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miércoles, 11 de enero de 2017

'Blas de Otero. El poeta que bajó a la calle', antología


Como homenaje  al poeta Blas de Otero (1916-1979) en el año  del centenario de su nacimiento, el Centro de Estudios Locales de Andorra, Teruel, (Celán) ha publicado una antología en formato digital coordinada por María Victoria Benito y Teresa Gamarra.
Dieciséis personas (tres de ellas relacionadas con el IES Goya de Zaragoza) han formado el equipo que ha realizado el libro, titulado Blas de Otero. El poeta que bajó a la calle y compuesto por una selección de doce poemas comentados, una biografía de Blas de Otero y una serie de seis ilustraciones realizadas expresamente para la ocasión.


domingo, 9 de octubre de 2016

"A la inmensa mayoría", de Blas de Otero



            A la inmensa mayoría

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad.  Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.
                                               BLAS DE OTERO

De Pido la paz y la palabra, 1955

En el año del centenario de su nacimiento, recordamos a Blas de Otero (1916-1979) con una de sus composiciones más conocidas. Se trata del poema inicial  de Pido la paz y la palabra, libro que representa la ruptura con la poesía existencial  y el inicio de una nueva etapa, la de la poesía social; en palabras de  Alarcos, "el paso del yo al nosotros".
En la entrevista concedida a Manuel Michel ("Blas de Otero cuenta algo de su vida"*) para México de la Cultura, suplemento del periódico Novedades (12 de abril de 1959), Blas de Otero  explicaba así su evolución:
Me siento terriblemente solidario de la realidad social, lo que me impide sentirme solitario. Vea usted mi dedicatoria de Pido la paz y la palabra. Es la antítesis de la famosa frase de dedicación de Juan Ramón Jiménez -a quien admiro mucho- "A la minoría siempre, a la inmensa minoría...".Yo lo dedico a la inmensa mayoría. Y creo que no tenemos otro camino los poetas, o los escritores en general. Hay que hacer el camino inverso, romper las pequeñas capillas literarias, aumentar el número de los escogidos. Yo recojo de la "inmensa mayoría" mis inquietudes y mis temas y también mis palabras, y lo devuelvo todo. El subjetivismo es poco provechoso aun cuando tiene una función de base. En un momento dado, antes de Pido la paz y la palabra, mi inspiración provenía de los temas llamados "eternos", metafísicos, el hombre entre la vida y la muerte. Pero encontré mi centro de gravedad, como he dicho, y en él me apoyo. Es la España concreta, actual. Y la vuelta al Romancero y a Machado en el uso del lenguaje que entiende el pueblo.
El poema, una declaración de principios en cuartetos asonantados,  poetiza su trayectoria poética y adquiere forma de testamento ("mi última voluntad") al estar datado y firmado. El poeta, absorto hasta entonces en su mundo interior, dirige su mirada hacia los otros y ve   un mundo dominado por el odio y la violencia, destrozado por la guerra (representada aquí por aviones de combate y barcos de guerra: "ángeles atroces" y "horribles peces de metal"). Su poesía anterior le parece entonces tremendamente insolidaria, por eso "rompió todos sus versos" y dando un giro radical a su poesía,  bajó a la calle con los brazos abiertos  para, en unión de sus semejantes, clamar contra ese horror y buscar la paz y la justicia.

*En  Obra completa (1935-1977). Edición de Sabina de la Cruz con la colaboración de Mario Hernández. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016, pp. 1119-1123.

Puedes escuchar otro poema del autor en este enlace:

Entrada relacionada:


domingo, 11 de enero de 2015

"Juicio final", de Blas de Otero


                

            Juicio final



Yo, pecador*, artista del pecado,
comido por el ansia hasta los tuétanos,
yo, tropel de esperanza y de fracasos,
estatua del dolor, firma del viento.

Yo, pecador, en fin, desesperado
de sombras y de sueños: me confieso
que soy un hombre en situación de hablaros
de la vida. Pequé. No me arrepiento.

Nací para narrar con estos labios
que barrerá la muerte un día de éstos,
espléndidas caídas en picado
del bello avión aquel de carne y hueso.

Alas arriba disparó los brazos,
alardeando de tan alto invento;
plumas de níquel: escribid despacio.
Helas aquí, hincadas en el suelo.

Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
de aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés. Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno. Caí. No me arrepiento.

Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
Llegaré por mis pies, —¿para qué os quiero?—
a la patria del hombre: al cielo raso
de sombras esas y de sueños esos.


                De Pido la paz y la palabra, 1955

* Comienzo tomado de la oración "Yo, pecador,
me confieso a Dios..."

Blas de Otero  (Bilbao, 1916-Madrid,1979) está considerado uno  de  los más grandes poetas españoles  de la segunda mitad del siglo xx, tanto por su extraordinario dominio del verso como por la profundidad de los conceptos expresados.    
   Nacido en el seno de una familia de la burguesía vasca, sus primeros años fueron los de un niño rico educado en casa por una institutriz francesa, la mademoiselle Isabel   de quien habla en uno de sus poemas.   A los siete años ingresó en el colegio de María de Maeztu para aprender las primeras letras, y después en el colegio de los jesuitas. Sin embargo, la depresión económica posterior a la Primera Guerra Mundial afecta pronto a la familia, que se traslada a Madrid, donde el poeta termina el bachillerato en el instituto Cardenal   Cisneros.      La muerte de su hermano mayor, cuando el escritor tenía trece años,  y la de su padre, dos años después, determinan su futuro: se ve obligado a sacrificar su vocación por las letras para estudiar la carrera de Derecho e intentar rehacer la economía familiar.  Tenía quince años cuando regresa a Bilbao con su madre y sus dos hermanas. En su ciudad termina Derecho y lo sorprende el estallido de la Guerra Civil. Se incorpora a los batallones vascos (dependientes del gobierno vasco y de la República) como sanitario y, cuando el ejército de Franco toma la ciudad, es destinado a Levante.  
   Al finalizar la guerra, trabajó en Bilbao como abogado, pero en 1943 marcha a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, con la intención de ejercer la docencia, en un intento de conciliar sus obligaciones familiares y su verdadera vocación; sin embargo, la grave enfermedad de una de sus hermana le obliga a regresar de nuevo a casa, lo que le provoca una crisis depresiva que requiere su internamiento en el sanatorio de Usúrbil. Durante estos años compone poemas en los que expresa su crisis ideológica y su angustia existencial. 
   Huyendo del asfixiante clima de posguerra, en 1951 marcha a París, donde permanece casi un año, entra en contacto con los exiliados españoles y se afilia al Partido Comunista, mientras su obra  se orienta hacia la poesía social. En París conoció a la actriz vasca Tachia Quintanar, con quien mantuvo una relación amorosa, transformada después en amistad duradera. A  su regreso, vive en Bilbao con su madre y su hermana mayor, dedicado exclusivamente a la poesía. Viaja a menudo por España dando conferencias y recitales.  
   Entre 1956 y 1959 reside en Barcelona, invitado por José Agustín Goytisolo y su esposa, Asunción Carandell. Allí se relaciona con los poetas barceloneses que escriben en castellano y participa en la vida cultural. Posteriormente viaja a los países en que ha triunfado la revolución socialista: la Unión Soviética, China y, finalmente, Cuba donde reside desde 1964 hasta 1968. Regresa enfermo de cáncer y con la triste experiencia de un matrimonio fracasado con la cubana Yolanda Pina. Reencuentra el amor en Sabina de la Cruz, su novia a comienzos de la década de los sesenta, con la que compartirá, en Madrid, los once años que le restan de vida.
Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y J.A. Goytisolo
    La obra poética de Blas de Otero es una síntesis de la poesía compuesta en España después de la Guerra Civil. Dejando al margen sus obras juveniles, su primera etapa corresponde a la poesía existencial. Ángel fieramente humano (1950) se caracteriza por una poesía desgarrada y la actitud atormentada del poeta ante la muerte  y el silencio de Dios, de quien se siente abandonado. En cuanto a la métrica, predominan las formas clásicas, sonetos, sobre todo.  Abundan también fórmulas procedentes de la tradición religiosa y las referencias a la Biblia, de la que toma también el recurso del paralelismo. En Redoble de conciencia (1951, Premio Boscán) se acentúa la rebelión contra el silencio de Dios, pero se advierte el acercamiento solidario del poeta a los demás seres humanos, adivinando, así, una salida a su conflicto existencial. Con ambos libros, en los que se intercalan poemas nuevos, se suprimen algunos del primero y se modifica el orden, forma  Ancia (Premio de la Crítica 1958 y Premio Fastenrath de la RAE en 1961), cuyo título resulta de unir la primera sílaba del uno y la última del otro.
   Con Pido la paz y la palabra (1955) se abre una nueva etapa en su producción poética, la de la poesía social. Sus inquietudes, centradas ahora en el ser humano, toman  una dimensión colectiva que se concreta en la España de los años cincuenta, cuya miseria e injusticia se denuncian sin caer en el pesimismo, con la esperanza puesta en un mundo mejor. En su siguiente libro, En castellano (1959), publicado en París por problemas de censura,  se hace más evidente el mensaje político y la sobriedad expresiva iniciada en el anterior. La censura eliminó también un tercio de los poemas de Que trata de España (1964), obra dirigida "por y para la inmensa mayoría" frente a la "inmensa minoría" de Juan Ramón, emocionado paseo por distintos lugares de España que expresa el deseo de una justa convivencia en paz, en el que incorpora formas métricas de inspiración tradicional, formas clásicas (como el soneto) renovadas  y el  verso libre.
   En sus últimos años cultiva una poesía  experimental. A esta etapa pertenece Historias fingidas y verdaderas (1970), libro en prosa formado por textos que oscilan entre el relato, el ensayo breve y el poema en prosa. Abundan los textos autobiográficos (la infancia, la vida cotidiana). Compuso, además numerosos poemas,  parte de los cuales fueron recogidos en Mientras (1970). Póstumamente, en 2010,  apareció una edición conjunta de sus dos libros inéditos, con el título de Hojas de Madrid con La galerna.  En ellos se funde la vertiente existencial y social de su poesía. En ambos, con evidentes influencias del surrealismo, predomina el verso libre, y es frecuente la ruptura de la lógica y las asociaciones insólitas.

  "Poeta imprescindible", ha escrito Emilio Miró, "Blas de Otero [...] ha sido el cantor del hombre y su dignidad, del entrañable 'cantar de amigo' de un tiempo sombrío y una historia viva, siempre en marcha hacia el futuro."

Escucha una versión cantada de "Me queda la palabra", uno de sus poemas más conocidos: