Siempre es una gran noticia el
éxito de un libro. En este caso, la última obra de un escritor novel, David
Uclés, ha cautivado a la crítica y al público por igual, y lo hace de forma
novedosa y valiente recorriendo un acontecimiento central de nuestra historia,
el de la Guerra Civil, que cuenta ya desde su origen con una producción escrita
abundantísima, casi inabarcable, en forma de novelas, ensayos y memorias con
diferentes perspectivas e intencionalidades. Quien se acerque a la obra (algo
que vivamente recomendamos) encontrará la historia de una familia campesina a
lo largo de esos mil días de guerra cainita, de cada uno de sus miembros y de
sus desventuras. Uclés no esconde sus cartas y, abiertamente, habla de su familia, lo que dota a la obra de un
carácter misional: el empeño de un joven escritor por rescatar la memoria
familiar. Aquí no hay novedad; sí la hay en el cómo lo hace, recurriendo a un
potente lirismo, de gran carga onírica en lo cotidiano e inédito en la temática
guerracivilista. Realismo mágico lo llama el mismo autor. Un término ya centenario,
vinculado a la literatura hispanoamericana, que Uclés reclama, al igual que lo
hace con Unamuno y su nivola o con
las inevitables evocaciones del universo cinematográfico de José Luis Cuerda;
de todo ello encontrará el lector abundantes pruebas en una obra extensa, pero
bien estructurada en sus simetrías y que atrapa en sus tramas en un ambiente
predominante de ruralidad, muy enfatizada en el uso del léxico. Sin ser una
novela sobre la guerra, sino de cómo la ven los protagonistas y de cómo impacta
en sus vidas, tiene la virtud de recorrer todos los escenarios bélicos (de
Madrid al Ebro) y situar en ellos personajes históricos o ficticios (Eric
Blair, Robert Jordan) que, abiertamente, conversan entre sí o con el mismo
autor, caso de la hilarante conversación con el Caudillo. Así, el autor-creador se postula espontáneamente como un
personaje más de la obra, lo cual aporta frescura y abre el universo narrativo
aunque, en su contra, cabe cuestionar sus excursos -también algunos de sus
diálogos- sobre referencias contemporáneas por anacrónicas o por declaradas
militancias que son innecesarias y que recaen en el tópico (el pacto de silencio, la ocultación de la
historia, etc.) Eso no resta el mérito de quien ha combinado con acierto hechos
veraces (como la inquietante aurora roja de 1938) con pasajes imaginados de
gran belleza incluso en la desolación, y todo bajo el hilo conductor de su
personaje principal, Odisto, su peculiar Odiseo íbero. Uclés, tras un
exhaustivo trabajo de años de documentación y de paciente escritura y
reescritura, nos brinda un conmovedor viaje por esa tierra de casas vacías, que
bien podría ser de almas vacías o vaciadas, de hombres menguados y mujeres
desposeídas por la violencia y la irracionalidad, de ausencias irreemplazables.
Tras su lectura lo mejor es sentir que, gracias a Davi Uclés, ese vacío está un
poco más lleno.
F.J. Leal
Departamento de Geografía e
Historia
No hay comentarios:
Publicar un comentario