fin,  cree tener la felicidad al alcance de la mano, iniciando con Leo una nueva vida como neorrurales. Por ello, al preguntarle Leo si era eso lo que quería, responde:
"Sí, esto es, dije. Es el lugar ideal. Si no somos felices aquí, no lo seremos nunca en ningún lado". (pág. 330)
Sin embargo, Hugo cambia de lugar, pero no parece que vaya a cambiar de vida. Y el lector, como escribe con acierto José-Carlos Mainer ("El negociador trasquilado", Babelia, 30 de enero de 2017), al terminar la novela no puede evitar  recordar las amargas palabras,  referidas a Pablos, con que Quevedo cierra El Buscón:
"Y fuele peor pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres".

La estructura de la novela

La novela presenta una estructura fuertemente trabada, como es propio de la narrativa de Luis Landero. En ella se distinguen dos partes de trece capítulos cada una y un número similar de páginas. Ambas componen  una novela de formación, de aprendizaje, pues  como señala Eugenio  Fuentes, Hugo reconoce haber aprendido una lección moral relacionada con el título de la novela:
"Aprendí que, por muy bajo que uno caiga, mal que bien acaba por amoldarse a su situación. Se mueve y se remueve hasta encontrar una postura más o menos cómoda. Eso es todo. Se adapta al medio. Porque  en el oscuro trasmundo de cada individuo solo y desabrigado, la ley de la supervivencia puede más que los imperativos éticos". (pág. 132)
La primera parte abarca la adolescencia del protagonista. Comienza cuando la madre le confiesa su secreto a Hugo, lo que rompe el equilibrio familiar y desencadena el conflicto. La revelación de su madre, que después completará Leo, representa para el protagonista el abandono de la infancia de forma brusca, casi traumática,  la pérdida de la inocencia de la niñez:
"Tenía la vaga intuición de que algo esencial estaba ocurriendo en mi vida, y de que justo esa tarde había empezado a decirle adiós a los últimos vestigios de mi niñez". (pág. 33)
A partir de ese momento se produce un progresivo envilecimiento del protagonista. El recurso al robo, el chantaje y la violencia alternan con el brutal descubrimiento del sexo,  los primeros escarceos sexuales y el enamoramiento.

La segunda parte, en la que Hugo se propone reorientar su vida,  comienza con el servicio militar -tradicionalmente considerado como el comienzo de la edad adulta-, periodo en el que aprende el oficio de peluquero y descubre el erotismo de la mano de la voluptuosa coronela.  Acaba cuando el protagonista, próximo a los cuarenta años, está a punto de ser padre y de cumplir su sueño de vivir en el campo. Esta segunda parte es presentada  por Hugo como consecuencia de la primera.

La simetría compositiva de la novela se ve reforzada por las apelaciones a los imaginarios pelucandos con que se abren el primero y el último capítulo. Pero, además, añade Fernando Valls ("La vida negociable: Vivir en los géneros literarios", en infoLibre, 3 de marzo de 2017), la trama está articulada por tres secretos (los dos que transmiten a Hugo sus padres y el que le cuenta Leo) y por la relación que el protagonista mantiene con cuatro mujeres (su madre, Leo, Olivia y la coronela), especialmente, con las dos primeras.

La novela no presenta un final cerrado, que sería incoherente, como han señalado diversos críticos, con la falta de estructura de  la vida y con los vaivenes que dominan la existencia del protagonista. Así lo percibe este cuando, al final de la novela, sentado con Leo en un banco de la plaza de un pueblo, al divisar una peluquería con el cartel de "Se vende o se traspasa", dice:
"Leo y yo no dijimos nada [...], pero yo sé que los dos sentimos el roce de la fatalidad, y supimos que justo en ese instante se iniciaba un nuevo capítulo en nuestras vidas". (pág. 332)
Pues para Eugenio Fuentes, la vida de Hugo se convierte en "una rueda sostenida por tres radios que nunca deja de girar: deseo-satisfacción-decepción-deseo-satisfacción-decepción-deseo...". De modo que "a la exaltación del protagonista le sigue el fracaso, a los cantos de sirena les sigue el naufragio".


Novela de personaje

Luis Landero  está reconocido como un magnífico creador de personajes, y en La vida negociable ha ideado toda una galería de "figuras memorables que, con su sola aparición, mantienen el interés de la trama", en opinión de Domingo Ródenas.

Hugo, como ha señalado Mainer, es un pícaro moderno más relacionado con los amorales Pablos y Guzmán de Alfarache que con Lázaro de Tormes, y  comparte las características que Elvire Gomez-Vidal ("Luis Landero: El arte de narrar", en Revista Turia) atribuye a  los protagonistas de las novelas de Landero:
personajes "mediocres" en el sentido etimológico de la palabra o sea en el sentido de "medianía" pero también en su sentido despectivo, antihéroes que sin embargo se enfrentan a un mundo laberíntico y a una realidad aplastante movidos por el "afán", por la fuerza del deseo.
Se trata de un personaje soñador e inmaduro. Convencido de que tiene un don, sus expectativas vitales, observa Fernando Valls, carecen de realismo. Sus sueños no se cumplen, fracasa en todo, salvo como peluquero, el único oficio para el que está dotado y al que el azar lo lleva una y otra vez, mientras él sueña con ser granjero, hombre de negocios, aventurero, actor o catedrático. Lo cual es motivo de constante infelicidad porque, como dice su padre:
"Quien aspira a mucho al final sufre mucho. Como quien quiere coger las sombras y perseguir el viento, así es el que fundamenta en sueños su existencia". (pág. 156)
Es un solitario incapaz de amar a nadie, inestable, inconstante y errático, pero también canallesco, celoso, cruel y vengativo. Emparentado con el pícaro y con el personaje  cervantino, es al mismo tiempo, como pone de manifiesto  Concha D' Olhaberriague ("Luis Landero: La vida negociable", en El Imparcial, 19/2/2017), un héroe muy contemporáneo que, como tal, "posee los atributos de indefinido, inútil, inmaduro o sin propiedades".

El protagonista está acompañado con un notable grupo de personajes secundarios, entre los que sobresale el padre, don Hugo, el gordo, ridículo y corrupto administrador de fincas, objeto de burla para la gente del barrio, que lo apoda el Bulto. Es hombre muy religioso y lector habitual de la Biblia, lo que no le impide aumentar sus ingresos por medio de pequeñas corruptelas en el ejercicio de su profesión y acallar su conciencia mediante la práctica religiosa y las buenas obras. Un cínico cuya filosofía de vida, que intenta transmitir a su hijo,  se resume en un poco de maldad y un mucho de amor. Y el amor, la veneración,  por su esposa le sirve de justificación o disculpa de sus actos, pues quería que a su hermosa y delicada esposa no le faltara de nada: "Y si me he corrompido", confiesa a su hijo, "que sepas que ha sido por amor a tu madre, a quien yo no merezco" (pág. 78). No obstante,  al ser detenido por la policía, decide cargar con la culpa de su hijo para salvarlo; lo que Hugo percibe como un acto de justicia poética, para él es un castigo divino por sus muchos pecados, una prueba como las del santo Job (pág. 163).

Marco es el compañero de pupitre del protagonista y su único amigo de la infancia, un adolescente sumiso y apocado con aspecto de "ángel desplumado", víctima inocente sobre la que descarga Hugo toda su rabia.

Otros personajes masculinos relevantes en la novela son los mandos militares de Hugo: el coronel, el brigada Ferrer y el teniente Menacho. Son los únicos que tienen fe en él, los que le proporcionan un modo de ganarse la vida, los que, cuando es devorado por el afán, intentan que deje de vivir de quimeras ayudándole a encontrar un nuevo trabajo de peluquero y augurándole un brillante porvenir:
"¡Bayo, todavía no hemos perdido la fe en ti! ¡Todavía estás a tiempo de rectificar y de llegar a ser el gran estilista que todos creíamos que llegarías a ser!" (pág. 279)
Así como el  padre libra a Hugo de ir a la cárcel en la primera parte,  el coronel le evita el consejo de guerra en la segunda.

Fernando Valls llama la atención sobre la importante presencia femenina, algo poco usual en la narrativa de Landero. Entre todos los personajes femeninos el de mayor relevancia es sin duda el de Clara, la madre, hacia la que se desplaza el conflicto paterno-filial constante en las novelas de Landero. Es una cuarentona bella, cultivada y sensible que ejerció como maestra antes de casarse con un hombre bastante mayor que ella. Adorada y mimada por un marido que le concede todos sus caprichos, es una mujer enigmática, de la que  ignoramos casi todo, empezando por el secreto que ocultan sus salidas, que nunca se nos desvelará, o el motivo de su tristeza. Una mujer cariñosa y alegre que, de pronto, empieza a encerrarse en sí misma, a aislarse en su habitación o a salir con frecuencia, sin que su hijo -y los lectores con él- acierte a conocer el motivo.

Leo es una chica de barrio hija de una vidente y un portero que fue campeón de España de lucha libre. Andrógina, ambigua sexualmente y solitaria, se convierte en  amiga accidental de Hugo y posteriormente en su peculiar esposa. Siente aversión por los hombres y tiene la visión del mundo desengañada y pesimista propia de la posmodernidad: "a mí no me gusta el mundo ni la vida. El mundo me parece una mierda y la vida un puto aburrimiento", le confiesa al protagonista al poco de conocerlo (pág. 29). Fernando Valls la relaciona con el personaje de Sancho pues es la compañera de andanzas de Hugo que intenta hacerle ver la realidad:
"Lo que te pasa ahora con los libros es lo mismo que te ha pasado siempre con tus cosas. Es solo humo, un poco de humo y nada más. Y más vale que te rapes la barba y te quites esas gafas ridículas, que parecen de feria". (pág. 259)
Es un personaje que evoluciona hasta tomar las riendas en la relación de pareja: ella es quien toma la decisión de tener un hijo y quien se encarga de encontrar el lugar idílico soñado por Hugo.

Olivia es una joven de clase alta por la que Hugo  siente una fuerte atracción. El deseo de conquistarla, despierta en él de nuevo el afán de ser alguien y le induce a cometer su primer delito, pero se trata de otro de sus sueños, una mujer inalcanzable, que con sus palabras lo devuelve a la cruel realidad: "Chaval, tú eres tonto" (pág. 155).

La coronela es la esposa del coronel, "una mujer de gran porte y belleza, muy barroca, de esas que apenas las vemos ya nos hacen suspirar de nostalgia a los hombres", en palabras del brigada Ferrer. Una mujer madura  con quien el recluta Bayo descubre los placeres del erotismo. Consciente del paso del tiempo y de lo efímero de la belleza, ha decidido gozar de lo que el presente le ofrece. Así, quien es para los hombres objeto de deseo, se erige  en sujeto del mismo y utiliza a los jóvenes reclutas como objetos para su propio placer, sin establecer con ellos ningún vínculo afectivo, invirtiendo así los modelos que la tradición literaria nos ha transmitido.

En relación con esto, llama la atención que, aun predominando los personajes masculinos, sean solo las mujeres las relacionadas con el adulterio. De las cuatro mujeres en la vida de Hugo Bayo, tres son infieles o sospechosas de serlo.

Fernando Valls señala que a menudo el protagonista se ve a sí mismo o ve a los demás como personajes de la historia del cine o de la literatura, sus referentes habituales. Así, su padre, de joven, no era gordo sino más bien robusto, "tipo John Wayne" (pág. 21); él se siente como el actor protagonista de Miguel Strogoff cuando su padre le encarga la entrega urgente de un  documento (pág. 44),  mientras que  el encuentro con su madre le recuerda la atmósfera de El tercer hombre (pág. 129), e imagina al joven y apuesto "doctor" Ruiz, a quien no ha visto nunca, "convertido en un actor de Hollywood, en Harrison Ford o en Clint Eastwood" (pág. 57).

© Ferdinando Scianna

La filiación cervantina

Luis Landero es deudor de la mejor tradición española, especialmente de Cervantes. La filiación cervantina se manifiesta en esta novela  en varios planos señalados por Domingo Ródenas:
  • El rasgo más cervantino, en lo que coincide la crítica, está en el tratamiento de los personajes, especialmente del protagonista, Hugo Bayo,  un ser soñador e incompleto a la búsqueda de su inalcanzable completitud, y del que la sociedad parece burlarse. Si Alonso Quijano se convierte en don Quijote, Hugo se empeña en "construir al hombre imaginario" para seducir a Olivia, como escribe Ángel Basanta (El Cultural, 17/2/2017).
  • La concepción de la novela como "un itinerario de historias que se suceden y se interfieren, se quedan suspendidas y se reanudan, en las que encuentran cabida muy diferentes tipos, diversos registros lingüísticos  y todo tipo de anécdotas y subgéneros narrativos".
  • El tono conversacional y el humor amargo que impregna todo el relato.
Ángel Basanta encuentra ecos reiterados del Quijote en las elucubraciones del brigada Ferrer en defensa de la peluquería (pp. 177-179), a lo que deberíamos añadir la perorata del coronel sobre el enfrentamiento entre la cultura civil y la cultura militar (pp. 184-185). Porque, en opinión de Basanta, tanto el discurso de las armas y las letras como los consejos de don Quijote a Sancho funcionan como palimpsestos sobre los que se escribe la novela de Landero.

En la misma idea abunda José María Pozuelo Yvancos ("La vida negociable: Luis Landero, risa y sonrisa", en ABC Cultural), para quien numerosos episodios de la novela (especialmente las páginas relativas al servicio militar)  parecen salidos de la narrativa de Cervantes.  Incluso considera La vida negociable como una especie de novela ejemplar, pues -añadimos nosotros-  las lecciones provechosas para la vida pueden deducirse hasta de sucesos tan poco edificantes como los que jalonan la vida de Hugo Bayo.

Conclusión

El relato de Hugo Bayo nos da una visión del mundo desesperanzada, pero el humor que salpica su historia es una válvula de escape y una forma  de distanciamiento. Este humor  paródico impregna toda la novela, como observa Ángel Basanta,  desde "la extravagante andadura vital" del protagonista, hasta los numerosos episodios en clave de farsa y la cambiante modalidad genérica de la novela, con predominio del drama en la primera parte y de la comedia en la segunda, que da paso al folletín y, finalmente, a la novela policíaca.

La historia se presenta como un relato oral, en el que el narrador protagonista cede la voz  a otros personajes, lo que  permite al autor recorrer muy  diferentes registros lingüísticos. Y, como   en otras obras  de Landero, caracterizadas, según recuerda Elvire Gomez-Vidal, por su "escritura pulida, cincelada, de absoluta precisión, de una diversidad y de una amplitud léxicas impresionantes",  la narración del peluquero seduce y deslumbra también por su lenguaje.

                                                                                             Josefina López Granada

martes, 2 de diciembre de 2014

Luis Landero: "Breve antología de la literatura universal"


Eustache Le Sueur, Clío, Euterpe y Talía

Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo.
                                                 Quince líneas. Relatos hiperbreves, Tusquets, 1996

El relato, extraordinario ejemplo de intertextualidad, está compuesto por  referencias "hiperbreves" a veinticuatro obras de la literatura universal. Empieza con  los inicios de algunas como la Ilíada, la Biblia, Las mil y una noches...;  sigue con   alusiones a  los protagonistas de otras como La metamorfosis, En busca del tiempo perdido, Hamlet, etc., y termina con títulos, temas, personajes o motivos  de otras obras igualmente  sobresalientes. Se trata, sin duda, de la más breve "antología de la literatura universal", que incluye  las siguientes obras:

1.    "Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles...": invocación a la Musa con que comienza la Ilíada (h. 750 a. C.)poema  épico  en versos hexámetros atribuido a  Homero.  Su tema es la leyenda de Troya, que fijaba en diez años la duración de la guerra, pero Homero la presenta en el noveno año y narra lo sucedido a lo largo de cincuenta y un días, centrándose en la cólera de Aquiles (la ira del héroe cuando Agamenón le arrebata a su esclava Briseida, y su decisión de retirarse del combate) así como las consecuencias de la misma hasta desembocar en la muerte del héroe troyano Héctor.

2.    "Al principio creó Dios el cielo y la tierra" es el inicio del libro del Génesis (el primero de la Biblia), que narra el origen del mundo, del ser humano y del pueblo judío, según el cual Dios creó el mundo en seis días. La Biblia está formada por un conjunto de libros, canónicos para los judíos y los cristianos,  escritos   en distintas lenguas: hebreo, arameo y griego, entre los años 900 a. C. y 100 d. C.,  y   recopilados posteriormente. Los judíos solo reconocen como sagrados los libros del Tanaj (el Antiguo Testamento  de los cristianos), pero no los libros del Nuevo Testamento.  El Génesis forma parte del Pentateuco, los cinco primeros libros, que los judíos denominan Torá.

3.   "Durante más de mil noches", referencia a Las mil y una noches, recopilación medieval de cuentos tradicionales de Oriente Medio, con el marco de la historia de Sherezade, quien consigue salvar la vida y conquistar el amor de su esposo, el sultán, mediante la narración cada noche de  un cuento que interrumpe al alba con la promesa de acabarlo a la noche siguiente.

4.    "La historia abreviada del hombre" alude a "De brevitate vitae" ("Sobre la brevedad de la vida"), libro quinto de los Tratados morales del filósofo hispano-romano Séneca, escrito en el año 55 d. C. Se trata de un texto sobre el paso del tiempo, sobre la muerte y sobre la vida, en el que sostiene que el tiempo de la vida humana no es escaso sino suficiente si se sabe aprovechar. La solución no está en la holganza ni en la actividad ajetreada sino en la aceptación de nuestra propia mortalidad que nos permita administrar ese tiempo limitado de la vida humana.

5.  "A mitad del andar de la vida" ("Nel mezzo del camin di nostra vita") es el arranque de la Divina comedia, poema alegórico  compuesto por  Dante Alighieri que traza un recorrido por las tres regiones de ultratumba de la escatología cristiana. Acompañado por el poeta latino Virgilio en el infierno y el purgatorio, será  su amada Beatriz quien lo guíe en su recorrido por el   cielo y lo acerque a la contemplación de la divinidad. El verso ha servido a los críticos para determinar el año de nacimiento de Dante: si en el año 1300, cuando empieza el recorrido narrado en la Comedia, Dante tenía 35 años ( la mitad de la duración de la vida, fijada en 70 años), habría nacido en 1265. 

6. Quien "despertó una mañana convertido en un enorme insecto" fue Gregor Samsa, en La metamorfosis de Kafka (1883-1924). Su transformación en insecto trastoca la rutinaria vida de su familia, que no acepta su mutación y acabará dándole muerte. La obra es una metáfora de la soledad e impotencia del ser humano contemporáneo, sometido a situaciones que no entiende ni controla.

7.  El que "probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia" es el narrador y protagonista de Por el camino de Swann, primera de las siete novelas que componen la serie titulada En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust: el sabor de unas migajas de magdalena empapadas en té le trae a la memoria los trocitos de magdalena mojados  en té o tila que su tía le daba los domingos por la mañana durante su infancia en Combray, despertando en él los recuerdos. (Ver más en: http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2014/10/la-magdalena-de-prust-motor-del-recuerdo.html)

8.     "Otro dudó ante una calavera" es una clara alusión a Hamlet, personaje de la tragedia homónima. En realidad, en la referencia  se mezclan dos escenas distintas de la obra de Shakespeare, uniendo así la imagen más difundida (el príncipe Hamlet con una calavera en la mano) con la frase más recordada ("To be or not to be/that is the question"). Es en el conocido monólogo del acto tercero, escena primera, cuando Hamlet formula su famosa duda  ("Ser o no ser, he ahí la cuestión")  en una estancia del castillo de Elsinor. Sin embargo, la escena de la calavera es la primera del acto quinto, cuando Hamlet, que se ha librado de la muerte preparada por su tío en su viaje a Inglaterra, regresa a Dinamarca y se dirige al castillo en compañía de su amigo Horacio. En el cementerio encuentran a dos sepultureros cavando una tumba para Ofelia. Uno de los sepultureros encuentra el cráneo de Yorick, bufón de la corte con el que el príncipe se divertía de niño. Hamlet, con la calavera en la mano, recuerda las virtudes del bufón: "¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos ni puedes reírte de tu propia deformidad...".

9.   "Otro se proclamó melibeo", alude a Calisto, personaje de  La Celestina (1499), de Fernando de Rojas, que en el acto primero, tras ser rechazado por Melibea, responde así a su criado Sempronio cuando este le pregunta si no es cristiano: "¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo."

10.  "Otro lloró las prendas mal halladas" se refiere al poeta Garcilaso de la Vega (h. 1501-1536) quien en su Soneto X ("¡Oh dulces prendas por mi mal halladas...!") se dirige a las prendas (objetos personales: cintas, pañuelos, mechones de pelo...), entregadas por la amada  como prueba de amor y encontradas ahora para su desgracia, pues el recuerdo de los momentos felices pasados con la mujer amada acrecienta el dolor del momento presente en que la ha perdido. Su pena es tan grande que llega a acusar a las prendas de haberse confabulado con su propia memoria para matarlo de dolor. Suele admitirse que el soneto fue compuesto tras la muerte de Isabel Freyre, dama portuguesa, de quien se enamoró Garcilaso, que llegó a España con el séquito de la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V.  El poeta se inspira en un pasaje del libro IV de la Eneida, en que la reina Dido, abandonada por Eneas, encuentra las prendas (ropa y espada) dejadas por este. Este soneto es recordado por Cervantes en el Quijote, II, XVIII.

11. "Otro quedó ciego tras las nupcias" hace mención a Edipo, protagonista de la tragedia griega Edipo rey de Sófocles. Edipo, tras conocer que se ha cumplido el vaticinio del oráculo  (ha matado a su padre, Layo,  y ha convertido a Yocasta, su madre, en su esposa y madre de sus hijos) y el suicidio de Yocasta, se arranca los ojos  con los broches del vestido de Yocasta (para no ver a sus padres en el infierno, a sus hijos ni al pueblo de Tebas) y marcha al destierro.

12.  Quien "soñó despierto" es Segismundo, protagonista de La vida es sueño (1665), drama de Pedro Calderón de la Barca sobre el tema del libre albedrío y la predestinación. Hijo del rey de Polonia, desde que nace es encerrado en una torre para evitar que se cumpla el horóscopo según el cual se comportará como un tirano y destronará a su padre. Pero este tiene dudas sobre su actuación y manda que lleven al príncipe, narcotizado, a palacio, donde se comporta de forma despótica, por lo que su padre vuelve a encerrarlo. Así, Segismundo cree que todo lo sucedido lo ha soñado ("Yo sueño que estoy aquí/destas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado /más lisonjero me vi.") para concluir que "toda la vida es sueño", una idea muy propia del Barroco, por ello decide obrar con justicia cuando el pueblo se rebela y lo coloca en el trono.

13. El hidalgo manchego Alonso Quijano es el personaje literario que "nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo", tal como escribe Cervantes al comienzo del Quijote: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".

14. "Canto general" es el título de la obra más ambiciosa de Pablo Neruda, publicada en 1950 y formada por más de quince mil versos, que canta la Naturaleza anterior a la presencia del hombre en la Tierra y los sucesos más notables de la historia americana.

15. "La ballena blanca"  es Moby Dick, perseguida obsesivamente por el capitán Ahab en la novela del estadounidense Herman Melville, publicada en 1851. Narrada por Ishmael  (joven marino mercante que, junto con el arponero polinesio Queequeg, se enrola en el barco ballenero Pequod), cuenta la travesía de este barco,  comandado por el misterioso capitán Ahab, un viejo lobo de mar con una pierna fabricada con la mandíbula de un cachalote, cuya prioridad es la caza de Moby Dick, la ballena blanca que le había destrozado  la pierna y que causa estragos en cuantos balleneros intentan darle caza.

16. "La noche oscura" hace referencia a "Noche oscura del alma", uno de los poemas mayores compuestos por el místico español san Juan de la Cruz (1542-1591). Formado por ocho liras garcilasianas, contiene el modo de alcanzar la unión del alma con Dios. La Amada (el alma) en su noche oscura (es decir, mediante la renuncia a todas las apetencia mundanas  en la vía purgativa), se escapa de su casa (su cuerpo), guiada exclusivamente por el amor (vía iluminativa) hasta  alcanzar la unión con el Amado (vía unitiva).

17. "El arpa en el rincón"  es el arpa de la Rima VII del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en la que el arpa "silenciosa y cubierta de polvo" simboliza el genio dormido, la inspiración: "Del salón en el ángulo oscuro,/ de su dueño tal vez olvidada,/silenciosa y cubierta de polvo,/ veíase el arpa..." .

18. "Los  cráneos privilegiados" alude a la obra de teatro Luces de bohemia (1924), el primer esperpento escrito por Valle-Inclán, que presenta una visión infernal de la España de la época mediante la narración de la peregrinación nocturna del poeta ciego Max Estrella, último representante de la bohemia heroica,   guiado por su alter ego, don Latino de Hispalis, por diversos lugares madrileños, hasta morir en la puerta de su casa; continúa con  su velatorio, su entierro y sugiere la muerte de su esposa e hija. Las escenas tercera y última acaban  con las palabras " ¡Cráneo previlegiado!", pronunciadas por un borracho.

19. "Al olmo seco" se refiere al del  poema "A un olmo seco", incluido en la edición de 1917  de Campos de Castilla, de Antonio Machado (1875-1939), meditación sobre la realidad española que lo aproxima a la Generación del 98. El poema citado pertenece al ciclo dedicado al recuerdo de Leonor, la joven esposa del poeta fallecida en 1912. El olmo  es símbolo de Leonor enferma. El yo poético espera que, al igual que ha ocurrido con el olmo seco y viejo al que le han brotado algunas hojas verdes en primavera, también en Leonor se produzca un milagro de la primavera.

20. "La dulce Rita de los Andes" es la mujer evocada por  el poeta peruano César Vallejo  en "Idilio muerto", poema de Los heraldos negros (1918). (Más información: http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2014/06/idilio-muerto-de-cesar-vallejo.html). 

21. "Las ilusiones perdidas" es el título de una novela de Honoré de Balzac que forma parte de la serie La comedia humana. Publicada en tres partes, entre 1836 y 1843, narra el esfuerzo de un joven poeta de provincias que viaja a París en busca de la gloria, pero ve pronto frustradas sus esperanzas pasando a engrosar la lista de  "ilusiones perdidas" de otros muchos jóvenes. En ella fija Balzac el modelo de novela moderna iniciado por Cervantes en el Quijote,  en la que los  héroes están llamados al fracaso.

22. El " verde viento" es el viento del "Romance sonámbulo", una de las composiciones más conocidas del Romancero gitano (1928), de Federico García Lorca (1898-1936), que comienza y termina con estos versos: "Verde que te quiero verde. /Verde viento. Verdes ramas./ El barco sobre la mar/ y el caballo en la montaña". El romance, de difícil interpretación, es un poema de amor y de muerte. Narra la huida de un contrabandista decidido a cambiar de vida que, perseguido por la guardia civil y herido de muerte, busca refugio en casa de su amada, una joven gitana enamorada, a quien la desesperación ante la tardanza del mocito empuja al suicidio. Este la encuentra ahogada en el aljibe de la casa, sostenida por "un carámbano de luna". El color verde de la naturaleza, convertido en símbolo fatídico, impregna todo el poema: de las ramas se desplaza al viento y al cuerpo de la gitana muerta ("verde carne, pelo verde").

23. "Las sirenas" aparecen en  uno de los episodios más conocidos de la Odisea de Homero: siguiendo las indicaciones de Circe, cuando se acercan a la isla de  las sirenas (que  hechizaban con su canto a los navegantes, los atraían a la costa y los devoraban), Odiseo manda que sus compañeros se tapen los oídos con cera de abejas para  que no oigan el canto y que a él lo aten al mástil de la nave para poder escucharlas sin peligro.

24. "A mí mismo" alude al poemario Canto a mí mismo, del estadounidense Walt Whitman (1819-1892), obra formada por cincuenta y dos poemas cuyo objetivo es la alabanza y el canto del yo, un yo que se convierte, por conexión vital y simbiótica, en los otros y se erige en su voz, en representante del hombre común: "Me celebro y me canto a mí mismo/ y lo que diga ahora de mí, lo digo de ti/porque lo que yo tengo lo tienes tú/ y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también". Canto a mí mismo forma parte de Hojas de hierba (1855), obra que fue ampliando en sucesivas ediciones.


Luis Landero (1948) publicó "Breve antología de la literatura universal" bajo el seudónimo de Faroni, nombre de un personaje de su novela Juegos de la edad tardía (1989), con la que obtuvo el Premio de la Crítica y el Nacional de Literatura. En esta novela, con evidentes huellas cervantinas, el protagonista, Gregorio Olías, "oficinista de edad madura que lleva una vida gris en la ciudad, espoleado por el ingenuo Gil, oscuro viajante de comercio que mantiene con él un contacto telefónico desde su remota provincia, va creando una imagen ficticia de sí mismo, la de un joven intelectual, seductor, poeta y perseguido político, a la que impone el nombre de Augusto Faroni. Enredado en la telaraña de su propia creación, el impostor acaba convirtiéndose en una caricatura de sí mismo. Olías, al final de la novela, se encuentra cara a cara con Gil y adopta ante él el papel de admirador y biógrafo de Faroni. Ante todo, los juegos a que hace referencia el título se establecen entre dos polos: la realidad y la ficción." (Alberto Rivas Yanes)

Un grupo de los numerosos admiradores de la novela creó  el Círculo Cultural Faroni, que convoca cada año el Concurso Internacional de Relato Hiperbreve.

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El escritor Luis Landero