EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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lunes, 21 de septiembre de 2026

Bautizo de la biblioteca escolar como "Biblioteca Irene Vallejo"

  

 

 

Abrimos el nuevo curso escolar todavía con los ecos del 180 aniversario del instituto que celebramos el curso pasado. De entre todos los actos, rescatamos para este blog el bautizo de la biblioteca escolar con el nombre de nuestra antigua alumna y brillante escritora Irene Vallejo, quien nos acompañó en un día tan especial para la vida del Instituto Goya.


 


Tras el encuentro con las profesoras Cristina Baselga, Inocencia Torres y Carmen Romeo, la escritora Irene Vallejo pudo contemplar de primera mano en el patio el mural donde aparece junto a la insigne filóloga María Moliner y a la laureada deportista Marta Pimentel. Este mural sirve, desde que se pintó, como punto de partida de las visitas guiadas a las bibliotecas del instituto que realizamos con los nuevos alumnos al comenzar cada curso, como se puede comprobar en antiguas entradas del blog.

 

 


 

Una vez en la biblioteca, acogimos a Irene con unas palabras llenas de cariño y de verdad (reproduzco el discurso íntegro al final de esta reseña del acto). Ella recibió a un público entregado con agradecimiento, recuerdos y literatura. Ojalá, al leer estas líneas de evocación, pudiéramos transmitir la emoción que vivimos aquel día de mayo. No lo olvidaremos.

 



 

 

 

Como la inauguración de la biblioteca la vivimos como una celebración de todo el instituto, desde el Departamento de Artes Plásticas y el Departamento de Lengua y Literatura promovimos varios concursos para hacer partícipes del momento a nuestros alumnos y a nuestras alumnas.

En el concurso de Artes, modalidad de marcador de páginas, las premiadas han sido Lucía Baiges, de 2º E ESO (primer premio), con “El inventor de las mareas”, y Francesca Noelia Hoban de 2ºB ESO y Fedotova Uliana de 2ºB ESO (segundo premio ex equo), con “El libro en un junco” y “Sinergia del ser” respectivamente.

En la modalidad de vinilo para la puerta de la Biblioteca “Irene Vallejo”, el primer premio lo ha obtenido la alumna de 2º H de Bachillerato Vanesa Iorga con “Ecos del junco eterno”; el segundo premio ha sido para Aitana Acedo Serena, del mismo curso, con “El ascenso al mundo antiguo”.  

Con respecto al concurso de relatos, los galardones han recaído en las obras La carta del pasado, presente y futuro de Lucía Aranda Acero de 2º ESO F (primer premio de su categoría) y El diario de los seguidores de Goya de Maximillian Kohut Baran de 4º ESO D y La sombra que habita la mirada de Lucía Clavería Lechuga de 2º Bachillerato H (primer premio ex equo de su categoría).

 

 


Al finalizar todo lo que teníamos preparado para esta inauguración, Irene Vallejo firmó pacientemente sus obras y no dudó en satisfacer la curiosidad de quien se le acercaba, lo que le agradecemos de corazón, ya que al día siguiente tenía un importante viaje.


Bautizo de la biblioteca escolar del Instituto Goya como “BIBLIOTECA IRENE VALLEJO”

Compañeros, amigos y amigas del Instituto Goya, Irene:

Hoy es un día de emoción, un día especial para todos los que amamos los libros y estamos comprometidos con el Instituto Goya. Hoy, de manera oficial, damos nombre a la biblioteca escolar del instituto, a esta biblioteca. Lo excepcional, a diferencia de la Biblioteca Histórica María Moliner, que inauguramos oficialmente en marzo, es que tenemos hoy con nosotros a quien va a dar nombre a esta biblioteca escolar, a Irene Vallejo, antigua alumna.

Esta biblioteca nació hace quince años por la iniciativa de la profesora Josefina López y con el apoyo del entonces director, nuestro querido José Antonio Ruiz; nació, decía, para poder conservar en condiciones los libros históricos y dejarlos en su espacio original y para dar cabida en un lugar diferente a las nuevas adquisiciones, tan necesarias. Y así, los libros ilustrados, los cómics, la literatura juvenil, entre otras lecturas, inauguraron este espacio luminoso del que enseguida se adueñaron nuestros estudiantes.

Este verano (esa época en la que se supone que los profesores no trabajan), y parte del mes de septiembre, con el apoyo de nuestra querida directora, Ana Ínigo, a través de un duro trabajo, sacamos adelante entre todos, incluido el alumnado, una reforma que la ha mejorado y por la que hemos ganado más sitio. Todavía estamos probando algunos aspectos organizativos, la decoración está sin acabar, es una biblioteca viva.

Los responsables de esta biblioteca escolar, Josefina López que ideó y organizó este lugar, Javier Aznar, mi antecesor, con su trabajo discreto e impecable, o yo misma en la actualidad, intentamos llevar a cabo lo que María Moliner expresaba en su breve, aunque ilustradora obra, Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, del año 1937, donde dice de una manera directa y práctica sobre la labor del bibliotecario:

“Y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción”.

Sin embargo, en esta época de distracciones tan potentes para nuestros jóvenes resulta cada vez más difícil lograr atrapar a los lectores. En los últimos años comprobamos cómo quienes recién llegan al centro devoran los libros de nuestra biblioteca e incluso pueden llegar a dudar de esta especie de cueva de Alí Babá que se les entrega. Porque el curso pasado, en una de las visitas con un grupo de 1º ESO, tras contarles de todo lo que disponían en esta sala, al finalizar, una muchacha menuda se acercó y me preguntó si estos servicios que les ofrecía costaban dinero. Otro alumno quería saber si podía venir los recreos de todos los días o tenía que turnarse con los compañeros. A veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos. Pero en años posteriores el número desciende en cuanto se instala el móvil en sus vidas y van quedando como en goteo estudiantes que siguen sacando libros; se les ve, eso sí, con verdadero placer. Un goteo que hace que no perdamos del todo la esperanza.

A través del buzón de sugerencias, sobre todo las alumnas (son más lectoras) nos escriben los títulos que desean y nos contagian su efusividad sin filtros al comprobar en la mesa de novedades que su ansiado título por fin ha llegado.

En este lugar en el que nos encontramos ahora se promueven también actividades, como la muestra del pasillo, en la que ha colaborado buena parte del profesorado con una selección de citas literarias para conmemorar el Día del Libro; realizamos exposiciones en colaboración con el departamento de Artes, con su siempre dispuesta jefa, Gloria García, al frente; convocamos concursos literarios … Sobre la mesa he dejado algunas de estas publicaciones que a lo largo de los años han ido recogiendo las ficciones de nuestros jóvenes escritores, de nuestras escritoras. Por ejemplo, los del concurso de la Literatura de Misterio y Terror, que ya va por la decimoséptima edición y que pronto saldrá a la luz ilustrada por el alumnado del Bachillerato de Artes del instituto.

Aquí, en los recreos, se completan deberes, se dan los últimos repasos, y a veces sirve como fortaleza y castillo eventual o permanente para quienes no encuentran su sitio entre sus iguales durante este tiempo. A todos ellos, a todas las alumnas que vienen a esta biblioteca escolar por una razón u otra aconsejamos, sobre todo escuchamos, los que estamos al frente de esta biblioteca, yo como encargada en la actualidad, pero junto a mí un grupo de empeñados profesores.  Como nos recuerda Irene Vallejo en el Manifiesto por la lectura con palabras sencillas pero rotundas “Es imprescindible cuidar a quien lee”.

Pero esto no puede ser tarea de unos pocos profesores, ni siquiera de unos pocos departamentos. En estos tiempos, la resistencia y el compromiso tienen que ser misión de todos.

Por ello, tengo que retomar las demandas del día de la inauguración de la Biblioteca Histórica María Moliner.

En primer lugar, pido un compromiso institucional para que las bibliotecas tengan un presupuesto anual propio en nuestra comunidad, porque todo lo que se gasta, también los ejemplares que compramos para la tertulia, pese a estar dentro del programa oficial “Leer juntos” sale del presupuesto no muy holgado del instituto. Por supuesto también las reformas. También solicito que se faciliten los medios para la conservación y la consulta de los fondos de la Biblioteca Histórica María Moliner. Por otro lado, necesitamos un apoyo a la lectura también en los programas de Bachillerato, sobre todo en las condiciones de su aplicación. Y necesitamos recuperar la sensatez al respecto en los currículos de algunas materias porque entre prisas y desesperación de profesores y alumnos es imposible la promoción de la lectura y mucho menos el disfrute, como bien nos lo confiesan incluso las alumnas lectoras de siempre que aún conservamos al llegar a 2º de Bachillerato.

Tomemos, por favor, en serio estas palabras del Manifiesto por la lectura:

“Leer no solo nos enseña a superar desniveles y reparar ruinas, es también gimnasia que vela por nuestra salud”.

Finalmente, llegamos al momento más emocionante. Después de hablar de todo lo que nos importa este lugar, decimos que, a propuesta de quienes conforman la tertulia literaria del Instituto Goya desde hace más de 15 años, presentes ahora aquí, y con la aprobación del claustro de profesores por unanimidad, hacemos en estos momentos oficial el nombre de Biblioteca Escolar Irene Vallejo.

La justificación del nombre para nuestra biblioteca escolar es sencilla. Y aunque tu trayectoria, Irene, ya es larga, como se puede comprobar en la selección de algunas de tus obras que hemos expuesto en la mesa, solo con El infinito en un junco has extendido en más de cuarenta idiomas el placer por el conocimiento del mundo clásico, de sus autores y de sus autoras, por todos los rincones, no solo desde el papel, sino con tu presencia activa en largos periplos por América Latina, por ejemplo, o recientemente en tierras de Egipto. Como una nómada de los relatos llevas también por medio de la palabra oral tus historias hasta quienes te escuchan, que son muchos, y la llevas a lugares señeros, como a la Nueva Biblioteca de Alejandría hace unos días, o a espacios más sencillos pero importantes, como a escuelas o institutos, de pequeños pueblos o de tu ciudad, como ahora en el Instituto Goya, tu instituto.

Has seguido manteniendo una estrecha relación, como acabamos de ver, con antiguas profesoras y has vuelto ya como autora a la tertulia de nuestro centro, momentos que todavía resuenan en el blog de esta biblioteca “El hacedor de sueños” en unas reseñas de 2015, en las que elogian ya lo que el tiempo después ha confirmado. De ese día conservamos en el ejemplar que nos regalaste de El silbido del arquero la siguiente dedicatoria: “Para la biblioteca del Instituto Goya este libro de una antigua alumna que aquí soñaba los argumentos para novelas futuras”.

       Nos sentimos en el Goya parte de la precuela de tu exitosa vida actual. Y no hablo solo de la brillantez intelectual, que desbordas, y así como moscas acudimos a tu miel, que son las historias propias y también de otros, de otras, pasadas por tus labios, modeladas por tu especial sensibilidad y por tu dulce voz. Hablo además de otras cualidades que cualquier miembro del claustro en estos 180 años de educación del Instituto Goya ni se habría atrevido a soñar en sus estudiantes: brillante en conocimientos, elocuente, generosa, atrevida, apasionada. Tu elegancia y dulzura envuelven asimismo unas sólidas convicciones que te llevan a defender lo público, la sanidad, la educación, como garantía de justicia social. En el resumen que preparé para alumnos y profesores sobre ti, finalizaba con algo que te define muy bien además de lo evidente ya señalado, botón que ojalá quedara como enseña de nuestro centro: “Es una buena persona y precisamente defiende un mundo más justo en el que las personas buenas no sean vistas como débiles”.

Hoy el Instituto Goya te devuelve lo que tú has sembrado en quienes formamos actualmente esta comunidad de casi dos siglos; y así tu nombre nombrará nuestra biblioteca escolar anexa a la que tu viviste y usaste como estudiante, en la que quizá se concibió ese premiado relato, La fisonomía del soldado, que inauguró tu carrera literaria todavía en el instituto, premio que fuiste a recoger junto a tu profesora de Literatura Carmen Romeo a Madrid. Te has convertido en la biblioteca de tu propio instituto. Representas el pasado, presente y futuro de esta institución.

Y cada año explicaremos en esta biblioteca a quienes acudan al centro por primera vez quién eres y lo que significas para nuestra casa: conocimiento compartido, fantasía, justicia, gratitud, generosidad, cuidado…  En definitiva, amor, el que derrochas, el que provocas. Gracias, Irene, por volver nuevamente al Instituto Goya y por aceptar esta invitación. Tu presencia aquí hoy nos recuerda que esto vale la pena, que sí tú confías nosotros también lo haremos.