EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 21 de octubre de 2018

"Himno de la imaginaria ventana abierta" (Canto da imaginária janela aberta), de Lêdo Ivo




HIMNO DE LA IMAGINARIA VENTANA ABIERTA

No celebraré sólo la casa en que nací
ni el arroyo que además no existió durante mi niñez.
No quiero ser el poeta menor de la infancia y de las inexistentes
       alegrías perdidas
ni quiero llorar los primeros amores, que sólo fueron los mejores
       porque no tenía ninguna experiencia en amar.
Celebraré entonces la imaginaria ventana abierta
a la que ella se asomaba para decirme adiós cuando yo no 
       pasaba,
celebraré los campos que no vi pero que estaban cubiertos por
       el rocío en el momento en que los imaginé,
celebraré la vida que ante mí se abre, las ciudades de cemento
       armado y  calles claras que la noche cubre con su misterio
       dulcemente medieval.
Cantaré a los hombres que trabajan, sueñan y se desesperan, y
       caminan torpemente hacia una muerte anónima y hacia 
       el domingo,
todo lo celebraré, pero sólo como quien necesita  la soledad para
       comunicarse con la vida,
celebraré los ríos, los océanos, las estrellas que en realidad
       existen, las bahías, los estrechos, las tempestades, las
       noches en que la lluvia cae sobre la vejez de la tierra,
celebraré los momentos en que me detengo frente a las cosas
       sin sentir temor,
celebraré la alegría y la tristeza, la desolación de las almas,
celebraré el esplendor de la poesía sin ninguna aflicción
       romántica ardiendo en el corazón, y si ese dolor 
       surgiera lo escupiré y me sentiré fuerte y joven,
celebraré las olas, princesas de plata desnudas en el océano,
lo celebraré todo sin orden ni concierto, para que todo sea 
       un único instante tembloroso,
celebraré el mar, los viajes, el momento en que otro hombre
       distinto a mí, y que me ignora, siente lo que yo siento 
       sin sentirme dentro de él.
Si viniera un mundo nuevo, no lo llaméis aurora. La aurora 
       nace todos los días. Llamadlo mundo nuevo, y que sea
       realmente nuevo.
Yo continuaré celebrando todo esto que es el aire que respiro, 
       el paseo en barca con mi amiga, rumbo a una isla que 
       tan sólo es una isla hecha de tierra y  playa, sin ningún
       abrigo pero con alguna tranquilidad.
Celebraré, lo celebraré todo, pero dadme la libertad de cantar 
       sin imponerme el nombre de las ciudades y de los ríos,
       sin sugerirme los temas.
Oh, solamente soy  un poeta que no quiere alabar los asuntos
       de la decrepitud, sino el tiempo en que existían rosas 
       esperando el fulgor de los ojos.
Celebraré los pájaros en el aire, los peces en el mar, la materia
       de mi tiempo y las otras sustancias, aquellas que 
       guardo en mí y son palabras abriéndose, campanas
       tocando en un amanecer de palabras.
Y volveré a celebrar la imaginaria ventana abierta que la 
       ausencia de mi amada hizo visible la noche en que no 
       pudo decirme adiós,
y después moriré, pero  no me améis en exceso, ni me 
       despreciéis demasiado, sin embargo, guardad mi nombre y
       buscadme en los versos exactamente tal como soy: mezclado
       entre los otros, rebelde, inconsecuente, confuso y lírico.
No me preguntéis nunca por la casa de  infancia ni por el amor
       de juventud.
¡Oh!, no me preguntéis nada, escuchadme si queréis, y observad
       la imaginaria ventana abierta.
No existe. ¡Mirad lo que no existe. Creadlo y seréis poetas!

VERSIÓN ORIGINAL EN PORTUGUÉS:

CANTO DA IMAGINÁRIA JANELA ABERTA

Não cantarei apenas a casa em que nasci
nem o regato que aliás não existiu durante a minha infância.
Não quero ser o poeta menor da infância y das inexistentes
       alegrias perdidas
nem quero chorar os primeiros amores, que só foram os melhores
       porque eu não tinha nenhuma experiência de amar.
Cantarei entretanto a imaginária janela aberta
onde ela se debruçava para me dar adeus quando eu não
       passava,
cantarei os campos que  não vi mas estavan cobertos de orvalho
       no momento em que os imaginei,
cantarei a vida que se desenrola diante de mim, as cidades de
       cimento armado e de ruas claras que a noite cobre com
       o seu mistério docemente medieval.
Cantarei os homens que trabalham, sonham e se desesperam,
       e caminham rudemente para a morte anônima e para
       o domingo,
cantarei tudo, mas apenas como um cantor que necessita da
       solidão para poder comunicar-se com a vida,
cantarei os rios, os oceanos, as estrelas que realmente existem,
       as baías, os estreitos, as tempestades, as noites em que
       a chuva cai sobre a velha terra,
cantarei os momentos em que paro diante das coisas e me sinto
       impávido,
cantarei a alegria e a tristeza, a desolação das almas,
cantarei o esplendor da poesia sem nenhuma pequena dor
       romântica ardendo no coração, e se essa dor surgir
       eu a cuspirei e me sentirei forte e jovem,
cantarei as vagas, princesas de prata nuas no oceano,
cantarei tudo aos solavancos, para que tudo seja apenas
       um instante fremente,
cantarei o mar, as viagens, o momento em que outro homem
       diferente de mim, e que me ignora, sente o que sinto sem
       me sentir dentro dele.
Se vier um mundo novo, não o chamem de aurora. A aurora
       nasce todos os dias. Chamem-no de mundo novo, e que
       seja realmente novo.
Eu continuarei a cantar tudo isto que é o ar que respiro,
       o passeio com a minha amiga em uma barca, a caminho
       de uma ilha que é apenas uma ilha feita de terra e de
       praia, sem nenhum refúgio, mas com algum descanso.
Cantarei, cantarei tudo, mas que me dêem liberdade de cantar,
       sem escolherem o nome das cidades e dos rios, sem me
       indicarem os temas.
Oh! sou apenas um poeta que não quer cantar as coisas da
       decrepitude, mas o tempo em que havia rosas esperando
       a cintilação dos olhos.
Cantarei os pássaros no ar, os peixes no mar, a matéria de meu
       tempo e as outras matérias, aquelas que guardo em mim
       e são palavras desabrochando, sinos tocando num
       amanhecer de palavras.
E voltarei a cantar a imaginária janela aberta, sugerida pela
       ausência de minha namorada que não me podia dar
       adeus em uma noite,
e depois morrerei, mas que não me amem demais, nem me
       desprezem demais, porém guardem meu nome, e me
       procurem nos versos exatamente como sou: misturado aos
       outros, rebelado, inconseqüente, confuso e lírico.
Não me perguntem nunca pela casa da infância nem pelo amor
       da juventude.
Oh!  não me perguntem nada, escutem-me se quiserem, e olhem
       a imaginária janela aberta.
Ela não existe. Olhai o que não existe. Criai-o, e sereis poetas!


De Ode e elegia (1945). En La aldea de sal. Selección y 
traducción de Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre. Calambur, 2009 
      

Lêdo Ivo. EFE

Lêdo Ivo (Maceió, Brasil, 1924-Sevilla, España, 2012), poeta, narrador, cronista y ensayista, es uno de los máximos exponentes de la Generación del 45 brasileña, movimiento que revisó la poesía de vanguardia y el modernismo de su país, y una de las figuras más destacadas de la literatura brasileña contemporánea.  

Se formó en Recife, ciudad a la que se trasladó en 1940. Más tarde se estableció en Río de Janeiro, donde estudió para abogado, profesión que nunca ejerció, ya que se decantó muy pronto por el periodismo. A comienzos de 1953 marchó a París donde residió un año y, después de viajar por Europa, regresó a Brasil a finales de 1954. Casado con Maria Lêda de Medeiros (1923-2004), tuvo tres hijos: Patrícia, Maria de Graça y Gonçalo. A partir de 1986, ocupó el asiento número 10 de la Academia  Brasileña de las Letras. A punto de cumplir noventa años, falleció en Sevilla, de forma inesperada, el 23 de diciembre de 2012, cuando se encontraba en viaje turístico por la ciudad.  

Es autor de una notable obra en prosa, que incluye narrativa, ensayos, crónicas, obras autobiográficas y literatura infantil y juvenil, pero es su obra poética la que lo ha convertido en un autor de culto para numerosos lectores.  Su poesía, que recupera cierto clasicismo pero con un toque personal, representa una singularidad en la literatura brasileña y resulta difícil de clasificar, como observa Marta Spagnuolo en "Lêdo Ivo: un Norte para la poesía", en Espéculo, nº 38 (UCM):
Lêdo Ivo no es un poeta social, en el sentido único en que esa denominación suele usarse, pero todo dolor humano lo toca, lata en Río o en Chicago, así como toda estupidez humana puede volverlo mordaz y epigramático. No es un poeta arcádico, pero la naturaleza [...] es su prójimo. No es un poeta regional, pero el Nordeste cruza sus libros [...]. No es un poeta elegíaco, pero [...] todo aquel pasado iniciático, más que  evocado se hace presente en imágenes y escenas de singular potencia.
Es autor de más de veinte libros de poesía, de los que algunos se han traducido al castellano. En 1986 apareció en México Las pistas, traducido por Jorge Lobillo, y en 1989 Amador Palacios tradujo en España La moneda perdida (Olifante). Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre lo hicieron con los poemas de la antología La aldea de sal (Calambur, 2009). Réquiem, el  amplio poema por el que ganó en 2010, junto a Antonio Gamoneda, el Premio Rosalía de Castro, ha sido traducido el castellano en España y América; en nuestro país fue publicado en 2009 por el Centro Cultural de la Generación del 27, en versión de Marta Spagnuolo. Antes de publicarse en Brasil, aparecieron en España Rumor nocturno (2010), Plenilunio (2010) y Calima (2011), los tres en la editorial Vaso Roto,  así como los libros póstumos Aurora (Pre-Textos, 2013) y Relámpago (Valparaíso Ediciones, 2015), traducidos todos ellos por Martín López-Vega. Valparaíso publicó también Estación final. Antología 1940-2011 (2013), con selección y traducción de Mario Bojórquez.

domingo, 14 de octubre de 2018

"Para un combatiente del Ebro", de Andrés Trapiello

El río Ebro, a su paso por Miravet (Tarragona)



Para un combatiente del Ebro

¿Qué sabemos nosotros
de los viejos caminos llenos de barro y lodo?
¿Qué podemos nosotros recordar
de la pasada guerra,
de esos pueblos pequeños rodeados de viñas?
¿De esos bailes de pueblo
sobre las verdes eras y a la luz del carburo,
cuando el sagrado azul, el azul del crepúsculo
se queda entre las tumbas viejas y abandonadas?

Otoño, otoño mío,
¿qué sabemos nosotros de la guerra?
Dime por qué el azul, sagrado azul,
es el color de los que nunca vuelven,
de aquellos que partieron
una mañana antigua
por los viejos caminos llenos de barro y lodo.


                  De Las tradiciones, 1982

Imagen de la batalla del Ebro, frente a Miravet


La batalla del Ebro tuvo lugar entre los meses de julio a noviembre de 1938 en el cauce bajo del valle del Ebro, entre el occidente de la provincia de Tarragona, la Tierra Alta, y la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza). Fue la batalla más larga y cruenta  de la Guerra Civil (1936-1939) y en la que más combatientes participaron. En ella se decidió el final de la guerra, pues, después de meses de dura lucha, las fuerzas republicanas tuvieron que retirarse, lo que hizo inevitable la derrota final del bando republicano.



Fuente: Wikipedia
Miembros del batallón Commune de Paris. Mequinenza
[www. cervantesvirtual.com]

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miércoles, 10 de octubre de 2018

"Cordero de Dios", un relato de Óscar Sipán

© Inmaculada Martín Catalán




                                                      CORDERO DE DIOS


Marx se equivocó al creer que el sufrimiento económico sería la base de la revolución; quizá lo sea la angustia psíquica, el sufrimiento espiritual.

    JOHN ZERZAN (1999)


IMBUIDO EN UN CAOS a cámara lenta, roto el círculo de juicio y control, de equilibrio y realidad, rogándole a un dios desconocido que todo sea un mal sueño, una pesadilla de verano, cae de rodillas, alza las manos al cielo y con los ojos cerrados y la mandíbula desencajada expulsa un grito de dolor del que tendrá que alimentarse el resto de sus días.

Mercedes negro de última generación bajo un sol de justicia, instala al niño en la silla —asegurando firmemente las correas y los cierres—, revisa el nudo de su corbata de seda y se atusa el pelo moteado de canas en el espejo retrovisor, a pesar de la ducha ya tiene la frente perlada de sudor, deposita la americana y el maletín de cuero negro en el asiento contiguo y enciende el climatizador y la radio, “ola de calor en el país… la temperatura podrá alcanzar hoy los cuarenta y cinco grados a la sombra”, concentrado en firmes pensamientos —el ultimátum de sus jefes, una relación basada en la comodidad, falta de ilusiones, anemia de sentimientos, depresión, deterioro del cuerpo y de las defensas— avanza entre una amalgama de casas unifamiliares repetidas, gente repetida corta mecánicamente un césped repetido, pasea a un perro de caza repetido o besa en la mejilla a una mujer repetida que le desea un buen día, habitantes de un paraíso abstracto, adictos a la luz artificial y al dinero de plástico, herederos de dudas y tristezas, circula a mayor velocidad de la permitida, sorteando repartidores andróginos y jubilados sin nada que hacer, jubilados como su padre, un hombre marcado por una guerra y una mujer alargando su vida en una residencia de la provincia de Huesca, intenso dolor de cabeza y el regusto amargo del café en la boca del estómago, si la delegación japonesa que hoy visita la fábrica no invierte en la nueva planta se acabó la casa unifamiliar, el coche de importación, el gimnasio, las vacaciones exóticas, el club de golf… los valores fundamentales —si no puedes comprar no existes—, de todo eso se habló en la última reunión, un solo camino, una sola dirección: para juzgar al mundo hay que estar en el lado de los vencedores, les mostrará, en su mejor inglés comercial, todo el proceso de fabricación, paso a paso, calibrando cada palabra, cada latido, argumentando con sencillez y seguridad (el catecismo del vendedor: la seguridad), impermeable y límpido, explayándose de una forma clarividente en las cuestiones importantes, desplegando todo su abanico de trucos con sinceridad fingida, toda su arquitectura de palabras vacías, alejado de sus propias miserias para contagiar entusiasmo por un proyecto en el que ni él ni sus superiores creen, si consigue transmitir el mensaje habrá triunfado, invertirán, y esa inversión solventará el fantasma del cierre de la empresa o su traslado al tercer mundo, el atasco se perfila importante a la entrada de la autovía, cientos de coches avanzan de forma sumisa en dos carriles, avanzan y luego se detienen, con el bombeo inconstante de un corazón enfermo, las ocho y treinta de la mañana y su intranquilidad se traduce en ardor de estómago y anquilosamiento de los músculos, el saxo de Charlie Parker amortigua la quietud de los coches desde la radio, “resignación” es la palabra que todo el mundo lleva escrita en mitad de la frente, mira a una mujer de labios almibarados y porte altivo y se imagina su vida con ella, es joven, delgada como una promesa, pañuelo multicolor anudado al cuello y rayos uva, unos veinte años a lo sumo, se muerde las uñas de la mano derecha con la mirada lejana, inalcanzable, y un mohín de niña disgustada en el rostro, el abrazo de tela del vestido ceñido reafirma unos pechos voluptuosos, por un momento, por una décima de segundo está desnuda a su lado —hoyuelos de felicidad, pelo púbico enmarañado y piel tersa y brillante— musitando obscenidades en su oído sobre la cama de una habitación de hotel, siente el perfume de su sexo… , no, basta de fantasías, debe dormir la lujuria y centrase en el mensaje, el día le exige una castidad de ideas, una pureza mental impecable, la sociedad está construida únicamente para los ganadores, su futuro es algo serio, lo es todo, el móvil le saca de su estancamiento, reconoce el número del jefe de inmediato y contesta con una voz aturdida, algo impostada, “buenos días… , sí, claro, de camino… , un atasco a la altura del hipermercado… ya han llegado, sí, me hago cargo… hasta luego”, enajenado, golpea el volante con una violencia inusual, desproporcionada, y respira hondo, intentando dominar su calvario particular, la impotencia del momento le está destrozando los nervios, daría su brazo derecho por fumar un cigarrillo, profundas caladas de humo gris y tranquilidad acunando su ánimo, el parche de nicotina le recuerda con brusquedad su compromiso: ha dejado de fumar, de pronto se atisba algo de movimiento, avanza renqueante, de forma irregular, adelanta a la mujer y la olvida, las luces de la policía le descubren la causa del atasco: la vida de un ciclista se derrama en el asfalto, ineludiblemente posa su mirada en la figura caída y en el amasijo de hierros que fue su bicicleta, un hombre angustiado llora en silencio por la vida que acaba de seccionar, “en realidad no tiene la culpa —piensa—, nadie tiene la culpa: era su destino”, la bola de fuego del astro rey se refleja con una claridad terrorífica en el charco de sangre, incrementa la velocidad, conduce ajeno al agreste paisaje de chabolas con antena parabólica, toxicómanos durmiendo en tiendas de campaña y basura, la anarquía de solares vallados y naves en construcción le anuncian la proximidad del polígono industrial, en la radio dos contertulios divagan sobre el mapa del genoma humano y el mal de las vacas locas, sus palabras son ejercicios de estilo —sin una pizca de inteligencia ni de intuición— para su propio lucimiento, los imagina orgullosos y arrogantes, hinchados como pavos, con los antebrazos apoyados en una mesa circular, bebiendo agua mineral a sorbitos y apagando sus cigarrillos mentolados en las paredes de un cenicero, el smog y la periferia de la gran ciudad le inyectan un aire flemático y cautivador: va a hechizar a esos malditos japoneses, atraviesa el polígono color mostaza y llega a la fábrica, le da los buenos días al guardia de seguridad —rostro enjuto y piel ambarina en un cuerpo de músculos cultivados cinco horas al día en un gimnasio y esteroides— que, desde la garita, le devuelve el saludo, le hace firmar y levanta la barrera bicolor, coloca el coche en su plaza de mando intermedio (plaza número 536), en el inmenso puzzle alquitranado que es el aparcamiento, sale del mismo y una voz le increpa “que se dé prisa, que comienzan a ponerse nerviosos”, es una voz sin candidez ni clemencia: la voz de un tratante de miedo: su jefe, le da una palmada en la espalda —altruismo intencionado— y le desea buena suerte con un brillo gélido en las pupilas, los japoneses —figuras arcaicas de rostro árido e inexpugnable, regios trajes de paño y corbatas impregnadas en naftalina y oscuridad— inclinan la cabeza a su llegada y le dan la mano firmemente, impacientes como novios en el día de su boda, después, en la sala de juntas, esquemas y transparencias, humo de puros y café aguado, charla de presentación y teatro de supervivencia, teatro de muy alto nivel, la verdad, seriedad y un chiste oportuno, de efecto liberador, visita rutinaria a pie de fábrica siguiendo una ruta prefijada, con un casco amarillo, unos tapones de caucho para amortiguar el ruido y una bata de cirujano, la atención para las máquinas y la invisibilidad para los empleados, explicaciones y más explicaciones, cifras infladas —unidades por hora, número de contenedores por día, crecimiento teórico gracias a la nueva planta, apertura de mercados—, datos y más datos, y al final, de vuelta al punto de partida: la sala de juntas, dos horas más tarde —seis desde que llegó a la fábrica—, física y psicológicamente extenuado, los japoneses toman una decisión, una decisión positiva, explosiones de júbilo, clímax conmovedor, euforia colectiva reflejada en los rostros, en el espejo del alma, todo el mundo satisfecho, encantados de ratificar el acuerdo con un gran apretón de manos, una firma por sextuplicado y una gran copa de champán, pero, extrañamente, la mañana no es completa, algo no encaja en esa felicidad, ¿qué?

Un pensamiento repentino estalla en su cabeza inundándolo todo: una imagen aérea del inmenso aparcamiento —cientos de filas de coches alineados en un orden estricto, coches de directivo y coches de trabajador, coches imponentes y coches desguazados, coches con el color de la selva y coches con el color del desierto, capotas pulidas refulgiendo bajo un sol amenazador— y un niño, prácticamente un bebé, (que alguien olvidó llevar a la guardería) atado fuertemente a una silla por diversos cierres de seguridad en el interior de un mercedes negro de última generación en plena ola de calor.


            ( Ósar Sipán Sanz, Pólvora mojada, XVII Premio de Narrativa "Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal", Diputación Provincial de Zaragoza, 2003, pp. 19-24 )

Óscar Sipán [amigoslibro.blogspot.co]
Óscar Sipán Sanz (Huesca, 1974) es un escritor aragonés ganador de numerosos premios de relato y novela, y coeditor, junto a Mario de los Santos, de Tropo Editores. Ha sido destacado como uno de los mejores jóvenes narradores españoles por la editorial Granta, de Reino Unido. Ha publicado Rompiendo corazones con los dientes (Premio de Novela Odaluna 1998), Pólvora mojada (2003), Leyendario. Monstruos de agua (2004), Escupir sobre París (2005), Tornaviajes (Premio Búho 2006), Guía de hoteles inventados (IX Premio de Libro Ilustrado 2007), Leyendario. Criaturas de agua (Premio al libro mejor editado en Aragón 2007), Avisos de derrota (2008, que ha inspirado el cortometraje Il mondo mio), Almanaque de los días felices (2009), Concesiones al demonio (2011), Cuando estás en el baile, bailas (Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2012), Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas (2013, finalista en 2014 del Primer Premio Iberoamericano de Cuento "Gabriel García Márquez", convocado por el gobierno de Colombia) y La novia francesa de Ho Chi Minh (2017).

domingo, 7 de octubre de 2018

Dos poemas de Fermín Herrero

Flor de saúco


Al aroma finísimo, un punto 
empalagoso, de la flor 
del saúco, la brisa de la tarde
orea el huertecillo. El agua viva
de la acequia regala su murmullo,
cuanto más simple, más hondura, como
querría uno transcurrir, casi
en silencio, con mucho cuidado.
Desde crío me ha tirado 
la tierra, removerla, sembrar,
vivir el crecimiento, la recogida.
Regresar, regresar a ella, oírla.

          De Sin ir más lejos, Hiperión, 2016


                  VER, OÍR, CALLAR


Cada instante es un don, cualquier palabra, cada
afecto, cada árbol, cada pájaro que oigo
o veo. Al empezar octubre es cuando más
lo siento, sin alivio posible estoy en cada
hoja, en cada latido, en cada desvelo que el tiempo
ha de archivar. Me dan cobijo. Estoy vivo, luego
estoy acompañado, su destino es mi voz
y es mi consuelo. Abandonados a su suerte
son la mía, pues lo que tiene raíz procura
fruto; lo que cariño, entrega. Y el que recibe, goza.

           De Endechas del consuelo, Junta de Castilla y León, 2006 


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Imagen: Fotolia

jueves, 4 de octubre de 2018

Grupos de lectura: curso 2018-2019

Presentamos el plan de los grupos de lectura del IES Goya para el curso 2018/ 19. Los grupos de lectura están abiertos a la participación de alumnos, madres y padres, profesores y personal de servicios.


Grupo I - “Leer juntos Hoy
 
5 de noviembre: Al faro, de Virginia Woolf. Alianza / Lumen
Movida por la inquietud de explorar el análisis de la conciencia en busca de una realidad más auténtica y esencial, Virginia Woolf (1882-1941) encontró en la amalgama de sentimientos, pensamientos y emociones que es la subjetividad el material idóneo para alumbrar una de las obras que sin duda más han contribuido a forjar la sensibilidad contemporánea. Basada en los recuerdos infantiles de los veranos que la autora pasó en la costa de Cornualles y centrada en la figura de una mujer, la señora Ramsay, Al faro (1927) gira en torno al tema de la inexorabilidad del paso del tiempo y a la contraposición entre el orden y el caos.


1      10 de diciembre: El orden del día, de Éric Vuillard. Tusquets.
En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta donaron ingentes cantidades a Hitler para conseguir la estabilidad que él prometía. Desde ese año, Hitler ideó una estrategia de cara a la comunidad internacional para anexionarse Austria «pacíficamente». Para ello, mientras se ganaba la aquiescencia o el silencio de primeros ministros europeos, mantuvo una guerra psicológica con Schuschnigg, el canciller austriaco, hasta que la invasión fue un hecho. Esta novela desvela los mercadeos y vulgares intereses comunes, las falsedades y posverdades, que hicieron posible el ascenso del nazismo y su dominio en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial, con las consecuencias de todos conocidas. Premio Goncourt 2017.

14 de enero: Vestidas para un baile en la nieve, de Mónica Zgustova. Galaxia Gutenberg.
Desde que Aleksandr Solzhenitsyn sorprendió al mundo con su libro Archipiélago Gulag, se han publicado diversos testimonios y estudios que han ido completando el retrato de lo que fue el mayor sistema de campos de trabajo forzado de la historia de la humanidad. Pero han sido sorprendentemente pocos los textos que han tratado la historia de las mujeres en el gulag. Como si ellas hubieran tenido un papel residual en los campos y en la brutal represión del régimen estalinista en general. Fue todo lo contrario. Monika Zgustova, una de las especialistas en literatura e historia rusas más importantes de nuestro país, ha buscado durante los últimos nueve años a las pocas mujeres que siguen con vida de entre las que sobrevivieron al gulag para escuchar y transmitir su testimonio antes de que se perdiera para siempre. Las ha visitado en sus hogares en Moscú, Londres y París, y el resultado, contra lo que pudiera parecer, es un canto a la vida, a la literatura, a la amistad, a todas las personas y a todo aquello que les permitió sobrevivir. Premio Cálamo 'Libro del año 2017'.


11 de febrero: El tiempo regalado. Un ensayo sobre la espera, de Andrea Köler. Libros del Asteroide.
La vida está tejida por un hilo continuo de acontecimientos y esperas. «Esperar es una lata» -reza la primera frase del libro-, pero esperar es inevitable; es algo que hacemos constantemente: esperamos a que cese el dolor, a que nos respondan, a que se cumpla una promesa o a que estalle la risa después de un chiste; aguardamos en la consulta del médico, en la cola del supermercado o en la estación de ferrocarril. Los ineludibles momentos de espera nos permiten valorar nuestro pasado pero también configurar el futuro. No hay crecimiento ni auténtico desarrollo sin espera, la recompensa exige siempre cierto retraso, la gratificación inmediata termina por dejarnos insatisfechos. En este ensayo literario, Andrea Köhler recorre pasajes clave de distintas obras del pensamiento y la literatura occidentales para hacernos ver que la espera es, seguramente, la más fundamental de las vivencias humanas.

18 de marzo: La vegetariana, de Han Kang. Rata.
Novela surcoreana escrita por Han Kang y publicada por primera vez en 2007, La vegetariana relata la historia de una mujer corriente, Yeong-hye, que, por la simple decisión de no volver a comer carne, convierte una vida normal en una perturbadora pesadilla. Narrada a tres voces, La vegetariana cuenta el desprendimiento progresivo de la condición humana de una mujer que ha decidido dejar de ser aquello que le obligan a ser. El lector, como un pariente más, asiste atónito a ese acto subversivo que fracturará la vida familiar de la protagonista y transformará todas sus relaciones cotidianas en un vórtice de violencia, vegüenza y deseo. Premio Man Booker International 2016.




6 de mayo: Ordesa, de Manuel Vilas. Alfaguara.
Realidad y ficción se mezclan en esta novela escrita con una voz valiente y transgresora que nos cuenta una historia verídica, difícil, en la que todos podemos reconocernos. Desde el desgarro a veces, y siempre desde la emoción, Vilas nos habla de todo aquello que nos hace seres vulnerables, de la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando no parece posible, cuando casi todo lo que nos unía a los demás ha desaparecido o lo hemos roto. Es entonces cuando el amor y cierto distanciamiento –también el que nos permite la ironía– puede salvarnos. Premio al Libro Altoaragonés 2018.



10 de junio: Recursos inhumanos, de Pierre Lemaitre. Alfaguara.
El antaño flamante director de recursos humanos Alain Delambre ha perdido toda esperanza de encontrar trabajo y se siente cada vez más marginado. Cuando una empresa de reclutamiento decide al fin considerar su candidatura, está dispuesto a todo con tal de conseguir el empleo y recuperar su dignidad, desde mentir a su esposa hasta pedirle dinero prestado a su hija para poder participar en la prueba final del proceso de selección: un simulacro de toma de rehenes. Alain no escatima medios para preparar a fondo su candidatura. Con humor, crudeza y un realismo brutal, Lemaitre explora el lado más inmoral del mundo empresarial y los efectos perversos que el desempleo puede llegar a tener en cualquiera de nosotros. Premio Novela Negra Europea y Premio SNCF de Novela Negra 2017.


Grupo II - “Leer juntos a los clásicos
24 de octubre: Hipólito, de Eurípides.
Hipólito (428 a.C.) acompaña a Medea en la cima de la creación de Eurípides. Muestra la terrible pasión de una mujer enamorada y la firmeza casi enfermiza de un muchacho perfecto. Fedra desea a su hijastro Hipólito, casto y adepto a la diosa Artemisa, quien la rechaza. En una carta dirigida a Teseo, su esposo, Fedra acusa a Hipólito de haberla seducido, acusación que tendrá graves consecuencias.





21 de noviembre: El caballero de la carreta, de Chrétien de Troyes. 
El caballero de la carreta es una de las primeras novelas europeas. Su autor, Chrétien de Troyes (1135-1190), cuya destreza narrativa lo convierte en precursor de la novela moderna, recoge el esquema mítico de una antigua saga para remodelarlo a la moda cortesana. Este esquema novelesco tendrá una enorme resonancia, pues constituirá un éxito en la novela de caballerías. Pero la influencia de El caballero de la carreta no parece depender tanto de la perfección técnica del relato como del encanto que emana de la temática misma, del mito arcaico del amante que va al más allá a rescatar a la amada de ese «país de donde nadie retorna», así como de la ardua progresión de Lanzarote, extático y melancólico, hacia la dama de su amor imposible, la reina Ginebra.


19 de diciembre: Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley.
En el verano de 1816, Lord Byron invita al poeta Percy Bysshe Shelley y a su joven esposa, Mary, a su casa de Suiza. Los días son lluviosos y el anfitrión propone que cada uno escriba un relato de fantasmas. Así surgirá Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818 y considerada la primera novela del género de ciencia ficción. Atrapado en los hielos del Ártico, Victor Frankenstein es rescatado por el capitán Walton. Dedicará sus últimos días a narrarle la trágica historia de sus experimentos en búsqueda del poder de dotar de vida a la materia inerte y cómo el ser que creó se rebelaría contra él.




23 de enero: Antología poética de Emily Dickinson.  
Enigmática y retraída, pero rebelde y tenaz, alejada de todos y también de la tradición poética a la que le abocaba su tiempo, Emily Dickinson fue creando a lo largo de su vida una obra intimista y original, cristalina a la par que de profundidades insospechadas, en la que explora la mente y el alma humanas al tiempo que se interroga acerca de los sentimientos y la naturaleza, la vida y la inmortalidad.  







20 de febrero: La señora Dalloway, de Virginia Woolf
La señora Dalloway (1925), la primera de las novelas con que Virginia Woolf revolucionó la narrativa de su tiempo, relata un día en la vida londinense de Clarissa, una dama de alta alcurnia casada con un diputado conservador y madre de una adolescente. La historia comienza una soleada mañana de 1923 y termina esa misma noche, cuando empiezan a retirarse los invitados de una fiesta que se celebra en la mansión de los Dalloway. Aunque en el curso del día acaece un hecho trágico, lo esencial de la obra estriba en que los sucesos están narrados desde la mente de los personajes, con un lenguaje capaz de dibujar los meandros y ritmos escurridizos de la conciencia y de expresar la condición de la mujer de un modo a la vez íntimo y objetivo.



27 de marzo: Cine en el instituto: Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988)
Dos poetas ingleses, Mary Shelley y Lord Byron, se ven obligados a huir de Inglaterra. Durante el viaje, Mary recuerda cómo conoció en casa de su padre adoptivo al joven y apasionado poeta Shelley, cómo lo amó y cómo se fugó con él. También evoca una cita con Byron en Suiza. Pero, sobre todo, rememora una noche de noviembre de 1816 durante la cual, mientras sus amigos contaban historias de terror, ella daba a luz al legendario monstruo de Frankenstein (Filmaffinity).




24 de abril: El epicureísmo, de Emilio Lledó. Taurus.
Premio Nacional de las Letras 2014, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015, Lledó publica, en 1984, El epicureísmo, un libro breve pero que marcaría ya las principales obsesiones del pensador: la pregunta por la felicidad, la necesaria iluminación del conocimiento, la importancia de la amistad, el motor ético, y el cuerpo como epicentro. Frente a la mística de las palabras vacías, de los consuelos imposibles y de los premios o castigos de otro mundo, Epicuro levantó la firme muralla de un mensaje revolucionario. Con ello alumbró, de una luz distinta, la democratización del cuerpo humano, el apego a la vida y a la desamparada carne de los hombres, entre cuyos sutiles y misteriosos vericuetos alentaba la alegría y la tristeza, la serenidad y el dolor, la generosidad y la crueldad. Y, sobre todo, imaginó una educación y política del amor, única forma posible y esperanzada de seguir viviendo.
29 de mayo: El Llano en llamas, de Juan Rulfo 
Clásico de la literatura mexicana e hispanoamericana. Obra aparentemente sencilla resulta, sin embargo, profundamente desconcertante. En su unidad formal descansa una gran diversidad de lenguajes, registros y tonos con los que Rulfo aborda la problemática de una violencia multiforme hasta tal punto naturalizada que ha dejado de reconocerse como tal. Sin embargo, el autor no la "refleja" ni la "denuncia", ni tampoco la pone en escena: la persigue hasta sus repliegues más recónditos, compenetrándose con el sentir de quienes la ejercen o la padecen, sin alcanzar a reconocerla las más de las veces.