EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 3 de abril de 2016

Tres poemas de Alfredo Saldaña




¿Quién velará
por la palabra
cuando el pájaro solitario
alce en la noche
su vuelo
sin destino,
sin consuelo
y sin porqué?


*        *       *     *

(Unas rayas en la palma de  una mano,  unos  restos  de  escritura
cuneiforme,   una  partitura,   unas   grietas   en  la   falda  de   una
montaña, unos posos en  la taza de  café, una fórmula matemática,
el movimiento de  unas nubes  en  el cielo, el  silbido  del viento en
el horizonte de  la tundra,  el surco  abierto  en la roca por el agua,
las huellas de unos pasos  en la arena, unas  piedras amontonadas
junto  al   sendero, unas   arrugas  en  el  rostro  de  un  anciano, la
figuración  jeroglífica  sobre  un sarcófago  erosionado por  el  paso
del tiempo, unas estrellas en la bóveda celeste  de un desierto, un
amanecer en la orilla del  mar, un texto literario... ,  paisajes  para 
ser leídos por una mirada.)


*       *      *      *


Pero la muerte, ¿qué clase de verdad esconde
enterrada bajo la arena de este desierto calcinado?

Habitar en el aire, construir sobre el agua.


              De Humus, Eclipsados, 2008



Alfredo Saldaña (Toledo, 1962) es profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza. Profesor visitante en diversas universidades extranjeras, es autor de un centenar de trabajos aparecidos en publicaciones españolas y extranjeras, entre los que se cuentan Modernidad y posmodernidad: filosofía de la cultura y teoría estética (1997), El texto del mundo. Crítica de la imaginación literaria (2003), No todo es superficie. Poesía española y posmodernidad (2009) y La huella en el margen. Literatura y pensamiento crítico (2013). Con Antonio Pérez Lasheras, ha editado la antología poética de Miguel Labordeta Donde perece un dios estremecido (1994), y Las patitas de la sombra (2000), colección de romances postistas de E. Cicharro y C. E. de Ory. Ha publicado los libros de poesía Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (1989), Pasar de largo (2003), Palabras que hablan de la muerte del pensamiento (2003), El que mira las palabras (2004), Humus (2008), Sin contar. Poesía 1983-2010 (2010) y Malpaís (2015).

[La fotografía de Alfredo Saldaña está tomada de: www.heraldo.es]

miércoles, 30 de marzo de 2016

E. L. Doctorow: "El escritor de la familia" [Fragmento]





EL ESCRITOR DE LA FAMILIA 

[FRAGMENTO] 

Traducción de Carlos Milla Soler e Isabel Ferrer Marrades 

En 1955 murió mi padre y su anciana madre aún vivía en una residencia de la tercera edad. La mujer tenía noventa años y ni siquiera se había enterado de que él estaba enfermo. Temiendo que el disgusto la matase, mis tías le dijeron que se había trasladado a Arizona por su bronquitis. Para la generación inmigrante de mi abuela, Arizona era el equivalente en Estados Unidos a los Alpes, el lugar adonde uno iba por salud o, para ser más exactos, el lugar adonde uno iba si tenía el dinero necesario para ir. Dado que mi padre había fracasado en todos los negocios de su vida, ése fue el aspecto de la noticia en el que se centró mi abuela, el hecho de que su hijo por fin había alcanzado cierto éxito. Y fue así como mientras nosotros, en casa, llorábamos su pérdida con una mano delante y otra detrás, mi abuela alardeaba ante sus amistades de la nueva vida de su hijo en el aire seco del desierto.
   Mis tías habían decidido esa línea de acción sin consultarnos y eso suponía que ni mi madre ni mi hermano ni yo podríamos visitar a la abuela porque supuestamente nosotros, como familia que éramos, también nos habíamos trasladado al Oeste. A mi hermano Harold y a mí no nos importó: la residencia había sido siempre una pesadilla, con todos aquellos ancianos allí sentados mirándonos mientras intentábamos entablar conversación con la abuela. Ella tenía un aspecto espantoso, padecía un sinfín de males y se le iba la cabeza. No verla tampoco representaba una decepción para mi madre, ella nunca se había llevado bien con la vieja y no la visitaba ni siquiera cuando aún podía. Pero lo molesto fue que  mis tías habían actuado como era habitual en esa rama de la familia, ejerciendo la autoridad en nombre de todos: por un lado, ellas, las auténticas ciudadanas por lazos de sangre; por otro lado, los demás, ciudadanos inferiores por lazos matrimoniales. Era precisamente esa actitud la que había atormentado a mi madre durante toda su vida de casada. Sostenía que la familia de Jack nunca la había aceptado. Se había enfrentado a ellos durante veinticinco años como intrusa.
   Pocas semanas después de nuestro duelo ritual, mi tía Frances nos telefoneó desde su casa de Larchmont. La tía Frances era la más rica de las hermanas de mi padre. Su marido era abogado y sus dos hijos estudiaban en Amherst. Había llamado para decir que la abuela preguntaba por qué no tenía noticias de Jack. Yo había atendido el teléfono. "Tú eres el escritor de la familia -dijo mi tía-. Tu padre tenía mucha fe en ti. ¿Te importaría inventarte algo? Envíamelo y yo se lo leeré a ella. No notará la diferencia."
   Esa noche, en la mesa de la cocina, aparté mis deberes y redacté una carta. Intenté imaginar cómo habría respondido mi padre a su nueva vida. Él nunca había viajado al Oeste. Nunca había ido a ningún sitio. En su generación el gran viaje era de la clase trabajadora a la clase profesional. Eso tampoco lo había conseguido. Pero adoraba Nueva York, la ciudad donde había nacido y vivido su vida, la ciudad donde siempre descubría cosas nuevas. Adoraba especialmente las zonas antiguas por debajo de Canal Street, donde encontraba proveedores de buques o empresas que comerciaban al por mayor con especias y té. Era vendedor al servicio de un mayorista de electrodomésticos, con clientes repartidos por toda la ciudad. Le encantaba llevar a casa quesos raros o verduras exóticas de otros países que se vendían sólo en determinados barrios. Una vez llevó a casa un barómetro, otra vez un catalejo antiguo en un estuche de madera con cierre de latón.
   "Querida mamá -escribí-. Arizona es un sitio precioso. Luce el sol todo el día y el aire es cálido, hacía años que no me sentía tan bien. El desierto no es tan yermo como podría pensarse sino que está lleno de flores silvestres y cactus y extraños árboles torcidos que parecen hombres con brazos extendidos. Puedes ver a grandes distancias mires a donde mires y al oeste hay una cordillera, quizá a unos ochenta kilómetros de aquí, pero por la mañana, cuando el sol la ilumina, se ve la nieve en los picos."
   Mi tía telefoneó al cabo de unos días y me dijo que fue al leer la carta en voz alta a la vieja cuando sintió el pleno efecto de la muerte de Jack. Tuvo que disculparse y salir a llorar al aparcamiento.
   -No sabes cómo lloré -dijo-. Lo añoré tanto.Tienes toda la razón, le encantaba ir a sitios, le encantaba la vida, le encantaba todo.
                                                         En Cuentos completos, Malpaso, 2011, páginas 39-43


El escritor estadounidense Edgar Lawrence Doctorow (Nueva York, 1931-2015), hijo de un matrimonio de inmigrantes judíos de segunda generación, se crio en el Bronx y estudió en el Kenyon College. Empezó a escribir estimulado por los relatos de vaqueros que leía para una productora cinematográfica. Sus novelas, que contribuyeron a fijar en la memoria de los lectores episodios recientes de la historia de su país, lo han convertido en el gran cronista de la historia norteamericana y en uno de los maestros de la literatura contemporánea. Basta recordar obras como El libro de Daniel (1971), sobre el caso Rosenberg; Ragtime (1975), la historia de Nueva York entre 1900 y la Primera Guerra Mundial; La gran marcha (2005), acerca de la operación militar del general Sherman durante la guerra civil, o Homer y Langley (2009),  la historia real de los hermanos Collyer, que murieron en su mansión  de Harlem sepultados en la basura que habían acumulado durante años. Entre otros premios, ha recibido el National Book Award y, en tres ocasiones, el National Book Critics Award.
   De sus cuentos, publicados a lo largo de cuatro décadas, escribe Eduardo Lago en el Prólogo a la edición de Cuentos completos: "El encuentro con los relatos breves de Doctorow supone una verdadera revelación: en ellos hay algo que no se manifiesta de la misma manera en las novelas mayores. Para decirlo de manera sumaria, como autor de relatos breves, Doctorow fue un escritor más directo, poético y fugaz; más emotivo y cercano; más íntimo y elusivo; más profundo y misterioso; y, a la postre, mucho más desconcertante".

domingo, 27 de marzo de 2016

"Ver llover", de Juan Gil-Albert


Foto: Josef Sudek



                 VER LLOVER
                             
                                A Rosalía de Castro


Cuando llueve la tierra
suspende sus labores
y el hombre se recrea en su silencio
como si nada externo fuera nada,
sino tan sólo el húmedo murmullo
del agua universal. Se asoma enfrente
de mi balcón un rostro entre penumbras
y ambos lejanos, mudos, solitarios,
contemplamos el raudo deshacerse
de las nubes ha poco luminosas.
No hay como estas paradas de la vida
para que todo adquiera fugitivo
su semblante más vasto: su invisible
poder evocador: ¿Será la vida
más que nuestro ajetreo este trastorno
dulcemente fragante, esta fragancia
trastornadora, un eco
de lo que por debajo de la tierra
se cumple ante los ojos en la forma
de una suave bondad? ¿Es todo un aire
sombrío que se anega en su belleza?
Mucho ha indagado el hombre de las cosas
que en torno lo rodean; mas si llueve
olvídase de todo y sólo entonces
asiste a este extenderse por el mundo
de lo que nunca fue ciencia ni arte:
una música gris, una cadencia
triste como es el alma pensativa
de quien la escucha.

          Juan Gil-Albert, Concierto en mí: 
Antología poética, Renacimiento,
 Sevilla, 2004

Juan Gil-Albert (Alcoy, 1904-Valencia, 1994) es el seudónimo literario adoptado por el  español Juan de Mata Gil Simón, escritor minoritario, autor de una obra muy depurada. 
   Pasó su infancia  en su ciudad natal, pero cuando contaba nueve años su familia se trasladó a Valencia, donde acabó el bachillerato y comenzó los estudios de Derecho y Filosofía y Letras. Se dio a conocer en 1927 con dos libros en prosa en la estela del modernismo: La fascinación de lo irreal y Vibración del estío, que rebelan su admiración por Valle-Inclán y Gabriel Miró. A estas seguirán otras obras influidas por las vanguardias.
  Su poesía surge en las vísperas de  la guerra civil: en 1936 publica Misteriosa presencia, compuesto por treinta y seis sonetos de contenido erótico, y  Candente horror, poesía comprometida en la que se percibe la influencia del surrealismo. El compromiso se acentúa con Siete romances de guerra (1937) y Son nombres ignorados (1938). En estos años se relacionó con escritores como García Lorca, Altolaguirre o Cernuda; colaboró en la fundación de la revista Hora de España, órgano de los escritores republicanos, y participó en la organización  del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia durante la Guerra Civil.
   Acabada la guerra, se exilió en México, donde colaboró en algunas revistas, como Taller, dirigida por Octavio Paz. Después se trasladó a Buenos Aires, ciudad en la que conoció a Borges y publicó Las ilusiones (1945), obra de tono elegíaco compuesta en endecasílabos, que representa su vuelta al clasicismo.
   Tras regresar a Valencia en 1947, publicó El existir medita su corriente (1949) y Concertar es amor (1951), pero permaneció apartado de los ambientes culturales. Su figura comenzó a ser reconocida en la década de los 70, tras la publicación de la antología Fuentes de la constancia (1972). No fue ajena a este reconocimiento la admiración de los poetas novísimos, que lo consideraban uno de sus maestros. De ahí que en los años siguientes se editaran varios libros escritos durante sus años de exilio interior: La metafísica (1974),  Homenajes e in promptus (1976) y Variaciones sobre un tema inextinguible (1981), que forman parte de una obra poética caracterizada por la elegancia y perfección formal en la que se perciben ecos de los clásicos y un sentimiento de melancolía impregnado de sensualidad.
Juan Gil-Albert es, además, un notable ensayista y narrador. En 1982 recibió el Premio de las Letras del País Valenciano.

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martes, 22 de marzo de 2016

LIBROS: NOVEDADES

Estos son algunos de los libros y cómics adquiridos por la biblioteca de nuestro centro:


Del árbol del corazón 2016



Hojas del árbol caídas
juguetes del viento son:
las ilusiones perdidas,
¡ay! son hojas desprendidas
del árbol del corazón.
(José de Espronceda)

Durante el mes de febrero pasado, los pasillos del pabellón sur se han ido viendo decorados día tras día de corazones y otras representaciones multicolores, festejando la llegada anual de la poesía de amor al instituto. Junto a poemas de Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, Pedro Salinas, Mario Benedetti, Felipe Benítez Reyes y de otros célebres poetas, hemos podido leer también, ilustrados o recogidos en imaginativas formas,   los versos que libremente han brotado de la inspiración y el trabajo de muchos alumnos y alumnas de ESO que se han sumado a nuestra cita anual, la séptima, con la poesía amorosa. En las clases de literatura se han recitado y comentado poemas y se han realizado talleres literarios, de cuya producción publicaremos en breve una selección que constituirá nuestro número 19 de “Cuadernos de Biblioteca”.
















domingo, 20 de marzo de 2016

"Soneto a Helena" (Sonnet à Hélène), de Pierre de Ronsard


Dibujo atribuido a Leonardo



                         Soneto a Helena

Cuando seas muy vieja, a la luz de una vela
y al amor de la lumbre, devanando e hilando,
cantarás estos versos y dirás deslumbrada:
"Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella".

No habrá entonces sirvienta que al oír tus palabras,
aunque ya doblegada por el peso del sueño,
cuando suene mi nombre la cabeza no yerga
y bendiga mi nombre, inmortal por la gloria.

Yo seré bajo tierra descarnado fantasma
y a la sombra de mirtos tendré ya mi reposo;
para entonces serás una vieja encorvada,

añorando mi amor, tus desdenes llorando.
Vive ahora; no aguardes a que llegue el mañana:
coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

 De Sonetos para Helena. Versión de Carlos Pujol.
Bruguera, 1982


VERSIÓN ORIGINAL EN FRANCÉS:

                           Sonnet à Hélène

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
Assise auprès du feu, dévidant et filant,
Direz, chantant mes vers, en vous émerveillant:
Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle.

Lors, vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
Déjà sous le labeur à demi sommeillant,
Qui au bruit de mon nom ne s’aille réveillant,
Bénissant votre nom de louange immortelle.

Je serai sous la terre et fantôme sans os:
Par les ombres myrteux je prendrai mon repos:
Vous serez au foyer une vieille accroupie,

Regrettant mon amour et votre fier dédain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain:
Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie.

Pierre de Ronsard, Sonnets pour Hélène, 1578


Pierre de Ronsard, uno de los poetas franceses con mayor prestigio universal, fue el introductor  en Francia de una nueva poesía que, siguiendo a los maestros italianos del Renacimiento, proponía la imitación de los clásicos grecolatinos y un mayor rigor formal.
   Nació en 1524 en el castillo de la Possonière,  cerca de Vendôme, en una familia noble. Desempeñó los oficios de paje real y escudero,  y estaba destinado a una brillante carrera militar que frustró la sordera causada por una enfermedad contraída durante un viaje a Alsacia. Este contratiempo le hizo orientarse hacia la carrera eclesiástica (llegó a ser capellán de Carlos IX y a conseguir dos prioratos) y el estudio de los clásicos.
   En 1549 fundó, con algunos amigos estudiantes de la Sorbona, el grupo de la Pléyade, del que formaba parte Joaquim du Bellay, autor, bajo la inspiración de Ronsard, del manifiesto poético Defense et illustration de la langue française. En él defiende el uso del francés frente al latín y rechaza las formas poéticas medievales. Durante muchos años Ronsard fue el poeta favorito de la corte y el defensor de los ortodoxia católica frente a los hugonotes, y de la monarquía de los Valois. 
  Publicó en primer lugar los cuatro volúmenes de las Odas (1550-1552), poemas académicos compuestos sobre modelos de Píndaro y Horacio, fríos e impersonales. Escribió sátiras e himnos y un fracasado intento de epopeya clásica (La Franciada), pero es sobre todo el poeta de Les Amours (Amores),   compuestos y editados a lo largo de toda su vida, con sonetos dedicados a diferentes mujeres. La joven Cassandra Salviati, hija de un banquero florentino, es la destinataria del primero de los Amores (1552), en el que tras el convencionalismo se percibe cierta sensibilidad personal y la impresión de la fugacidad del tiempo.  La segunda serie, Continuación de los amores (1555-1556), más personal que la anterior, está dedicada a dos Marías distintas: la pastora del valle del Loira Marie Dupin (una muchacha  de quince años que no le había hecho caso veinte años antes) y Marie de Clèves, amada por el que sería Enrique III, para la cual escribe por encargo la serie de poemas "sur la mort de Marie", añadidos en 1578. 
  Pero lo mejor de su poesía se encuentra en la tercera serie de Amores (1578), en los desengañados y crepusculares Sonetos para Helena, cumbre de su poesía por su sentimiento y perfección. Fueron escritos por indicación de la reina regente Catalina de Médicis, para consolar a Hélène de Surgères, joven dama de la corte, por la pérdida de su amado en la guerra. 
   Ronsard es el poeta del amor pero también de la fugacidad de la vida, del tiempo que se escapa y de la necesidad de apresarlo antes de que sea demasiado tarde. Los temas del tempus fugit, del carpe diem  y la imitación del colige, virgo, rosas de Ausonio, son recurrentes en sus composiciones, de lo que es una excelente muestra el poema elegido, en el que encontramos el mejor Ronsard.
   El prestigio de Ronsard fue menguando con la aparición del joven poeta Desportes, lo que motivó su abandono de la corte y su amargura final.  Falleció, olvidado, en 1585. El olvido se prolongó hasta el siglo XIX, cuando fue reivindicado y editado por el poeta romántico Gérard de Nerval (1808-1855).


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jueves, 17 de marzo de 2016

Día Mundial de la Poesía 2016




                               FULGORES

                              Nadie es la patria.
                              J.L. BORGES

Nada ni nadie es la poesía.
Ni el personaje solo en una roca
que mira los embates
del mar. Ni el mar, lo único
que ha perdurado en la mitología.
Poesía no eres tú. Ni los crepúsculos,
ni el inútil prestigio de la rosa,
ni haber escrito el verso más triste alguna noche.
Nada ni nadie es la poesía.
Ni el ínfimo temblor de las estrellas,
ni mármol y ceniza, reunidos por los clásicos,
ni los muelles al alba, ni las hojas muertas,
ni escuchar la canción Les feuilles mortes.
Nada ni nadie es la poesía.
Ni las cartas de Rilke, ni Venecia,
ni la bala en la sien de Maiacovski*,
ni la luz del farol entre la niebla
donde siempre esperará Lili Marlene.
Nada ni nadie es la poesía,
pero ella es quien me salva de este monstruo
que acecha en un lugar dentro de mí,
la bestia que me hace compañía.

                               Joan Margarit, de Aguafuertes, 1995


Desde el año 2001, el 21 de marzo, coincidiendo con el equinoccio de primavera, se celebra el Día Mundial de la Poesía, una conmemoración propuesta por la UNESCO, en su 30.ª Conferencia General, celebrada en París en 1999. La celebración es "una invitación a reflexionar sobre el poder del lenguaje y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona, y, sobre todo, el valor de la pregunta y de lo próximo". Bajo diferentes denominaciones (Fiesta de la poesía, Poetry day, Le Printemps des Poètes), se organizan en diferentes países múltiples actividades en las que participan poetas y lectores.

Un año más,  El hacedor de sueños quiere sumarse a la celebración con una composición  de Joan Margarit* cuyo tema es la poesía, un poema en que los lectores podrán identificar numerosas referencias  literarias y culturales.


Mensaje de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, con motivo del Día Mundial de la Poesía

21 de marzo de 2016


Shakespeare, de cuya muerte se cumplen ahora 400 años, escribió en El sueño de una noche de verano que la imaginación del poeta «va dando cuerpo a objetos desconocidos, su pluma los convierte en formas y da a la nada impalpable un nombre y un espacio de existencia».
Al rendir homenaje a aquellas y aquellos para quienes la palabra libre, fuente de imaginación y de actuación, es el único instrumento, la UNESCO reconoce el valor de la poesía como símbolo de la creatividad de la mente humana. Al dar forma y palabras a lo que todavía no tiene ni una cosa ni la otra (la belleza inexplicable que nos rodea, los enormes sufrimientos y la miseria del mundo), la poesía contribuye a la expansión de nuestra humanidad común, y ayuda a hacerla más fuerte, más solidaria y más consciente de ella misma.
Las voces que transmiten la poesía contribuyen a realzar la diversidad lingüística y la libertad de expresión. Colaboran en el esfuerzo mundial en favor de la educación artística y la difusión de la cultura. A veces, la primera palabra de un poema es suficiente para recuperar la confianza ante la adversidad y encontrar el camino de la esperanza frente a la barbarie. En la época de la robotización la inmediatez extrema, la poesía también abre un espacio de libertad y aventura inherente a la dignidad humana. Cada cultura tiene su arte poético, ya sea el arirang coreano, la pirekua mexicana, el hudhud de los Ifugao, el alardah saudí, el görogly turkmeno o el aitys kirguís, y se sirve de él para transmitir conocimientos, valores socioculturales y una memoria colectiva que fortalecen el respeto mutuo, la cohesión social y la búsqueda de la paz.
En este día quiero rendir homenaje a los profesionales, comediantes, narradores y desconocidos que están comprometidos con la poesía y a través de ella, mediante recitales realizados en la sombra y a la luz de los proyectores, en los jardines y en las calles. Hago un llamamiento a todos los Estados Miembros para que apoyen este esfuerzo poético que tiene la capacidad de unirnos, con independencia del origen o las creencias, a través de lo más profundo que tiene la humanidad.
                                                    Irina Bokova

*Entradas relacionadas:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com/2017/10/tantas-ciudades-las-que-debimos-haber.html




Puedes escuchar Les feuilles mortes, interpretada por Yves Montand:



También puedes escuchar la canción "Lili Marlene": https://youtu.be/9mgin_TSNl0