EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 27 de octubre de 2024

"Yo nunca resistí las despedidas", de Raquel Lanseros


Maria Maria Acha-Kutscher, Wind, walking, waiting


En ocasión de todos los finales

Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
      empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento,
la documentación y el escenario
      en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
      y ya no puedo ser.

(En: raquellanseros.com)


Otros poemas de la autora en este blog:
   -"A las órdenes del viento": AQUÍ.
   -"El día que Milú inventó a Tintín": AQUÍ.
   -"Villancico remoto": AQUÍ.

***

DESPEDIDA

 

Esta entrada es una despedida. Con ella pongo fin a mis colaboraciones en El hacedor de sueños, que se han prolongado durante más de catorce años. Hoy digo adiós para dedicarme a otras tareas que he ido postergando durante este tiempo. Y aunque hubiera sido mi deseo marcharme discretamente, las relaciones forjadas en esta etapa con algunos lectores fieles me han animado a redactar estas líneas.

En ellas quiero recordar que este blog inició su actividad en enero de 2010, unos meses después de que el entonces director del IES Goya, José Antonio Ruiz Llop, me nombrara profesora encargada de la biblioteca. Casi al mismo tiempo se comenzó la formación de la actual biblioteca escolar, bautizada recientemente con el nombre de una de las alumnas más ilustres del centro: Irene Vallejo. Desde su nacimiento se quiso hacer del blog una publicación  abierta  a la participación de toda la comunidad educativa. De ahí que a lo largo de estos años hayan sido muchas las personas que de una u otra forma —seleccionando poemas, recomendando lecturas, reseñando libros o comentando actividades, aportando fotografías o ilustraciones— han ido alimentando la publicación: no solo alumnado y profesorado, sino también madres y padres de alumnos, personal no docente y miembros del club de lectura. Imposible  nombrarlos a todos aquí, pero sus colaboraciones se encuentran debidamente acreditadas en las correspondientes entradas del blog.

Hay, sin embargo, tres personas a quienes me siento obligada a citar dada la extraordinaria importancia de su labor en esta publicación. Las dos primeras son las profesoras Mercedes Ortiz Ortiz y María Pilar López Pérez. Juntas iniciamos esta aventura que representa el blog,  en la que ellas fueron mis maestras. A Mercedes le debemos el nombre y el diseño del blog, así como numerosas colaboraciones en las que ha dejado constancia del entusiasmo por  su trabajo  y de su amor contagioso por la cultura griega. A Pilar López, mujer de amplios y variados conocimientos, el haberse ocupado durante diez años del diseño y maquetación  de los “Cuadernos de biblioteca” y de numerosos boletines con información sobre novedades o lecturas recomendadas, así como de la solución de frecuentes problemas técnicos. Mercedes cesó su actividad en el blog cuando obtuvo destino en otro centro; con Pilar López hemos podido contar hasta fechas recientes siempre que hemos precisado su ayuda. La tercera persona a quien quería  referirme es al profesor Javier Aznar Aznar, que con su jubilación pone fin a diez años de eficiente administración del blog, si bien  no se desvincula por completo del mismo. En esta etapa se ha ocupado de casi todo, con diligencia y acierto: de la información sobre actividades de la biblioteca, novedades y recomendaciones de departamentos didácticos o sobre el club de lectura, además de la  publicación de reseñas y cuadernos de biblioteca. La colaboración con todos ellos ha sido sencilla y gratificante,  por lo que quiero manifestarles mi afecto y mi reconocimiento.

También deseo dar las gracias a  las tres personas que han ocupado el cargo de director o directora del IES Goya en este periodo: José Antonio Ruiz LLop, la misma María Pilar López Pérez y Ana Ínigo Simal. Gracias por creer en el proyecto y confiar en las personas que lo han desarrollado.

Pero, como cualquier publicación, esta solo adquiere sentido por sus lectores. Por eso hoy quiero expresar  mi gratitud no solo a tantas personas que han colaborado en esta publicación en sus casi quince años de existencia, sino también a todas aquellas que nos han seguido, leído y comentado para animarnos, corregirnos o discrepar. Gracias, a ese grupo de lectoras y lectores procedentes de los cinco continentes, y a ese pequeño pero selecto número de seguidores fieles. Todos ellos son la razón por la que esta publicación se ha mantenido.

Las personas pasamos, pero el blog continúa su andadura.  Convencida de que toda renovación es beneficiosa y con la certeza  de que en esta nueva etapa, que comienza bajo la administración de la profesora Marily Gómez, El hacedor de sueños ofrecerá contenidos interesantes y atractivos para los lectores, grupo del que paso a formar parte desde hoy mismo, me despido de  todos, agradeciéndoles la atención prestada.

                                                                                                                                               Josefina López Granada

domingo, 20 de octubre de 2024

"Mujer leyendo" y otro poema de Andrés Neuman




MUJER LEYENDO

Admirar es el verbo
que dice en su doblez
lo que despierta en mí tu quieta pose.
Esa misma doblez está en tus pechos
porque elevas el libro y lo sostienes
juntando bien los brazos, plegando la atención.
Me tienta imaginar el personaje 
al que estás abrazando, en qué adjetivos
prefieres detenerte. Me entretengo 
calculando la pausa, la cadencia
con que pasas las páginas: sonrío
al comprobar que eres una lectora lenta,
con rodeos de asombro o de pregunta.
Quién pudiera de ti recibir esos ojos
con el mismo deseo, con idéntica hondura.
Eres lo que hace falta. Belleza meditando.
Carne con su temblor y su sintaxis.
Ese lugar en que la inteligencia
y la sensualidad se hacen un nudo.

(De Mística abajo, Acantilado, 2008)

EL JARDINERO

Aprendí con mi abuelo a plantar árboles.

"Los sauces necesitan
más agua, Andrés, que vos,
y sus raíces
al principio no son
demasiado profundas.
A veces crecen rápido
y otras veces se estancan en la tierra,
asustados del aire."

Hoy no existe ni abuelo ni país
ni tampoco ese niño, pero queda
aquel sauce encorvado al que me digo—,
Andrés, hay que cuidar,
estas raíces frágiles,
este miedo a la altura de la vida.

(En Casa fugaz (Poesía 1998-2018)
La Bella Varsovia, 2020)


Andrés Neuman Galán (Buenos Aires, 1977) es un escritor hijo de músicos argentinos exiliados, que
Andrés Neuman (Wikipedia)
posee doble nacionalidad, argentina y española. A los catorce años se trasladó con su familia a Granada, donde realizó estudios de secundaria y desempeñó diversos oficios. Más tarde se licenció en Filología Hispánica en la universidad de esta ciudad, en la que impartió clases de literatura hispanoamericana.

Dedicado a la poesía desde sus inicios, es autor de los poemarios Métodos de la noche (1998, Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal), Alfileres de luz (1999, Premio Federico García Lorca de poesía), El jugador de billar (2000), El tobogán (2002, XVII Premio Hiperión de poesía), La canción del antílope (2003), Mística abajo (2008), No sé por qué y Patio de locos (2013), Vivir de oído (2018), Casa fugaz (Poesía 1998-2018) (2020) e Isla con madre (2023).  

Ha publicado también las novelas Bariloche (1999), finalista del XVII Premio Herralde de novela; La vida en las ventanas (2002), finalista del Premio Primavera de novela; Una vez Argentina (2003), historia novelada de sus ancestros familiares, sus exilios y migraciones, su infancia en Argentina y el secuestro de su tía paterna durante la dictadura; El viajero del siglo (2009), XII Premio Alfaguara de Novela y Premio de la Crítica, que supuso su consagración definitiva; Hablar solos (2012) y Fractura (2018), nominada al Premio Dulce Chacón.

Es autor, así mismo, de libros de cuentos como Alumbramiento (2006) o Hacerse el muerto (2011); los aforismos de El equilibrista (2014); el diccionario satírico Barbarismos (2014); el diario de viaje por Latinoamérica Cómo viajar sin ver (2010); el tratado heterodoxo sobre el cuerpo Anatomía sensible (2019), un elogio de los cuerpos no canónicos, y los libros sobre la paternidad Umbilical (2022) y Pequeño hablante (2024).

Mención Especial del Jurado del Independent Foreing Fiction Prize 2013 y Finalista del Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín  2014 por El viajero del siglo; Firecracker Award, concedido por la Community of Literary  Magazines and Presses y la American Booksellers Association, por la antología de relatos The Tings We Don't Do (2016). En 2007 fue incluido en la selección Bogotá-39 (los 39 escritores latinoamericanos más prometedores), y en 2010 fue seleccionado por la revista británica Granta entre Los 22 mejores narradores jóvenes en español. Su obra ha sido incluida en numerosas antologías y traducida a más de veinte idiomas.

***
En este blog puedes leer también una reseña de El viajero del siglo, escrita por la profesora Nuria Alfonso Matute: AQUÍ.

[Imagen inicial: Pinterest]

domingo, 13 de octubre de 2024

"Otoño" y otro poema de Rubén Martín Díaz


La Pardina del Señor, Fanlo (Huesca). (vuelaviajes.com)


Otoño

A menudo me empleo en escribir poemas
a resguardo del viento o de la lluvia.
El otoño ha llegado con un pan bajo el brazo
y la solemnidad del que busca un culpable
para justificar el ciclo indiferente de la vida.
Yo acepto el mundo tal y como viene
y recojo las migas que ese rayo de sol
arranca de las nubes y vierte en transparencia.
Apenas ya recuerdo la estela del verano
en el aire viciado de símbolos hostiles.
En mis versos se escriben los restos de una huida.

(De Fracturas, Nausícaä, 2016)

Polígono industrial

Amaneció con lluvia en el polígono;
la luz de las farolas descolgándose
en hilos infinitos,
como hojas de palmera
bajo el sol vertical del mes de agosto.
Pero no era verano, sino invierno.
Y sin duda llovía en esas calles.
El alba derramaba contra el mundo
-un mundo con sus prisas, sus atascos-
los oscuros depósitos del cielo
a la manera de las ubres duras,
rebosantes y líquidas
de una vaca vaciándose despacio
en la boca sedienta del ternero.
Me detuve en silencio a contemplar
los dones ignorados;
vi mares derrumbarse sobre mí:
mi cuerpo bajo el agua,
los ojos conmovidos de pureza.
Pensé que en el repique de la lluvia
contra el suelo de asfalto,
también contra el tejado de las fábricas,
lo vivo festejaba su existencia:
el triunfo natural de lo absoluto
sobre el marco impostado de los hombres.

(De Lírica industrial, Rialp, 2023)


Rubén Martín Díaz
Rubén Martín Díaz (Albacete, 1980) es un poeta español.  Trabaja en turno de noche como técnico de mantenimiento industrial, actividad que compagina con la creación literaria. Es autor de los libros de poemas Contemplación (2009), El minuto interior (2010, Premio Adonáis y Premio Ojo Crítico de RNE), El mirador de piedra (2012, Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola), Arquitectura o sueño (2015), Fracturas (2016, Premio Internacional de Poesía Barcarola), Un tigre se aleja (2021) y Lírica industrial (2023, Premio Alegría del Ayuntamiento de Santander). Ha publicado, además, el libro de relatos Azul nocturno (2016).

domingo, 6 de octubre de 2024

"¿Por qué te vas tan lejos?" y otro poema de Sara Herrera Peralta




¿Por qué te vas tan lejos?,
me preguntó la abuela.
Tengo que trabajar, le dije.

Nosotros también nos fuimos,
igual nuestros hermanos:
ellos no volvieron.

Te vas tan joven y sola, decía,
serás extranjera.
Y señaló el mapa.

¿Por qué te vas tan lejos?,
repetía, con lo bien que estabas
aquí —coche, hipoteca, préstamo—.

Voy a buscar una vida grande, abuela.
Y la abuela me miró a los ojos,
acariciando mi cara con sus manos:

que el viaje no sea duro,
que el país sea una casa,
que los amigos te duren para siempre.

(De Hay una araña en mi clavícula,
La Garúa Libros, 2012)

El árbol

Lo que escribo
no tiene la longitud
de un camino.
Suele escribirse solo.
Las palabras son las migas
que alguien deja
para alimentar al pájaro,
a las ardillas,
al niño que las confunde
con una hoja.
Lo que escribo
juega en el vacío 
de una garganta hueca.
Resuena en la boca del lobo.
Existe porque está. 

Lo que escribo
sobrevivirá a la muerte,
respeta el duelo.
Lo que escribo coloca a la hoja 
frente a la charca, el agua fresca,
con su sonido
al caer el sol en una tarde de verano
mientras los niños corren.
Lo que escribo
les alimenta a ellos.
Lo que escribo es
la vida,
los dedos de esos niños
abriendo la avellana
ya en el suelo.

Lo que escribo
es lento, es corto.
Se parece a un árbol,
a ese que perdura,
que se mantiene en pie
a través de generaciones:
da sombra, alimenta, cobija,
permite el baile alrededor.

Lo que escribo pretende ser
un árbol quieto,
paciente,
frente al seísmo.

(De Un mapa cómo, La Bella Varsovia, 2022)


Sara Herrera Peralta. /Foto: Carolina Cebrino (revistadeletras.net)

Sara Herrera Peralta nació en Trebujena (Cádiz) en 1980 y vivió su infancia y adolescencia en Jerez de la Frontera. Tras residir en distintas ciudades europeas, se instaló en Cazals, un pueblo del sur de Francia donde reside actualmente. Poeta y diseñadora gráfica, ha publicado los poemarios La selva en que caí (2007), De ida y vuelta (2009), Sin cobertura (2010), Shock (2011), Mamá era Ilsa Lund al principio de todo (2012), Hay una araña en mi clavícula (2012), Quien mire hacia abajo, pierde (2013), Documentum (2014), Hombres que cantan nanas al amanecer y comen cebolla (2016), Provocatio (2017),  Caramelo culebra (2019) y Un mapa cómo (2022). 

Ha recibido el Premio de Poesía Voces Nuevas, el Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos, el Premio Ana de Valle, el Premio Carmen Conde, el XXIX Premio de Andalucía de la Crítica y y el II Premio Nacional de Poesía Ciudad de Churriana. Sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías y en revistas de España, Francia, Italia e Hispanoamérica. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, portugués e italiano. Su primera novela, Arroz Montevideo (2016), fue seleccionada en la 31ª edición del Festival du premier roman de Chambéry (Francia) como una de las mejores óperas primas del año en español.

Titular de un máster en Literatura General y Comparada por la Universidad de la Sorbona, donde actualmente realiza un trabajo de investigación sobre el bordado y la escritura de Louise Bourgeois, es también titular de un MBA especializado en Comunicación y Medios por el Graduate School of Management de París, Graduada en Diseño Gráfico por el Shillington College de Londres y Diplomada en Turismo por la UNED.


[Imagen inicial: Oximesa]

domingo, 29 de septiembre de 2024

"Ensayo de cántico en el templo" (Assaig de càntic en el temple), de Salvador Espriu

 

Pintura de Benjamín Palencia



Ensayo de cántico en el templo

Oh, qué harto estoy de mi
cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme,
hacia el Norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz.
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían
desaprobando: "Como el pájaro que deja el nido,
así el hombre que marcha de su lugar",
en tanto que yo, muy lejos ya, me reiría
de la ley y de la antigua sabiduría
de este mi árido pueblo.
Pero no he de seguir jamás mi sueño
y aquí me quedaré hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo además con un
desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desgraciada tierra.

VERSIÓN ORIGINAL EN CATALÁN:

Assaig de càntic en el temple

Oh, que cansat estic de la meva
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m'agradaria d'allunyar-me'n,
nord enllà,
on diuen que la gent és neta
i noble, culta, rica, lliure,
desvetllada i feliç!
Aleshores, a la congregació, els germans dirien
desaprovant: "Com l'ocell que deixa el niu,
així l'home que se'n vadel seu indret",
mentre jo, ja ben lluny, em riuria
de la llei i de l'antiga saviesa
d'aquest meu àrid poble.
Però no he de seguir mai el meu somni
i em quedaré aquí fins a la mort.
Car soc també molt covard i salvatge
i estimo a més amb un
deseperat dolor
aquesta meva pobra,
bruta, trista, dissortada pàtria.


De El caminant i el mur (El caminante y el muro), 1954.
En Antología lírica. Edición bilingüe de José Batlló.
Cátedra, 1983

Aproximación de José Emilio Pacheco:

Harto estoy de mi vieja tierra,
de mi país cobarde y salvaje.
Cómo quisiera ir hacia el norte.
Allí me dicen que la gente es limpia,
noble, culta, feliz, rica, despierta.
En la congregación
me desaprobarían mis hermanos.
"Como ave que deja el nido
es el hombre que parte de su lugar".
Yo, a lo lejos, cómo iba a reírme
de la ley y la antigua sabiduría
de este mi pueblo yermo.
Pero no cumpliré nunca mi sueño
y aquí voy a quedarme hasta la muerte.
Pues yo también soy cobarde y salvaje
y amo con un desesperante dolor
mi patria pobre, sucia y desdichada.

José Emilio Pacheco, Islas a la deriva, 1976

El caminant i el mur (1954) forma con Cimenteri de Sinera [Cementerio de Sinera] (1946), los cuatro libros de Les hores [Las horas] (1952), Mr. Death (1952) y Final del laberint [Final del laberinto] (1955) el llamado ciclo lírico de la obra de Espriu. Los poemas de estos cinco libros  tienen una dimensión esencialmente metafísica y "constituyen un ciclo completo de experiencia espiritual ascendente, cada vez más depurada, cada vez más desasida de lo accesorio, y cada vez más caritativa respecto de todo género de verdades y situaciones vitales", como señala Cristina Andrades. Este recorrido ascendente culmina con la experiencia mística de Final del laberint.  Pero los  libros de este ciclo reflejan también las tensiones del poeta con su pueblo, como ocurre en el poema "Ensayo de cántico en el templo".

El caminante y el muro forma parte, por tanto, de ese viaje espiritual emprendido por  el poeta. El caminante del título es el sujeto de ese viaje, en el que chocará con un muro, una barrera, que es término del camino, donde acaba la existencia humana. El muro es un símbolo polivalente que queda como testimonio de la pérdida de un mundo concreto y libre que el poeta trata de salvar con sus versos, análogo  en sentido metafísico al templo destruido de Jerusalén.  Persiste, pues,  en este poemario, presidido por el recuerdo de la madre muerta,  la meditación sobre la muerte presente en toda la poesía de Espriu, pero en este caso no le aísla de las preocupaciones terrenales. 

El poema seleccionado es, como explica Joaquín Marco,  uno de los más emblemáticos de la época e hilo que nos conduce hasta La pell de brau (La piel de toro), libro que constituye "una reflexión moral y política sobre la España de finales de los años cincuenta, formada por pueblos que se desconocen y se expresan en diversas lenguas". En este poema, escribe Marco, "La estructura paralelística, la abundancia de adjetivos precisos, definitivos, configuran una dolorosa y entrañable relación entre el poeta y su 'patria / tierra' ". 

En su ensayo " 'Alta traición', palabra en el tiempo", el escritor mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) cuenta que en 1973, tiempo después de escribir "Alta traición" su poema más emblemático, incluido en No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969)— halló este poema de Salvador Espriu, que, según el poeta mexicano, dice mucho mejor lo que él intentó expresar en "Alta traición". 

"Me apropié de él con la ayuda de Ramón Xirau y un diccionario catalán-castellano. "Ensayo de cántico en el templo" está en mi libro de 1976 Islas a la deriva. A una década de distancia la historia infortunadamente lo ha hecho más actual que entonces y me demuestra que la poesía sucede cuando otro encuentra las palabras justas para nombrar lo que pensamos y sentimos. En mi caso fue Salvador Espriu, que nunca estuvo en México ni vivió entre nosotros los horrores que hoy padecemos".


Referencias:

-Cristina Andrades, "Poética de Salvador Espriu. Comentario de poemas", en Innovación y Experiencias educativas. Revista digital, Nº 25-Diciembre 2009. Consultado en:  https://archivos.csif.es/archivos/andalucia/ensenanza/revistas/csicsif/revista/pdf/Numero_25/CRISTINA_ANDRADES_2.pdf
-Rosa M. Delor, El caminant i el mur (1954), Visat, núm. 12 (octubre 2011). Consultado en: 
https://visat.cat/traduccions-literatura-catalana/comentaris/salvador-espriu/el-caminant-i-el-mur-(1954)
-Joaquín Marco, "La obra de Salvador Espriu y el filtro del tiempo", Lecturas Turia. Consultado en: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-obra-de-salvador-espriu-y-el-filtro-del-tiempo
-Víctor Martínez-Gil, Salvador Espriu, en Lletra. Literatura catalana en línea. (UOC)

domingo, 22 de septiembre de 2024

"La cuchara" y otros tres poemas de Begoña Abad

 

Cucharas de palo


La cuchara

HABLAR de la cuchara
humilde en los cajones
no sirve, me dices, para un poema
y yo sonrío, vieja ya de todo,
no discuto, no contradigo...
La cuchara con la que crié a mis hijos,
la que llevas a tu boca cada día con suerte,
la que tu madre usaba los días festivos,
la que hacía música sobre el cristal de las copas,
la que con su frío aplacaba el dolor de tus
    chichones,
la de peltre, de mi abuela y de la suya
que me dan sopas con honda
cuando me crezco, sabihonda,
y olvido el humilde valor de la cuchara
y de mi origen.


HAN cocinado, frotado, acunado, planchado,
llevado hijos, sujetado padres, consolado
    abuelos,
repartido ternuras, esperado regresos,
disculpado ausencias, acarreado agua,
multiplicado escaseces, 
hecho milagros de los panes y los peces,
dibujado sonrisas, aligerado cargas,
intentado conquistas
y además han procurado 
no perder su identidad
y ejercer de Eva, pase lo que pase.
Si pusiéramos en fila 
la inmensa cantidad de tareas invisibles
que han hecho en la vida,
no habría mundo capaz de contenerlas.

(De A la izquierda del padre, Pregunta, 2024)

Nada soy

CUANDO paseo en el bosque, árbol soy
y el sol que se filtra entre las hojas,
el aire que las mueve o el insecto que las habita.
Y si es el mar lo que contemplo
me hago ola mansa y espuma y pájaro marino.
Si escucho música me transformo en nota
o en prolongado silencio del pentagrama.
Cuando es el cielo lo que veo
ando volando, pues nube me hago,
o lluvia fina, nieve a veces o hielo transparente.
Piel se hace mi piel  junto a la tuya
y mano en la caricia y ojos en tu mirada,
en palabra que pronuncias, me reconozco.
Y cuando avanzo hacia ti, soy tú.
Lo soy todo y nada de eso soy.

Mater amábilis

MI madre no recuerda el nombre de su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.
Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.
Mi madre me recuerda, sin amargura, 
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía,
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.
Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.

(En: José María García Linares, Nacer para aprender,
volar para vivir. Un acercamiento a la poesía de Begoña
Abad, Pregunta, 2019)



Begoña Abad. (Cátedra Miguel Delibes)
Begoña Abad de la Parte
nació en el pueblo burgalés de Villanasur Río de Oca en 1952, pero pasó su infancia y adolescencia  en diferentes lugares hasta que se instaló en Logroño. Actualmente reside en Zaragoza. Obligada a abandonar los estudios a temprana edad, primero para cuidar a sus padres y después para criar a sus hijos, durante años leía y escribía a escondidas, cuando sus numerosas obligaciones se lo permitían. Pero a los cincuenta años rompió con esa vida convencional de madre y esposa abnegada ("A los 50 me nacieron alas"), pues pudo emanciparse cuando consiguió el puesto de portera en un edificio de la ciudad de Logroño, donde trabajó durante dos décadas. Fueron los años en que empezó a publicar. Se dio a conocer en 2006, con 54 años,  con la plaquette Begoña en ciernes, a la que siguieron La medida de mi madre (Olifante, 2008), Cómo aprender a volar (Olifante, 2012), Musarañas azules en Babilonia (Babilonia, 2013), Palabras de amor para esta guerra (Baile del Sol, 2013), A la izquierda del padre (La Baragaña, 2014; Ruleta Rusa, 2015; Pregunta, 2024), Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra) (Pregunta, 2015), El hijo muerto (Babilonia, 2016), la antología Diez años de sol y edad (Pregunta, 2016), El techo de los árboles (Pregunta, 2018) y Madres (Pregunta, 2021). También ha publicado el libro de relatos Cuentos detrás de la puerta (Pregunta, 2013). Poemas suyos han sido incluidos en diferentes antologías y en revistas culturales.

[Imagen inicial: fundacionbat.com.co]

domingo, 15 de septiembre de 2024

"Todo lo azul del mundo" y otros cuatro poemas de Pedro Sevilla





TODO LO AZUL DEL MUNDO

AQUÍ, sobre este folio, para explicar mi infancia,
todo lo azul del mundo: las canicas
como extraños planetas de cristal
brillando entre mis dedos, los océanos
de los primeros cuentos con piratas y barcos, 
el cielo de mi calle
y poco más, si acaso algunos golpes
de lluvia en los cristales, por septiembre.
Pero cómo explicarlo—,
todo sería gris en la memoria
sin lo aún más azul: los ojos de mi madre.


LA LLUVIA

EN un mundo anterior. En el pasado siempre.

Sobre las tejas pobres de la infancia 
donde el amor tapaba las goteras.

Sobre las rosas rojas del otoño
en la lejana adolescencia.

En las estrellas ya apagadas,
en las constelaciones más pretéritas.

Sobre la tumba abierta del mañana
que es pasado también por su certeza.

La lluvia está sonando eternamente
en el patio vacío de mi escuela.


LA FÍSICA ES MENTIRA

PRETENDE que me crea que el seno no es tu pecho
Sino una línea fría que cruza por un arco;
Quiere hacerme creer que el tiempo es el cociente
De partir el espacio por la velocidad...
Cuando yo sé del tiempo sus tiranas maneras
Deshojando rosales, adulterando besos
como el mejor anuncio de la Margarett Astor.
O mucho me equivoco o mister Newton
Jamás supo las leyes de los álamos,
Su sereno temblor, sus tardes de nostalgia,
El tenue movimiento de una sombra
Que no volverá nunca a ser la misma.

Quizá yo diga esto porque es mayo
Y va la primavera por la calle
Desmintiendo teoremas,
Pintándole a las niñas en cuadernos de ciencia
Corazones con sangre de lapicero rojo.
Por eso cierro el libro
Aunque me expongo a un cero en el control de B.U.P.

Ya volveré en septiembre...
Cuando un otoño niño cuelgue de tus zarcillos
Dos fanales gemelos,
Dos gotitas iguales de luz entristecida,
Misteriosa y menguante como la luna añeja.


ÉRAMOS VIOLENTOS

ÉRAMOS violentos y algo tristes.
El paraíso entonces 
era besar tus labios,
ir contigo a los muros donde en tiempos de paz
se abrazan las parejas
como si cachearan al amor.

Era el setenta y siete.
Tenías veinte años y un temblor en el pecho
de palomas miedosas que acostumbraron pronto
a probar la ternura de mis manos.

Éramos violentos: agentes de uniforme
saqueaban las aulas en busca de octavillas,
de libros prohibidos;
no comprendieron nunca que en los parques de octubre,
besándonos los labios,
fuimos más inquietantes, mucho más peligrosos
que gritando en las calles mientras nos perseguían.

Tenías veinte años:
Recuerdo que en un muro,
bajo la sangre quieta de unas siglas,
hicimos el amor en pie de guerra.


ESCRIBIR ES SEMBRAR

LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.

Cuando el sol era ya solo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.

Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.

(En Para cuando volvamos. Poesía completa 1992-2018,
Renacimiento, 2018)


Pedro Sevilla Gómez es poeta y novelista español nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz) en 1959. Con otros poetas de su localidad fundó el grupo "Calima", conocido también como "grupo de Arcos". Vieron la luz  sus primeros poemas en 1989 en la colección de cuadernos "La poesía más joven", dirigida por el poeta Francisco Bejarano. Ha publicado los libros de poesía Y era la lluvia, amor (1990), Septiembre negro (1992), Sendero Luminoso (1994), La luz con el tiempo dentro (1995, accésit del Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti), Tierra leve (2002) y Serán ceniza (2012). Su obra poética ha sido reunida en la antología Todo es para siempre (2008) y en su poesía completa, Para cuando volvamos (2018). Parte de su obra poética ha sido traducida al portugués y figura en diversas antologías. 

Pertenecientes por edad a la generación de los 80, la suya es "una poesía esencial, en el sentido que lo era la de Antonio Machado, que parece brotar con naturalidad y sin aparente necesidad de apoyo en artificio retórico alguno, desde lo más hondo. Poesía sorprendente, más aún en la hora actual, tan condescendiente con lo sentimental, con los fáciles sentimentalismos, porque es capaz de ser arte (con todas sus sabidurías y exigencias), y a la vez de llegarnos directamente al corazón, como casi todos los poetas genuinos, desde Jorge Manrique a César Vallejo". L. A.

También ha publicado tres novelas (Extensión 114  [ 2000], 1977 [2002] y Los relojes nublados [2014]),  el libro de memorias La fuente y la muerte (2011) y el libro Diez de Julio (1990), antología y estudio de la obra del poeta arcense Julio Mariscal Montes.

Es además columnista de prensa y ha colaborado en el suplemento 'Citas' de Diario de Jerez, el semanario local Arcos Información y otros medios. 

Pedro Sevilla. (uca.es)


[Imagen inicial: Pixabay]

domingo, 8 de septiembre de 2024

"Se vende un hombre en buen estado...", de Manuel Jurado López


© Jacques-Henri Lartigue


POEMA NÚMERO VEINTE

Se vende un hombre en buen estado,
libre de impuestos y deudas tributarias.
No tiene cargas familiares
ni animales de compañía.
Sabe cuidar heridas y ventilar el alma,
lavar las dudas,
plancharlas, doblarlas y ponerlas en su sitio;
y encalar las paredes del fracaso.
Se defiende muy bien en la cocina,
es aseado y pulcro.
Procura no dar nunca un paso en falso,
medita cada gesto.
Amante de las óperas de Mozart y los valses de Strauss.
Se sabe de memoria La clemenza di Tito.
Puede sanar los dolores ocultos,
hilvanar las pestañas de las mariposas;
cultiva olvidos y geranios.
Sabe peinar la luz de la melena
que la luna suele enredar de madrugada.
Nunca ha calculado cuánto le pagan
por guardar silencio.
Un excelente domador de monstruos de papel y tinta.
No fuma. Y solo bebe el amargor que otros dejan
en el fondo sucio de las copas.
Pero suele tener pequeñas crisis de amor,
desaparece entonces, aunque regresa más tarde
con tijeras y nardos.
Habla con acento extranjero,
cuenta historias las tardes aburridas.
Come poco. Discute lo preciso.
Por buscarle un defecto: de vez en cuando escribe
poemas difíciles de entender,
pero no muerde: también el sol tiene manchas.
Ah, el precio es negociable. 

(En la revista Estación Poesía, Editorial Universidad 
de Sevilla, 2019)

Manuel Jurado López. (Diario Córdoba)
Manuel Jurado López (Sevilla, 1942) es poeta, narrador, crítico literario y traductor. Licenciado en Filología moderna, cursó también estudios de Filosofía pura y Magisterio. Ha sido catedrático de instituto.

Ha ofrecido numerosas conferencias en universidades de Suiza, Alemania y España y recibido importantes becas de traducción, como la de la Fundación suiza Pro Helvetia. La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía le otorgó ayudas de estudios e investigación en la Universidad de Lausanne durante los cursos 1990-1991 y 1991-1992. Ha recibido premios literarios en España, Suiza, Siria y Estados Unidos. Ha publicado una treintena de libros de poesía, algunas novelas, varios tomos de cuentos y la obra de teatro Las virreinas, que recibió el Premio Buero Vallejo. Sus poemas y relatos han aparecido en diversas antologías españolas y suizas y ha sido traducidos al francés, alemán, italiano, braille y árabe. Fue el coordinador de los tres tomos de la Antología General de la Poesía Andaluza, publicada en 1990.

Entre sus poemarios destacan País de invierno (1992), Música y nieve (Premio Jaén, 1992), La ciudadela (Premio Alcalá de Henares, 1993), Manuscritos de Berlín (Premio Juan Alcaide, 1993), El viajero en el desierto (Premio Arga, 1993), Poemas de Ginebra (Premio Tiflos, 1993), El cantor de boleros (Premio Esquío, 1995), Tango del amor extranjero (Premio Ernestina de Champourcín, 1998), Descripciones y olvidos (Premio Ciudad de Ronda, 2002), El desembarco de la dama (Premio Laureá Mela, 2004), Oratorio de Gaza (Premio Ángaro, 2004), El invitado incómodo (Premio Ciutat de Palma-Rubén Darío, 2004), La luz es una espada (Premio Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, 2005), La esfera de plata (Premio Blas de Otero, 2006), Apartamento en Pont Neuf (2007), Los dioses vulnerables (Premio Alegría de Poesía, 2008), Las islas en noviembre (2008), Huesos de pájaro (Premio Tardor, 2009), Estación Otoño-Norte (Premio Ciudad de Badajoz, 2019) y La destrucción del cielo (Premio Juan Ramón Jiménez 2019 y Premio Andalucía de la Crítica 2020).

domingo, 1 de septiembre de 2024

"Asociaré aquel puerto con septiembre" y otros dos poemas de Verónica Aranda

Calle de Lisboa



Asociaré aquel puerto con septiembre,
con el incienso del albaricoque,
al cruzar desde Goa
el oculto zaguán de la pensão
de Praça da Figueira con ventanas
que daban a una calle de la Baixa
con una iglesia y tiendas de anticuario.

La libertad era un tranvía rojo
que cruzaba Lisboa, en ese tiempo
de tascas de azulejos y miradores,
donde las tardes eran 
de un plácido ideal, un soplo intenso
hecho de misticismos decadentes.

(De Tatuaje, Hiperión, 2005)

Kerala

Veo morir las tardes junto al mar
desde una baranda en Travancor
en donde leo a Borges. Hay jardines
con perros color luna y bibliotecas.

La memoria, sus plazas de palomas,
el desembarco de los portugueses,
la noche de Panjim, sin ataduras,
en que bebí licor mal destilado,
y este amor que se acaba lentamente
al igual que las tardes junto al mar,
bajo la tenue luz de salones de música
y la frondosidad de las palmeras.

Porque temer la noche
no es tan solo un oficio de cobardes
o viajeros ociosos.
Es pensar en las celdas de septiembre
e ir por tu cuerpo como por las viñas:
la embriaguez transitoria y luego el desarraigo
como única forma de regreso.

Veo morir las tardes junto al mar,
con miedo a la palabra y sus astillas.
El doble filo de la dualidad
nos hace vulnerables
más allá del ocaso de los patios
con la ropa tendida.

(De Cortes de luz, Rialp, 2010)

Naturaleza muerta

Un tubo seco de pintura acrílica
de color blanco seda,
el libro abandonado en provenzal,
cangrejos disecados,
piñas,
mitades de granadas,
la luz entrando en el balcón
yo diría, entreabierto
para enfocar
la foto de bodas
de los antepasados,
su miedo detenido
una mañana de 1900.

(De Humo de té, Diputación de Soria, 2021)


Verónica Aranda (Madrid, 1982) es licenciada en Filología hispánica y doctora en Estudios artísticos, literarios y de la cultura por la Universidad Autónoma de Madrid (especialista en copla y fado), poeta, traductora y gestora cultural. Ha residido en países como Portugal, Bélgica, Italia, la India o Marruecos y obtenido diversas becas de estudio y reconocimientos literarios. Actualmente dirige una colección de poesía hispanoamericana en la editorial Polibea. 

Ha publicado los poemarios Poeta en India (2005, Premio Joaquín Benito de Lucas), Tatuaje (2005, Premio Antonio Carvajal), Alfama (2009, Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro), Postal de olvido (2010, Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid), Cortes de luz (2010, accésit del Premio Adonáis 2009), Senda de sauces. 99 haikus (2011), Café Hafa (2012, Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás), Lluvias continuas. Ciento un haikus (2014), Otoño en Tánger (2016), Épica de raíles (2016, Premio Miguel Hernández-Comunidad Valenciana),  Dibujar una isla (2017, Premio de Poesía Ciudad de Salamanca), Río Mekong (2018), Cobalto oscuro (2020, Premio Internacional de Poesía Ciudad de Pamplona), Humo de té (2021, Premio Leonor de Poesía 2020) y Hammam de mujeres (2021), continuación natural de Café Hafa y Humo de té, a los que se añaden nuevos matices de sororidad y feminismo, según Martínez Morán. Ha publicado, además, las antologías Mapas (2000-2015), 2018; La rosa contra el lino (2023), y la antología bilingüe Inside de Shell of the Tortoise (2016). 

Uno de los rasgos más llamativos de su poesía es su carácter viajero. Juan José Martín Ramos observa que Verónica Aranda "ha hecho de la 'forma de estar en las ciudades' una poética, una forma de ser del lugar y una forma de ser en sí y de comprenderse", pero aborda  Humo de té, "como un punto de llegada desde el que echar la vista sobre lo vivido, lo viajado, lo visto, lo gustado o lo asombrado". Francisco José Martínez Morán, por su parte, describe la poesía de Verónica Aranda como "una conjunción perfecta de sensualidad, pensamiento clarividente y perfección verbal":

"La apabullante riqueza expresiva de sus textos, su impecable factura técnica y su aparente claridad en lo complejo sirven de vehículo expresivo para un universo cosmopolita y sugeridor en el que tan pronto se dan cita los paisajes naturales y humanos de la India como se presentan, cargados de simbolismo y sabiduría, los espacios íntimos de Japón o Lisboa. Quien lee Postal de olvido, Tatuaje, Café Hafa, o Dibujar una isla se adentra en un territorio sensorial inolvidable, en un sutilísimo mapa de afectos en el que perderse por el mero placer de hacer de la lectura vida y de la vida, música de la palabra".

Verónica Aranda cultiva también la literatura infantil, el microrrelato y la literatura de viajes. Ha traducido a los poetas Yuyutsu RD Sharma, António Ramos Rosa, Maria do Rosário Pedreira, Clarissa Macedo, Salgado Maranhão, Firas Sulaiman, Michel Thion, Flaminia Cruciani y Tamara Andrés.

Verónica Aranda. (Diario Córdoba)

Referencias:
-Juan José Martín Ramos, Verónica Aranda en su habitación propia, en Sólo Digital Turia. Consultado en: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/veronica-aranda-en-su-habitacion-propia
-Francisco José Martínez Morán, 'Hammam de mujeres' de Verónica Aranda, en Gafe. Revista Literaria. Consultado en: https://gafe.info/hammam-de-mujeres-de-veronica-aranda-por-francisco-jose-martinez-moran/poesia/coleccion-poesia-movil/

[Imagen inicial: Inside Lisbon]

domingo, 25 de agosto de 2024

"En un soneto cabe cualquier cosa", de Laura Campmany


Pareja lee un libro en San Sebastián./ EFE. Juan Herrero


SONETO

En un soneto cabe cualquier cosa:
la tarde del revés, la golondrina
que asoló con sus alas mi oficina,
y el humo, convertido en mariposa.

Le cabe la certeza luminosa
del rayo que ni cesa ni fulmina.
Le cabe la soberbia gongorina
que urdió en la noche el nombre de la rosa.

Si abarcará universos literales,
campos, espigas, lunas, mares, montes,
que, por caber, le caben catedrales

y lirios que resumen horizontes.
¿Y dices que no cabe el amor nuestro?
Si me das un papel, te lo demuestro.

(De Del amor o del agua, Bitácora, 1993) 

Y también obrará la primavera 
su milagro inaudito
en mi pluma incesante,
en mi voz industriosa,
en todos estos años de letargo impaciente.
Llegará el temporal
y romperá la inercia poderosa
y brillará otro sol definitivo
y habrá un oro en las mieses
como el del lomo antiguo de los libros.
Y sé que me traerá la primavera,
de nuevo, su perfume de albahaca, 
y su fronda de helechos,
y su aroma profundo.
Y pediré a los ángeles del aire,
y al dios de la armonía,
que vuelvan a soplar en mi tintero.
Para que esta segunda primavera,
con su sello escarlata,
sepa, sencillamente, que la espero.

(De El ángel fumador, La Isla de Siltolá, 2012)

LOS POETAS

Cuando se mueren ellos, porque también se mueren,
algo pasa en la calle, pero a nadie le importa.
Las cancelas rechinan, sollozan los portales,
los tejados embisten, se enfurecen las rosas.
Las farolas pregonan que murió el Gran Borracho,
ése que andaba siempre con el alma en la boca,
y los tilos del parque ya no saben qué hacerse,
si embriagarse de polen o arrancarse las hojas.
Algo pasa en la calle cuando se mueren ellos:
Nueva York se suicida y Granada se ahoga
porque Lorca está muerto y en el cielo se han visto
cuatro lirios de sangre. Lo mataron a Lorca.
¡Pobre Florencia! Cómo se queda de asustada
cuando Dante decide poner rumbo a la gloria
llevándose consigo su amor interminable
a Beatriz, que lo espera; al Arno, que lo añora.
Todos murieron, todos: los dulces Garcilasos,
los Manriques, los Lopes, los Quevedos, los Góngoras...
Otra Isabel aguarda, Polifemo recela,
que una hiedra la estreche, que una ninfa se esconda.
Los poetas se mueren como morimos todos,
con el recuerdo inútil y la esperanza rota,
pero dicen que pueden escribir versos tristes,
y en verdad son tan tristes, que las estrellas lloran.
Cuando muere un poeta no hay palabra que diga
todo lo que enmudece, todo lo que se borra.
Ido Rubén, ¿qué haremos con la siringa agreste?
Cuando Miguel estalla, cesan las amapolas.
Y Antonio, cuando Antonio, cansado de destierros,
se va como los hijos de la mar, y no retorna,
algo pasa en la calle: los olmos languidecen,
Soria se deshabita, Guiomar se queda sola.
Con ellos se va el viento, la espuela, el malvavisco.
Tras ellos, el ocaso deja un rastro de sombra.
Ítaca la imposible se aleja para siempre,
y la casa se apaga, y el arpa se arrincona,
y sólo queda el ancla profunda de sus versos,
quién sabe si salvando a miles de personas...

(En: lauracampmany.com)


La escritora Laura Campmany

Laura Campmany (Madrid, 1962), hija del periodista Jaime Campmany,  es licenciada en Filología hispánica y desde 1987 trabaja en Bruselas como traductora de la Unión Europea. 

En 1992 quedó finalista del premio "Un millón para un soneto". Ha publicado Del amor o del agua (Bitácora, 1993, Premio de Poesía Feria del Libro de Madrid), Travesía del olvido (Hiperión, 1998, Premio de Poesía Hiperión), Verbigracia (Bruselas, Excritos, 2001) y El ángel fumador (La Isla de Siltolá, 2012). Es también coautora de una traducción en verso de Cirano de Bergerac, de Edmond Ronstad, estrenada en el Teatro Español de Madrid en febrero de 2000 y publicada en la Colección Austral (Espasa Calpe, 2000), y autora de la obra de teatro El sueño de la libertad (Juguete tragicómico en dos actos), estrenada en el Espace Senghor de Bruselas en 2002. Ha colaborado en ABC con una columna semanal de opinión entre septiembre de 2005 y mayo de 2011.