EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 28 de junio de 2015

"Junio", de Pablo García Baena




                                       Junio


Oh, sé que he de buscarte
cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes la tierra,
cuando las mozas pasen mordiendo los racimos
como si fueran labios,
cuando las piernas rudas de los hombres
se tiñan con la sangre púrpura de las vides
y quede una canción flotando en el azul helor de la tarde madura.
Oh, sé que he de buscarte.
Cuando caiga en el río el beso desmayado de la última adelfa 

buscaré tus pisadas sobre la arena tibia
donde tu cuerpo expiraba bajo el mío
como un talle verde en el suspenso mediodía.
Oh, sé que he de buscarte,
cuando el dormido cisne del otoño aletee en su nido;
pero Junio es ahora un pastor silencioso
que coronan los oros sagrados de la trilla,
y yo bebo en tu cuerpo la música desnuda
que languidece en los violines lentos de la siesta.
Oh, yo sé que he de buscarte
cuando la campiña despierte del letargo amarillo de los élitros;
pero ahora es tu cuerpo sólo, tu cuerpo junto al mío,
mientras Junio incendia la felicidad de los montes más lejanos
y el río besa tímidamente nuestros pies
como si Narciso nos contemplara con sus diluidos ojos 
verdes de agua.


                                De Junio, 1957

Pablo García Baena, en su casa natal de Córdoba./Francisco González

El poeta español Pablo García Baena nació en Córdoba el 29 de junio de 1921, según ha declarado él mismo,  y no en 1923, como indican   algunas de sus biografías. Estudió Dibujo e Historia del arte. En la década de los 40 conoce al poeta Juan Bernier, quien orienta sus lecturas y le descubre a Proust, Juan Ramón Jiménez y Cernuda. En 1942 estrena la escenificación de cuatro poemas de san Juan de la Cruz y comienza su colaboración en el diario local con poemas y dibujos que firma, en ocasiones, con una 'E' mayúscula. Posteriormente, publica sus colaboraciones, firmadas con su nombre o con el seudónimo de "Luis de Cárdenas", en 'El Español' y en 'La Estafeta Literaria'. En 1947, tras concurrir sin éxito al premio Adonais, funda junto con Juan Bernier y Ricardo Molina la revista poética 'Cántico', que se publicó hasta 1957 y aglutinó a un grupo de poetas que reivindicó una mayor exigencia estética, enlazando con la generación del 27, y renovó la poesía española de la época. Entre 1958 y 1971 se produce un paréntesis en su producción poética. En 1964, junto a algunos amigos, emprende un largo viaje para visitar la Costa Azul francesa, la Riviera italiana, Milán, Florencia, Venecia, Roma,  Nápoles, Capri, Atenas, el santuario de Delfos, el monte Athos, El Cairo y Alejandría. A su vuelta en 1965, fija su residencia en  la malagueña Costa del Sol, primero en Torremolinos y más tarde en Benalmádena, donde trabaja como anticuario, hasta 2004, en que regresa a Córdoba. Actualmente es director del Centro Andaluz de las Letras y miembro de su Comisión Asesora.
Pablo García Baena, maestro en el dominio del verso y del idioma, es autor de una poesía barroca, brillante y hedonista que, casi olvidada en una posguerra española dominada por la poesía social, fue rescatada por los Novísimos y sirvió de puente entre estos poetas y la generación del 27. Publica los poemarios Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (1950), Antiguo muchacho (1950, 1992),  Junio (1957) y Antología poética (1959), a los que siguen años de silencio, roto tras la aparición del libro de Guillermo Carnero El grupo "Cantico" de Córdoba: un episodio clave en la poesía española de posguerra (1976), que representa una primera reivindicación de esta poesía olvidada. En 1978 aparece Antes que el tiempo acabe, al que seguirán Tres voces de verano (1980), Fieles guirnaldas fugitivas (1990, 2001)  y Los Campos Elíseos (2006), entre otros; además de cuatro ediciones de sus obras completas: tres  a cargo de Luis Antonio de Villena (1982, 1998 y 2008), y otra preparada por Fernando Ortiz (2000). Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984, su obra ha sido reconocida también con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2008 y con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca.

Para saber más:




viernes, 26 de junio de 2015

Entrevista con Carmen Romeo

La profesora Carmen Romeo Pemán, que fue catedrática de Lengua y Literatura del IES Goya hasta su jubilación, fue entrevistada el pasado día 17 de junio en el programa 'Aragoneses' de ZTV. 
En la seguridad de que la entrevista será de interés para numerosos exalumnos, colegas y miembros de nuestro club de lectura que no tuvieron ocasión de seguirla en el momento de la emisión,  insertamos la grabación de la misma.

domingo, 21 de junio de 2015

Romance del amor más poderoso que la muerte (Romance del Conde Niño)





       ROMANCE
del amor más poderoso que la muerte

    Conde Niño, por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega,
la nave vuelve hacia allá.
    La reina estaba labrando[1],
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar[2],
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño,
que por mi quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
es su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya[3] su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandaré a matar.
-Si le manda  matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
     El murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
dél nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan,
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban,
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó  cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
dél un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo.
juntos vuelan par a par.





[1] labrando, cosiendo o bordando.
[2] folgar, holgar, descansar.
[3] malhaya,  que sea maldito.
Una versión de  este romance, muy mal conservada, aparece ya en un cancionero de finales del siglo XV. Su difusión oral debió de ser muy amplia pues existen numerosas variantes, tanto en castellano como en catalán y gallego. La que ofrecemos aquí se encuentra en Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal, quien tuvo  en cuenta las numerosas versiones modernas encontradas   en la Península, en América, Marruecos y Oriente. La mayor parte de estas versiones están contaminadas con la del Infante Arnaldos (motivos de la mañana de san Juan,  la orilla del mar y el canto órfico).  De autor anónimo, forma parte de la colección de romances denominada Romancero viejo, y pertenece al grupo de romances novelescos, que desarrollan temas y asuntos variados, si bien predominan los de asunto amoroso, como ocurre en el romance que nos ocupa.

En él, la mañana de san Juan la reina escucha la hermosa canción del Conde Niño (en otras versiones, el conde Olinos) y, al saber que el objeto del amor expresado en  la canción es la hija de la reina (la infanta), lo manda matar por no considerarlo digno de ella, a pesar de los ruegos de la infanta. Al conocer la muerte de su amado, esta muere de dolor. Ambos reciben sepultura en la misma iglesia pero en distintos lugares, acordes con la diferencia social que los separaba en vida. Sin embargo, la muerte no pone fin a su amor, pues los amantes vuelven a unirse  por medio del rosal y el espino nacidos de sus respectivas tumbas. La reina, furiosa, los manda cortar, pero las aves que surgen de los arbustos cortados  vuelan juntas por el cielo, lejos ya del alcance de la reina. 

Esta dramática historia de amor, celos y venganza, en la que la fuerza del amor vence al odio y a la muerte, comienza en la mañana del día de san Juan (el 24 de junio), momento mágico próximo al solsticio de verano en el que culmina la "estación del amor", iniciada en el mes de mayo.  Menéndez Pidal señala que el motivo de las maravillosas transformaciones de los dos amantes perseguidos  se halla en las literaturas orientales y en las europeas, por lo que está considerada como una leyenda universal. Otro tanto ocurre con el vínculo entre el amor y la muerte, presente en la literatura desde la antigüedad.

Escucha el romance, interpretado por Paco Ibáñez:


También puedes escuchar otra versión distinta, en las voces de María Elena Walsh y Leda Valladares:

En este enlace encontrarás un comentario de texto   de una versión algo diferente:

Entrada relacionada:

jueves, 18 de junio de 2015

Leer juntos Hoy: 'El mundo de ayer', de Stefan Zweig



Grupo de lectura I "Leer juntos Hoy" del IES Goya
Sesión del 18 de mayo de 2015
Obra comentada: ‘El mundo de ayer: Memorias de un europeo’ (publicada póstumamente en Estocolmo por la editorial Bermann-Fischer Verlag AB). Traducida por la editorial El acantilado, 2002.
Autor: Stefan Zweig (Viena, 1881-Petrópolis, Brasil, 1942)

Stefan Zweig fue uno de los escritores europeos de mayor éxito en la época de entre guerras y uno de los grandes intelectuales del s. XX. En su obra literaria, amplia y variada: biografías, novelas, dramas, ensayos, estudios literarios, libretos para óperas…, analiza temas históricos o culturales más desde la perspectiva de un especialista que de un literato, quizá por ello sus biografías o escritos sobre el s. XX son más leídos en el ámbito de la historia que en el de literatura.

El mundo de ayer, una obra póstuma de Stefan Zweig, es un análisis de la primera mitad del s. XX desde su experiencia austriaca, un libro en cierto modo autobiográfico, aunque los datos sobre su vida prácticamente no existen, sí está su pensamiento.

El libro sigue un relato cronológico y siguiendo el tiempo podemos dividir la obra en tres partes: antes de la I Guerra Mundial, la I Guera Mundial y sus consecuencias (los dulces años 20), la amenaza del nazismo.

Desde mi punto de vista, en la primera parte narra su infancia y juventud, una Viena que él vive desde el dulce nido de la alta sociedad judía de la ciudad. Es el apartado más subjetivo y también el menos analítico. Por un lado, critica duramente una escuela carente de valor intelectual y pedagógico y una sociedad de muy dudosa moral, autoritaria y represora pero hipócrita y transgresora; por otro lado, le permite vivir sin limitaciones su pasión por la literatura, ajeno a toda cuestión social y avatares políticos de la época, que desconoce o los ignora por completo. Podríamos decir que su mundo se reduce al ámbito intelectual literario. Y una luz: los jóvenes, que representan el cambio, la transformación. Ha terminado una era, comienza un nuevo siglo. 


La I Guerra Mundial cambia totalmente su entorno. Su benevolente visión social se transforma y Zweig inicia su compromiso con la paz y la unidad de Europa. Un encuentro con Bertha von Suttner le alerta ante la guerra, luego lo reconoce y la sigue en su camino hacia la paz. Descubre el papel perverso del nacionalismo y lo combate, su idea es Europa, una Europa que casi toca con las manos en los años amables de entreguerras pero que enseguida se escapará de sus manos.

No se deja engañar, como al principio, por los preparativos del fascismo. El peligro (y el peligro personal) es evidente. Huye (no hay otra opción), reacciona y lo combate. Pero lo teme y se escabulle: “Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra”. ¿Lo derrota?


La sesión sobre la lectura fue intensa. Unanimidad en la valoración del libro. Excelente. Toda la obra podría convertirse en una cita continua, sobre la vida, sobre la cultura, la sociedad, la política, los personajes políticos, los intelectuales (desfilan todos los de la época), sus viajes y conocimiento de otros lugares… y una curiosidad, sus aficiones como coleccionista de ediciones, partituras, objetos… originales.

El verano es un buen momento para leer: Sweig nos ofrece las excelentes biografías de María Antonieta o María Estuardo…, o la Novela de ajedrez, por ejemplo.

Concha Gaudó Gaudó


 Inocencia Torres no pudo asistir a nuestra sesión de lectura, pero yo le pedí unas líneas con su comentario. Me parecen tan sugerentes que las incluyo íntegras:
Este libro nos narra las memorias del autor, “memorias de un europeo”, una autobiografía hasta el año 1940. Dado que son unas memorias personales, voy a permitirme la osada licencia de comentar su lectura desde la memoria personal que ha despertado en mí como entregada lectora de este libro extraordinario.

Su lectura me ha hecho recuperar mi emoción por las interpretaciones de la Historia Universal. De niña aborrecía el estudio de la Historia. En la Universidad dos grandes profesores me ayudaron a comprender el valor que tenía el reflexionar sobre el sentido de la historia. El libro de Stefan Zweig me ha llevado de nuevo a sentir una vibrante emoción al profundizar en la historia europea de la primera mitad del siglo XX. Se podría decir que es la historia que preparó y recibió mi entrada en el mundo. Nací en mayo de 1944, año en el que palpitaba la dura experiencia vivida por los europeos tras dos crueles guerras mundiales, que dejaron el mundo sembrado de millones de muertos, además del añadido dolor de nuestra particular guerra española. No fue un buen momento, quizás esa fue la causa de que no me gustara la historia.

Leer este maravilloso libro me ha ayudado a revisitar y reflexionar sobre el mundo de mi infancia. Mundo bastante desconocido teóricamente. En el colegio solo nos transmitían nombres, fechas y hechos desencarnados de las personas que los vivieron. Pero los adultos que nos criaron y educaron, esos sí que llevaban en sus almas el dolor, el pesimismo, la desconfianza y cierta falta de fe en la humanidad. De alguna manera esos sentimientos nos llegaron y fueron elementos desde los que se desarrollaron nuestras personalidades y, sobre todo, nuestro talante ético.

Me ha interesado mucho la visión que nos transmite de los judíos vieneses, más interesados por la cultura que por el dinero y que diverge totalmente de la tópica que siempre ha acompañado y acompaña a los judíos.

Su descripción de la autoritaria sociedad patriarcal de finales del siglo XIX es magnífica y reveladora. Nada de lo que cuenta de esa educación, tanto en la escuela como en la sociedad, me resulta extraño, es lo que viví. Sin embargo, el mundo que describe de principios del XX hasta el 1940 (año en el que escribe este libro) es ya de una gran apertura y optimismo, que me parece que en España no se dio hasta los años 60, 70, 80. Puede ser que el nacionalcatolicismo franquista retrasara en nuestro país la apertura europea de principios del siglo XX.

Me ha hecho reflexionar mucho la referencia que hace al hecho de que el optimismo y la confianza en sí mismos no les dejara ver la llegada de ninguna de las dos grandes Guerras Mundiales. Era sobre todo el aprecio, el disfrute y la valoración de su desarrollo cultural, sobre todo la Música y la Literatura, lo que de alguna manera les llevó a que se olvidaran de observar, ocuparse y participar en la vida política. Su sorpresa fue tremenda. No vieron venir la guerra, excepto algunas pocas personas y los políticos del momento que ocultaron los pactos y la situación. Reveladoras son las alusiones que hace al manejo silencioso de los personajes y partidos que tejieron los hilos y prepararon secretamente los acontecimientos que desataron la Segunda Guerra Mundial, ocultos a la mirada de los confiados ciudadanos. Estas circunstancias despiertan la atención y las demandas imperantes a los políticos de la necesidad de claridad y transparencia en sus relaciones y pactos para que no acaben dando al traste con las Democracias y los Derechos Humanos.

Gran libro, creo que tiene un lugar en las estanterías junto a los libros de los grandes clásicos. Su lectura sigue siendo actual.

Inocencia Torres Martínez



Inocencia Torres recomienda el artículo sobre  el libro de Stefan Zweig publicado por  Rafael Argullol en el diario El País:

domingo, 14 de junio de 2015

Dos poemas de Aníbal Núñez





La belleza no está, es decir, no sólo
está en las alas de la mariposa
(carta de la ilusión inalcanzable);
habita, sobre todo,
en la delicadeza de los dedos
que cuidadosamente la dan suelta
sin que mota celeste de polvillo
quede en las yemas huérfana de vuelo

Alas de gasa, dedos que superan
su liviandad... Aún cabe más belleza:
manos que no pretenden que un anillo
se pose sobre ellas, y capaces
de no querer ser nada más que manos.

                                De Definición de savia


           J'AI DE MES ANCÊTRES

Tengo de mis ancestros los vacceos*
las ganas diluidas de un caballo sin nombre
-nada de compromisos- y horizontes abiertos
para tender galopes
                                        Como ellos
conozco los lugares donde se ve el ocaso
mejor. Como yo, ellos,
sucumbo ante la ley y la costumbre
venidas de metrópolis lejanas
y soy lo suficientemente débil
para no refugiarme en la intemperie

aunque sé -y ellos no-
escribir y leer. A buenas horas...
                 
                            De Taller del hechicero


Ambos poemas se han tomado de La luz en las palabras.
Antología poética. Edición de Vicente Vives Pérez. 
Cátedra, Letras Hispánicas, 2009
                                           
* Nota del editor

Esta identificación del poeta con los ancestros vacceos, pueblo celtíbero rebelde a Roma, implica una irónica identidad con lo salvaje y tribal, con lo no-domesticado por la civitas romana: es éste otro modo de afirmar su indómita personalidad. Situada al Oeste peninsular, la región Vaccea ocupaba un territorio muy extenso que abarcaba la casi totalidad de la actual Castilla-León, a excepción de Soria. Este pueblo nativo desarrollaba una actividad agrícola cerealista en sus campiñas y vegas, aunque sus núcleos de población estaban próximos a cerros y atalayas, lo que permitía vigilar el territorio y comunicarse con fortalezas semejantes mediante fogatas.




Aníbal Núñez San Francisco, poeta, pintor, grabador, escultor y traductor español, nació el 1 de noviembre de 1944 en Salamanca. Falleció prematuramente el 13 de marzo de 1987, antes de cumplir los 43 años, sin que su obra poética -"la más compleja e inquietante que cabe encontrar en el panorama de las letras españolas del siglo XX", en opinión de Fernando R. de la Flor- gozara del merecido reconocimiento. Pertenece por edad a la generación de los 70 (llamada también del 68), con cuyos miembros comparte, como indica Vicente Vives Pérez, "los presupuestos generacionales de una poética posmoderna que reprueba la dependencia de la poesía de los estereotipos creados en el lenguaje común, apuntando a su sagaz deconstrucción".

Hijo del reconocido fotógrafo, impresor y librero José Núñez Larraz y de Ángela San Francisco, el ambiente cultural familiar resultó decisivo para su temprana iniciación en las artes plásticas y en el cultivo de la poesía. Compaginó los estudios  en la universidad de su ciudad natal, por la que se licenció en Filología Moderna (Sección Francés), con los de Dibujo en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, a cuyo Taller de Grabado permaneció vinculado hasta el final de su vida. Sus conocimientos de arte y su dedicación a la pintura dejarán una profunda huella en su poesía. 

Tras acabar sus estudios,  desde 1969 ejerció de profesor de bachillerato en varios institutos de enseñanza media hasta que en 1972 fue apartado por motivos ideológicos.  A partir de entonces y salvo un breve paréntesis en que regresa a la enseñanza, vivirá totalmente dedicado al arte: escribe poesía y crítica literaria, pinta, realiza ilustraciones para revistas y portadas de libros, además de traducir a clásicos latinos (Catulo y Propercio) y simbolistas franceses (Rimbaud). 

En los años sesenta comienza a desplegar una gran actividad en diversos ámbitos culturales salmantinos (programas radiofónicos, recitales poéticos, actividades teatrales, colaboración en la revista Álamo...) y edita 29 poemas (1967), en colaboración con el canario Ángel Sánchez. A comienzos de los 70 alcanzó cierta notoriedad en el panorama literario español por la publicación de dos cartas en la revista Triunfo (en ellas  defiende la poesía social y critica la imposición mediática de una nueva estética,  la del grupo de   novísimos auspiciada por Castellet con su antología  Nueve novísimos poetas españoles), y por la aparición de Fábulas domésticas (1972) en la prestigiosa editorial Ocnos (donde publicaron casi todos los novísimos), gracias al empeño de Manuel Vázquez Montalbán. Sin embargo, a partir de entonces publicó escasamente  o lo hizo al margen de los canales comerciales, pues su apuesta estética resultaba difícil de encasillar por no acomodarse  a los caprichos del mercado y quedó oscurecida por el éxito fulgurante del esteticismo de los novísimos. 

En 1976 regresa a la enseñanza por motivos económicos, pero en 1978 renuncia voluntariamente. Por estos años debió de producirse un cambio en su rumbo vital: un alejamiento de los ambientes culturales salmantinos y un progresivo acercamiento a los  de la marginalidad, así como su adicción a las drogas, causa de la enfermedad que provocó su muerte.

Vicente Vives distingue tres tramos en la producción poética de Aníbal Núñez. El primero, que denomina "poesía crítica", abarca el periodo comprendido entre 1961 y 1974. Incluye, además de sus poemas juveniles, los siguientes libros: 29 poemas, Fábulas domésticas -ya mencionados-, Naturaleza no recuperable (1972-1974, editado en 1991), Estampas de ultramar (1974, editado en 1986), Definición de savia (1974, editado en 1991) y Casa sin terminar (1974, editado en 1991). En ellos renueva la poesía social con una crítica mordaz a la dictadura, el consumismo y la cultura de los medios de comunicación de masas.

La siguiente etapa, la de la metapoesía, incluye las obras escritas  entre 1975 y 1979: Figura en un paisaje  (1974, se publica en 1993), Taller del hechicero (1974-1975, se edita en 1979), Alzado de la ruina (1974-1981, publicado en 1983) y Cuarzo (1974-1979, publicado en 1981 y 1988). En ellos reflexiona sobre la construcción del poema, la inutilidad de la poesía y la insuficiencia del lenguaje, de la palabra, para representar la realidad.

El último tramo, el de la poesía contemplativa (1980-1987), comprende Trino en el estanque (1981, publicado como plaquette), Clave de los tres reinos (1974-1985, se publica en 1986), Primavera soluble (1978-1985, publicado en 1992) y Cristal de Lorena (1987, editado póstumamente ese mismo año como plaquette). Poesía elegíaca que expresa la emocionada melancolía de quien, como ha escrito Vives, "ha sabido ver y comprender la belleza del mundo". 

Respecto al primer poema, perteneciente a una obra de transición entre la primera y la segunda etapa, Rosamna Pradellas Velay escribe  que en él la belleza "adquiere una dimensión estrictamente material que niega su sentido simbólico. La percepción material de la belleza implica un firme rechazo de cualquier otra finalidad (ser para algo) que no sea su entrega gratuita".

En el segundo, homenajea  mediante la cita del título a su admirado Rimbaud. Este  en Une saison en Enfir (Una temporada en el Infierno) incluye el poema "Mauvais sang", en el que el yo poético atribuye todos sus vicios a la herencia de los galos. Para Pradellas Velay, el poema es "una muestra de la deserción de los grandes mitos nacionalistas", pues la admiración expresada hacia los vacceos no se debe a sus grandes hazañas sino a sus ansias de libertad y a la emoción ante el paisaje. 
   Y añade que las dos partes del poema expresan una contradicción del propio sujeto. La primera presenta una característica positiva: el ansia de libertad y la apertura de las posibilidades estéticas. Dado que el yo poético se incluye en un contexto natural, es posible "identificar la búsqueda de esta Belleza con un intento de aprehender la sencillez del mundo natural. El conocimiento de la naturaleza excluye hasta ese momento la existencia del lenguaje, el cual exige compromisos convencionales que limitan al individuo. Este prescinde de todo convencionalismo y consigue llegar a la esencia, a la belleza, y, por ello, también al conocimiento de sí mismo". No obstante, como aspecto negativo, "el sujeto también claudica ante leyes y modos de vida extraños, alejados de ese mundo de lo bello, de la misma forma que lo hacían sus antepasados. [...] Sin embargo, el sujeto sabe que posee un instrumento, el lenguaje, que debería alejarlo de los formulismos sociales, pero que no le sirve sino para alejarse de lo natural, porque está siendo pervertido una y otra vez", de ahí el final irónico de la composición que sugiere que el lenguaje ya no sirve como medio de conocimiento ni la poesía como revelación, todo está perdido porque el lenguaje se ha embrutecido y ha perdido su función primigenia.

domingo, 7 de junio de 2015

"El regreso del mundo", de Francisco Brines



                    EL REGRESO DEL MUNDO


   Abrir los ojos, después de que la noche
recluyera los astros en su amplia cueva rasa,
y ver, tras del cristal,
ya visibles los pájaros
en el fanal aún pálido del sol,
moviéndose en las ramas.
Y cantos que hacen mía la bóveda del aire.
Y sentir que aún me late en el pecho
el corazón del niño aquel,
y amar, en la mañana, la vida que pasó,
y esta maga sorpresa
de amar aún el mundo en la mañana.
Y en el nombre del mar, que está lejano
y azul, siempre tendido
desde el remoto amanecer del mundo,
persignarme la frente, luego el pecho,
los delicados hombros que ahora rozo,
y besar, con los labios del niño rescatado,
este mundo tan viejo,
que hoy no alcanzo a saber
por qué, si el amor no se ha muerto,
me quiere abandonar.

       De La última costa, Tusquets, 1995, pp. 11-12

Galardonada con el Premio Fastenrath de la Real Academia Española, La última costa es una obra melancólica en que el poeta recuerda su infancia, desde una orilla apartada, ante la inminencia de un último viaje. "En el recuerdo se encienden destellos de una fugaz felicidad pasada, del paraíso de la infancia y de la plenitud del ser en una existencia remota, cenizas, casi siempre, de una pasión ya extinguida. Cual dolorosa filigrana, envuelve sus versos la presencia implacable de la muerte, el sentimiento de una despedida que, pese a todo, quiere ser gozosa y serena , porque gozoso y sereno se nos aparece aquello que está en trance de perderse."*


Entrada relacionada:

Francisco Brines recita "La última costa", poema que cierra el libro, en el Poefesta 2013, Festival de Poesia d'Oliva:

* La información y la fotografía de Brines proceden de la página web de la editorial.